16 de julio de 2026
El viaje en un jet privado fue el punto de partida. Contratos, vínculos empresariales y beneficios cruzados reconstruyen la trama que vincula a Marcelo Grandio con el exjefe de Gabinete Manuel Adorni.

De la tele al Gobierno. Adorni y Grandio animaron ciclos de streaming y luego compartieron la llegada a Casa Rosada del exfuncionario.
Foto: NA
Corría el anochecer del 12 de febrero de 2026 en el aeropuerto de San Fernando cuando un Honda Jet HA-420 despegó para volar hacia Punta del Este con cinco pasajeros; a saber: Manuel Adorni, su pareja Bettina Angelotti, sus dos hijos y el periodista deportivo Marcelo Grandio.
Entre el entonces jefe de Gabinete y este último había una gran amistad, atravesada por ciertas circunstancias laborales, puesto que, antes de convertirse en funcionario, Adorni se ganaba unos pesos efectuando entrevistas en Grítalo, un programa de streaming conducido por Grandio.
Ese ciclo tuvo momentos sublimes; como la vez que, en vivo, Adorni se refirió al ya defenestrado Martín Insaurralde con las siguientes palabras: «Ese hombre protagoniza lo que uno presupone como un gran entramado de corrupción en la política argentina».
Ante lo que, José Luis Espert, presente allí en calidad de invitado, acotó: «Estamos ante típico caso de enriquecimiento ilícito».
Sentado entre ambos, Grandio sonreía de oreja a oreja.
Ahora, mientras el avión se aproximaba a la costa esteña, él exhibía una expresión idéntica, tal vez por disfrutar anticipadamente del feriado largo que compartiría con Adorni y su familia con motivo del Carnaval.
Desde luego, no imaginaba que ese taxi aéreo sería para ellos una bomba de tiempo. Y que su estallido, a fines de marzo, llevaría a su compinche –como ya bien se sabe– hacia el infierno terrenal.
La cuestión es que, en tren de ir en su auxilio, el bueno de Grandio ensayó una argumentación que convertiría el asunto en una comedia de enredos, luego de trascender que el alquiler de la nave había costado 3.600 dólares.
–¿Yo qué tengo que ver? ¿Yo qué hice? –fueron sus primeras palabras al ser entrevistado por La Nación+.
Luego, ya más sereno, dijo:
–A «Manu» –así es como lo llama– lo invité a mi casa porque hace dos años que no se toma vacaciones. Pagó con su plata y no con plata del Estado.
Pero, de inmediato, al percatarse de que esa suma era superior a la que Adorni podía permitirse oblar con su sueldo, dio una voltereta discursiva y, con un leve titubeo, se corrigió:
–Bueno… lo pagó él con plata del Estado. Me lo pagó a mí. Y tengo el recibo del recibo. Porque yo le pagué a la compañía.
Esas dos frases le valieron un nivel de exposición que, hasta ese instante, su trabajo en los medios no le habían brindado.
Bien vale, entonces, poner en foco a este personaje.
La danza de los favores
Cabe destacar que, a partir de 2024, Grandio –que acababa de cumplir 62 años– empezó a tener una presencia recurrente en la pantalla de la TV Pública.
Había quienes, en voz muy baja, atribuían tal circunstancia a un motivo no directamente enlazado a su excelencia profesional.
Al respecto, hay una hipótesis que apunta hacia dos empresarios que realizaron pingües aportes económicos a La Libertad Avanza (LLA) en vísperas a las elecciones generales de 2023 y a las legislativas de 2025 (en la cual Adorni fue candidato). Se trata de los hermanos Daniel y Esteban Nofal, hijos (y herederos) del ya fallecido fundador de Torneos y Competencias, Luis Nofal, quien fuera socio de Carlos Ávila en ese emprendimiento.
Pues bien, su hija menor, la arquitecta Mónica Nofal, es nada menos que la pareja de Grandio, por lo que los mencionados aportantes vendrían a ser, de hecho, sus cuñados.
No es un dato menor que el nombre de Esteban –quien también controla las acciones de la empresa Celulosa Argentina– haya sonado con insistencia el año pasado al intentar adquirir la deuda de la quebrada firma Vicentín, siendo esa una de sus tantas aventuras financieras.
Daniel, por su parte, figura como asiduo visitante a la Casa Rosada, a raíz de los encuentros que mantenía allí con Adorni.
Lo cierto es que el comentarista futbolero supo nutrirse de las relaciones sociales, financieras y políticas de los Nofal para edificar su propia productora, llamada Imhouse. Y también logró ser parte de ImGroup, con sede en Uruguay, que se dedica a la representación de futbolistas.
Con su actividad empresaria por eje, cultivó un sólido vínculo con Adorni durante los días en que este corría la coneja.
Antes de llegar al Poder Ejecutivo, este recibió transferencias efectuadas por Grandio, a través de Imhouse, por un total 1.670.900 pesos. Fueron, claro, por servicios que prestaba en sus programas. Tanto es así que esa suma se dividía en desembolsos mensuales realizados con puntualidad.
La información sobre los pagos recibidos por Adorni llegó a manos del fiscal Gerardo Pollicita a raíz de su pedido para levantar el secreto bancario y financiero que pesaba sobre sus cuentas.
Ese dinero –junto al que le proporcionaba Baby Etchecopar a cambio de otras changas radiales– le servía para «pucherear».
Pero el destino lo premiaría con una revancha: desde la llegada de Javier Milei al Sillón de Rivadavia, su lazo económico-laboral con Grandio adquirió un sentido inverso, erigiéndose él en benefactor del comentarista.
¿Acaso así funcionan las paradojas libertarias?
Catástrofe aérea
El asunto es que, de golpe y porrazo, a Grandio le llovieron cinco contratos de coproducción con la TV Pública y uno con Radio Nacional.
Sus cláusulas, además, lo transformaban en algo así como un socio de la empresa Radio y Televisión Argentina (RTA). Y con un régimen por el cual esa compañía estatal aportaba toda la logística necesaria, mientras que Imhouse tomaba a su cargo la producción y los contenidos, pagando por ello un precio casi simbólico.
Adorni, obviamente, fue el factótum de tales acuerdos.
Era el 14 de abril de 2024 cuando la mano derecha de Grandio –y, como tal, presidente de Imhouse–, Horacio Silva, suscribió con el interventor de RTA, Eduardo Giménez, el convenio para emitir el programa La Caja de Pandora, conducido por Guillermo Marconi en Radio Nacional.
El acuerdo era el siguiente: Imhouse solo le abonaba un millón de pesos a RTA, y se quedaba con todo el dividendo de la publicidad.
Cuatro meses más tarde, Silva rubricada otro contrato, esta vez con la TV Pública por diez capítulos del programa Giros en línea recta, conducido por el propio Grandio. Y también por una suma nimia a cambio del botín publicitario.
Los otros cuatro contratos con la TV Pública tuvieron, para la algarabía de Grandio, el mismo acuerdo comercial.
El siguiente fue, ya en marzo de 2025, por la segunda temporada de Giros en línea recta (otros diez capítulos). En septiembre se firmó el tercero con el propósito de extenderlo hasta diciembre de ese año.
Además, en agosto, Silva firmó, siempre con el interventor Giménez, un convenio para poner al aire Enredados, un streaming de la TV Pública que sería emitido por Instagram, Youtube y Facebook. Después, ya en octubre, firmarían el último, esta vez por un streaming titulado La Sala, de 50 capítulos.
Grandio tocaba el cielo con las manos. Pero su dicha no sería duradera.
En este punto, es necesario volver a marzo de 2026, después de que el affaire por su vuelo con la familia de Adorni en aquel jet, lo llevara a una situación muy embarazosa.
Por lo pronto, sus programas en la TV Pública fueron cancelados, aunque, en algunos casos –como el de Enredados–, los pagos siguieron hasta saldarse por completo. A su vez, Grítalo y La Sala siguieron un tiempo por streaming.
Todos esos contratos ahora están bajo la lupa del fiscal Pollicita. Y en el ambiente de la prensa deportiva el pobre Grandio es ahora una suerte de mancha venenosa. Aquel vuelo en jet a Punta del Este fue para él –en el sentido literal– una catástrofe aérea.
Desde aquel ya lejano jueves, su vida había retrocedido varios casilleros. Como en El Juego de la Oca.
