18 de enero de 2023
En sus primeras experiencias detrás de cámara, Spielberg tuvo que exprimir al máximo su ingenio para crear los efectos especiales. «Cuando era chico iba todo el tiempo al cine: para mí era como ir a la iglesia», cuenta. «Las salas en esos días eran como tabernáculos, eran palacios extraordinarios. Yo miraba las películas e intentaba entender cómo era que hacían los trucos. Incluso en Los Fabelman, cuando ves la escena del accidente ferroviario en El espectáculo más grande del mundo de Cecil B. DeMille, te causa gracia, pero eso era lo que había en 1952 y tenían que resolverlo como pudieran. Por eso, cuando veía las explosiones en las películas de guerra que pasaban en televisión, como Arenas de Iwo Jima, yo le dedicaba mucho tiempo a tratar de descubrir la forma de reproducirlas. Me di cuenta de que si hacía dos pozos y les ponía una tabla encima, si le ponía tierra a uno de los agujeros y alguien pisaba en el otro extremo, creaba una especie de balancín que me permitía arrojar tierra al aire. Y eso producía un efecto que simulaba una explosión. Los efectos especiales que se ven en mis cortos caseros en Los Fabelman son los que de verdad yo usaba en aquellos tiempos».
