Opinión

Jorge Vilas

Periodista

Si es verdad, mejor

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Javier Milei y su equipo de gobierno hacen un culto de las redes sociales. Con el liderazgo del presidente, que dedica varias horas por días a su cuenta de X, los libertarios imponen agenda desde la virtualidad, persiguen y atacan a quienes los contradicen, y despliegan un uso masivo de bots, trols y todo tipo de herramientas para el tráfico masivo de mensajes y descalificaciones.
Lo que comienza a ocurrir, aunque no es la primera vez, es que el Frankenstein que crearon sale a dar sus propios pasos y, a veces, aplasta a sus mentores.
En un episodio que revela el escaso apego a la argumentación seria y el respeto a la información veraz, el ministro de Economía, Luis Caputo, un novel usuario frecuente de X, y el presidente de la Nación, panelista de tv y tuitero mayor, salieron a festejar públicamente, con posteos y declaraciones periodísticas (en realidad, comentarios en entrevistas más que amigables) el marcado descenso de la inflación, que estaría colapsando según Caputo.
La base de tales dichos: los precios publicados por el bot de la cadena de supermercados Jumbo, al que ambos funcionarios seguían diariamente y arrojaba, según expresaron, no solo una desaceleración de precios sino una reducción de los mismos. «¡Caída de precios! ¡Caída de precios! Se va a derrumbar como un piano la tasa de inflación», gritaba Milei ante su amigo Alejandro Fantino mientras en pantalla se podían ver los datos del bot de Jumbo que insistentemente había pedido el presidente que se mostraran.
Dos días antes, en el canal TN, ante el «incisivo» Jonathan Viale, el ministro Caputo decía: «El Jumbo bot está dando -5%» y sonreía con satisfacción al igual que su entrevistador.
En la noche del lunes 8, ante la trascendencia que las declaraciones presidenciales habían alcanzado, el supuesto «bot de Jumbo» salió a aclarar: «Esta cuenta es un experimento social. Nunca analizó precios, ni existió ningún bot que siguiera los productos de Jumbo. Pero sí sirvió para una cosa: ver la necesidad que tienen muchos en mostrar resultados que la realidad les niega. Este bot se autodestruirá en 3, 2, 1…». El falso bot, en definitiva, concretó su experimento, quizás con un éxito inesperado.
Se sabe que cualquiera puede publicar cualquier cosa en las redes y que esa «información» circula mezclando mentiras y verdades, mensajes de odio y fotos de gatitos, notas periodísticas y comentarios personales. La Biblia junto al calefón en el cambalache de X, Instagram, TikTok y Facebook. El falso bot disfrutó un poco más su éxito con nuevos mensajes: «Pedimos disculpas a quienes se esperanzaron por nuestros datos, incluido al Presidente», postearon con caballerosidad e ironía.
Es preocupante pensar cómo se toman las decisiones en el Gobierno si dos de sus máximos responsables toman como válidos datos que nunca chequearon ni hicieron chequear. El Estado, ese al que están tratando de destruir cada día, cuenta con múltiples y valiosas herramientas para valerse de estadísticas reales que permitan informar y analizar las políticas en marcha con una base real. Claro, lo que muestran no es para que Milei y Caputo se diviertan con su claque periodística.
Exhibiendo esos números tendrían que hablar de caída en los ingresos de la población, reducción del poder adquisitivo de jubilaciones y salarios, tarifazos brutales en los servicios públicos, el transporte y las empresas de medicina prepaga, recesión económica, desindustrialización, universidades al borde del colapso, etcétera. Mejor, dicen pese al notable papelón reciente, sigamos desinformando con las redes, porque un tuit no se le niega a nadie. Y como esas anécdotas que se cuentan en torno a un asado bien regado, si es verdad, mejor. Pero no hace falta.

Comprobación empírica. Milei, Fantino y la información de un falso bot para hablar de la caída de precios.

Foto: Captura

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