15 de abril de 2026
La desigualdad no solo se evidencia en la distancia entre salarios y costo de vida, sino también en informalidad laboral y el consecuente deterioro del bienestar de la mayoría de los trabajadores.

Sin resguardo. De un universo de 12.941.000 asalariados, el 57% aporta a la seguridad social, mientras que el 43% no está registrado.
Foto: Jorge Aloy
El cierre de 2025 dejó en evidencia un mercado de trabajo atravesado por dos tendencias que se consolidan. Por un lado, que los ingresos no logran acompañar el costo de vida; y por otro, un elevado nivel de informalidad que limita el acceso a derechos laborales. Según datos del Indec, a fines de 2025, casi 8 de cada 10 asalariados formales no percibían ingresos suficientes para cubrir una canasta de pobreza de un hogar promedio, mientras que la mitad no llegaba a un ingreso mínimo de $800.000. El dato se construye sobre una canasta básica total que, en diciembre, superó los $1.308.713 pesos para una familia tipo de cuatro integrantes, dos adultos y dos menores, lo que fija un umbral de referencia para medir la capacidad de los ingresos y el nivel de pobreza.
La distancia entre salarios y costo de vida aparece como uno de los rasgos más persistentes. El propio organismo señala que «los datos de distribución del ingreso evidencian que amplios sectores no logran alcanzar ese umbral, aún con empleo registrado privado». En ese contexto, la evolución reciente de los salarios muestra solo una recomposición nominal, pero sin alcanzar a revertir la pérdida frente a los precios. La consecuencia es una estructura donde el empleo formal no garantiza superar la línea de pobreza.
De acuerdo con el informe sobre distribución del ingreso del Indec, los ingresos promedio de los trabajadores formales se ordenan en una escala que va desde alrededor de $140.000 pesos en el decil más bajo hasta más de $3.000.000 en el más alto. En el medio, la mayoría de los segmentos queda por debajo de la canasta básica: los primeros cinco deciles no alcanzan la mitad de ese valor y recién a partir del octavo los ingresos se aproximan al costo de vida. Solo los niveles superiores logran superarlo con mayor margen. Este esquema configura un mapa de ingresos donde la distancia entre los extremos es amplia y donde los sectores medios se ubican en una zona intermedia, con dificultades para cubrir gastos esenciales. La situación se vuelve más evidente al observar indicadores agregados: el ingreso promedio por persona se ubicó en $635.996, mientras que el valor mediano fue de $450.000, lo que indica que la mitad de la población percibe ingresos por debajo de ese nivel.
Al desagregar por estratos, la segmentación se profundiza, ya que –según el informe– el ingreso medio del estrato bajo (deciles 1 al 4) fue de $351.028, mientras que en el segmento medio (deciles 5 al 8) alcanzó los $940.586. En los sectores de mayores ingresos (deciles 9 y 10) llegó a $2.476.247. Esta distribución refleja una estructura donde la mayor parte de la población se concentra en niveles de ingreso que no logran acompañar el costo de vida.

Construcción. Es uno de los sectores con mayor deterioro. Perdió empleo formal y sumó trabajadores informales.
Foto: NA
Desagregados
Según el instituto de estadística, los varones percibieron en promedio $1.191.364 pesos, mientras que las mujeres registraron ingresos más bajos, con un promedio de $838.336 pesos. La brecha salarial de género se suma así a la segmentación general del mercado de trabajo. Entre la población ocupada, el ingreso promedio se ubicó en $1.068.540 pesos, con una mediana de $800.000. Este último valor funciona como referencia para ubicar a la mitad de los trabajadores por debajo de ese umbral. Dentro de este grupo, los cuatro deciles más bajos registraron un ingreso promedio de $392.439, lo que refuerza la distancia respecto de la canasta básica, cercana a un millón de pesos.
La situación de los asalariados muestra diferencias marcadas según el tipo de inserción laboral. En promedio, percibieron $1.082.635, pero con una brecha significativa entre quienes cuentan con aportes y quiénes no. «Quienes cuentan con descuento jubilatorio percibieron en promedio $1.321.353, mientras que los trabajadores sin aportes registraron ingresos considerablemente menores, con un promedio de $651.484». Esta diferencia expone el impacto de la formalidad no solo en términos de derechos, sino también de ingresos. El peso de la informalidad en el mercado laboral refuerza esta dinámica. De acuerdo con el Indec, en el país hay 12.941.000 asalariados, de los cuales 7.272.000 se encuentran en blanco y 5.669.000 trabajan en la informalidad. Esto implica que más de cinco millones de personas perciben ingresos sin realizar aportes jubilatorios ni contar con cobertura de la seguridad social.
La evolución reciente muestra además un desplazamiento en la composición del empleo. Desde el inicio del actual Gobierno, el total de asalariados se redujo y la caída fue mayor en el segmento formal. De los más de 300.000 puestos perdidos, 214.000 correspondieron a empleos registrados, mientras que 106.000 fueron informales. Este movimiento explica el aumento de la proporción de trabajadores no registrados. Algunos rubros lograron reducir la informalidad, mientras que otros registraron aumentos. La construcción aparece entre los casos con mayor deterioro: perdió empleo formal y sumó trabajadores informales, lo que elevó su tasa de informalidad. Un fenómeno similar se observa en hoteles y restaurantes, donde el crecimiento del empleo no registrado incrementó el peso del trabajo en negro.
Más allá de estas diferencias, el patrón general muestra una expansión del empleo precario. Según un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet, la tasa de informalidad alcanzó el 43% en el cuarto trimestre de 2025, lo que implica que 4 de cada 10 trabajadores se desempeñan sin cobertura legal. El dato marca además un incremento respecto del año anterior. El estudio señala que la informalidad se consolidó como un rasgo estructural del mercado laboral. En particular, afecta con mayor intensidad a los jóvenes: 7 de cada 10 trabajadores de entre 16 y 24 años se encuentran en esta situación. La inserción laboral inicial aparece así vinculada a empleos de baja estabilidad y sin protección social.
La relación entre informalidad y condiciones de vida también es directa. El 32% de los trabajadores informales vive en hogares pobres y otro 27% se encuentra en situación de vulnerabilidad. Esto sugiere que la falta de registro laboral no solo implica ausencia de derechos, sino también mayores dificultades para sostener niveles de ingreso. A nivel de los hogares, los ingresos laborales representan el 79,2% del total, mientras que el resto proviene de fuentes no laborales. Este componente tiene mayor peso en los sectores de menores ingresos, donde alcanza el 67,7% en el primer decil, lo que refleja la dependencia de transferencias y otras fuentes complementarias.
