29 de mayo de 2026
Mientras el Gobierno narra un país que crece a pasos agigantados, los bolsillos de los trabajadores están cada día más flacos y comienzan a desconfiar del relato oficial. Consumo, ingresos y desigualdad.

Dos economías. Mientras la actividad es traccionada por cuatro sectores que crecen, el comercio sigue por el piso.
Foto: Jorge Aloy
El último dato de actividad, publicado por el Indec, fue positivo. En marzo, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró un crecimiento del 3,5% intermensual. Los funcionarios festejaron la noticia luego del fuerte traspié de febrero (-2,7%). El 14 de abril pasado, el ministro Luis Caputo había planteado que «los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas».
Los números «en verde» de marzo, ¿marcan un cambio de tendencia a tono con la confianza discursiva del equipo económico? ¿Lo peor ya pasó?
Las especiales características de la dinámica económica actual aconsejan prudencia. En ese sentido, el optimismo oficial debería matizarse por dos cuestiones centrales: los sectores más dinámicos (agro, minería, petróleo) tienen escasos vasos comunicantes con el resto de los rubros generadores de empleo. Esa fragmentación productiva tiene implicancias sociales negativas en «los Conurbanos» (no solo en el bonaerense); y por otro, los datos adelantados, que manejan las consultoras, vuelven a mostrar una caída de la actividad en abril. Por ejemplo, el índice General de Actividad (IGA) de la consultora Orlando Ferreres reveló una contracción del 0,7% intermensual.
En ese contexto, el índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Torcuato Di Tella volvió a caer por quinto mes consecutivo. La contracción acumulada desde diciembre de 2025 asciende al 19,2%. El puntaje actual de Javier Milei (1,99 puntos, en un rango de 1 a 5) está un poco por debajo del que tenía Mauricio Macri en el mismo tramo de su mandato (2,04 puntos).
La caída de los ingresos está en el centro del malestar social. El retroceso del consumo popular es la otra cara de la misma moneda.
En abril, el consumo masivo cayó 3,8% interanual, según los datos de la consultora Scentia. En el primer cuatrimestre, la caída acumulada es del 3,3%. Los datos de Scentia matchean con el Índice de Supermercados del Indec, donde las ventas a precios constantes cayeron 5,1% interanual en marzo. En el primer trimestre del año, el retroceso alcanza al 3,1%.
Alternativas
Lo cierto es que resulta difícil pensar una reactivación económica sustentable sin una mejora de los ingresos. La otra alternativa sería incrementar el consumo apelando a la vía crediticia. Sin embargo, el alto nivel de mora bancaria limita esa posibilidad. En marzo (último dato disponible), el incumplimiento continuó su tendencia ascendente. El ratio de morosidad bancaria familiar alcanzó el 11,5%.

Ganadores. El agro, junto con el petróleo y la minería, son los beneficiados del modelo libertario.
Foto: Shutterstock
Se trata del nivel más alto en 21 años. Por otro lado, el Colegio de Escribanos porteño informó que las operaciones con crédito hipotecario cayeron un 48,9% interanual en abril.
La Iglesia Católica viene denunciando el deterioro de las condiciones de vida en los barrios populares. La única medida oficial que amortiguó esa caída fue el incremento (en términos reales) de la Asignación Universal por Hijo. La opinión de la Iglesia es importante, no por su peso religioso, sino porque tiene un envidiable termómetro social derivado de su implante territorial. En el tradicional tedeum del 25 de Mayo, el arzobispo porteño Jorge García Cuerva advirtió sobre el riesgo de un «desmembramiento social». El Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz sostiene que «un sistema económico que no consigue bienestar para sus ciudadanos es un sistema que ha fracasado. La desigualdad no es inevitable, es cuestión de políticas».
