4 de junio de 2026

El FMI acaba de desembolsar U$S 1.000 millones correspondientes a la segunda revisión del programa vigente, luego de una demora de más de cuatro meses respecto de lo establecido en el cronograma.
Fue apenas un «detalle formal», comparado con otros desvíos tolerados.
El más importante giró alrededor del incumplimiento de la meta de crecimiento de las Reservas, el verdadero talón de Aquiles del programa. Sobre esto, el organismo señaló: «A pesar de las mejoras incipientes, la posición externa sigue siendo vulnerable». La situación «sujeta a incertidumbres excepcionalmente altas refleja una débil cobertura de reservas y la falta de acceso sostenido a los mercados internacionales de capitales en medio de considerables obligaciones de deuda en moneda extranjera».
Estas obligaciones son en gran parte con el propio FMI, al que además de los intereses que se le vienen pagando, habrá que sumarle desde septiembre próximo las amortizaciones de capital. A partir de ese momento las salidas de dólares hacia las arcas del Fondo comenzarán a superar los nuevos desembolsos.
La gran apuesta para tratar de cerrar las cuentas externas pasa por una eventual entrada masiva de dólares, a través de una ampliación de la capacidad exportadora de sectores como la minería o la energía.
Pero más allá de los anuncios, las inversiones que se buscan incentivar con el RIGI no llegan.
Por el lado fiscal, si bien en principio la meta de superávit se cumplió, esto fue producto de contabilizar intereses de la deuda pública por debajo de la línea. El FMI reconoce en una nota al pie de su informe que si se hubieran registrado conforme el método habitual (por encima de la línea), el superávit financiero del 0,2% en 2025 se transformaría en un déficit del 0,8% del PIB.
La tolerancia del FMI no debe llamar la atención. Argentina es el principal país deudor del organismo: explica más de la tercera parte de su cartera. Por esto, en términos de sus propias finanzas, al Fondo le resulta esencial que la «relación crediticia» no se corte, más ahora que empezará a recuperar lo prestado. Podríamos decir que los U$S 1.000 millones son como «chaucha y palito» para el FMI.
En paralelo, se intenta preservar un statu quo para que, más allá de las vulnerabilidades, el Gobierno argentino pueda acelerar con las reformas pendientes. También con el ajuste fiscal. El Fondo ya está pidiendo contraer más el gasto y subir impuestos para hacer frente, entre otras cosas, al sendero de intereses de la deuda que se avecina.
Por último, el FMI identifica riesgos internos vinculados a la «incertidumbre política» (elecciones 2027) y «al descontento social y el cansancio por las reformas». Está en la naturaleza del modelo. Al final del túnel neoliberal soo hay ajuste y deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de las personas.
De nada sirven las propuestas de continuidad de lo mismo pero con otras formas. Se debe modificar de raíz un modelo que deliberadamente persigue la transferencia de ingresos y riqueza a los sectores más concentrados, locales y del exterior.
