4 de junio de 2026
El sistema tributario internacional busca opciones para gravar las fortunas de los ultrarricos, mientras que, en Argentina, se los beneficia. Desigualdad y democracia como ejes del debate.

IVA. Los hogares de menores ingresos destinan casi todo lo que ganan en consumo de productos básicos, que se va en gran proporción a impuestos.
Foto: NA
Los 6 milmillonarios argentinos poseen más de 26.000 millones de dólares, e incrementan su fortuna a un ritmo anual del 8%. Para alcanzar ese crecimiento esta media docena de ultrarricos utilizan las rutas, los puertos, la infraestructura nacional. Mientras que los empleados que contratan en sus empresas, en su mayoría, son formados en escuelas y universidades públicas. Así, tanto la infraestructura como el capital humano son pagados con los impuestos de toda, toda la sociedad.
Sin embargo, este sexteto conformado por Paolo Rocca, (italiano pero argentino por residencia) de Techint, con US$7.300 millones; Marcos Galperin de Mercado Libre, con US$7.200 millones; Alejandro Bulgheroni, de Pan American Energy, PAE (US$5.100 millones); Eduardo Eurnekian, de Corporación América (US$4.800 millones); Eduardo Costantini, de Consultatio (US$1.300 millones); y Delfín Carballo, del Banco Macro (US$1.000 millones), pagan proporcionalmente pocos impuestos e incluso intentan evitarlo, por ejemplo, fijando residencia en países limítrofes, como Galperín y Bulgheroni.
Hace unas semanas, el Observatorio Tributario Internacional (ITO) publicó un informe donde analiza cuánto tributa cada segmento social en Latinoamérica. También integrantes del ITO lo presentaron en Buenos Aires y Montevideo. Y fue lapidario.
Además de ser la segunda región del mundo con mayores desigualdades, donde el 10% más rico acumula el 60% de los ingresos, mientras el 50% más pobre sólo recibe el 7%, la carga tributaria está por debajo de los estándares del «primer mundo».
En los siete países relevados (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay) la carga tributaria llega al 21% del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que entre los integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el club de los 38 países desarrollados, llega al 34%.

Agencia de recaudación. El sistema tributario argentino es desigual. Los más pobres pagan más impuestos que los ricos.
Foto: ARCA
Regresividad
Cuando el informe hace foco en Argentina, releva que el 1% más rico de los argentinos tributa solo el 30% de sus ingresos, casi lo mismo que la clase media (29%) y menos que los pobres, que destinan el 37%. Incluso el 10% más rico tributa menos: el 25%.
Así, en Argentina, los ultramillonarios pagan impuestos igual que las familias de ingresos medios.
La respuesta debe buscarse en que el sistema tributario argentino tiene como eje los impuestos al consumo, principalmente el Impuesto al Valor Agregado, IVA. Como los hogares de menores ingresos destinan casi todo lo que ganan en consumo básico, una parte muy importante se va en tributos. Mientras tanto, los milmillonarios utilizan distintas estrategias para no tributar como, por ejemplo, retener utilidades dentro de sus empresas o utilizar tarjetas corporativas para sus gastos personales.
Según datos del Espacio de Trabajo Fiscal para la Equidad (ETFE), el IVA supone para el Estado, el 40% de lo recaudado, mientras que Bienes Personales, explica solo el 1,3%. Tanto el Gobierno de Mauricio Macri como el de Javier Milei descendieron ostensiblemente este gravamen.
Para las dos organizaciones que investigan sobre fiscalidad, esta es una discusión no solo de cargas tributarias, si no de desigualdad y democracia.
En consecuencia, el Observatorio Fiscal (en paralelo a lo planteado por Oxfam) propone un impuesto del 2% sobre el patrimonio de los que tienen más de US$100 millones, para corregir en Latinoamérica la regresividad fiscal de los ultrarricos, cuya fortuna crece mucho más rápido que la del resto de la población.
Las 3.210 personas latinoamericanas con patrimonios superiores a los 100 millones, a los que iría dirigido el impuesto, suman cerca de US$1,27 billones, una cifra que supera el PIB de Colombia, Chile y Perú juntos.
Mientras tanto, en Argentina, y hablando de beneficios para los que más ricos, el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), publicó un informe donde relevó que el costo fiscal del anunciado Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones (RIGI) alcanzaría en un escenario base los US$1.069 millones anuales.
El CEPA destaca que el componente de mayor peso en la pérdida de recaudación es el diferencial en el Impuesto a las Ganancias. Una renuncia de US$545 millones anuales. Y se agravará más aun con la puesta en marcha del «Super RIGI», con su reducción al 15%. Es decir, menos recaudación para las arcas estatales.
En síntesis, menos inversiones en salud, educación, infraestructuras que seguirán usufructuando para beneficio propio los milmillonarios argentinos y latinoamericanos. Ya Oxfam, en su informe de 2026, Contra el Imperio de los Más Ricos, aseguraba que «los países más desiguales tienen hasta siete veces más probabilidades de experimentar erosión democrática que los países con menos desigualdad».
