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El clásico mítico

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Alejandro Duchini

El seleccionado argentino enfrentará a Inglaterra en un duelo que trasciende el fútbol. El recuerdo de Maradona, la vigencia de Messi y el sueño de disputar la séptima final mundialista.

Kansas City. Los jugadores y el público argentino desatan la fiesta por la clasificación a las semifinales de la Copa del Mundo, el 11 de julio.

Foto: Getty Images

«Es un partido más. No busquemos otra cosa», dijo Lionel Scaloni en la conferencia de prensa respecto del partido del próximo miércoles ante Inglaterra. Minutos antes, y con sufrimiento, la selección argentina acababa de eliminar del Mundial a Suiza: 3 a 1 en el alargue. Reacción tardía, pero reacción al fin, que nos puso en semifinales. Ahí estamos: entre los cuatro mejores. Y buscando jugar la séptima final de la historia (ganó 3, perdió 3 hasta aquí). 

Inglaterra es el mito, el clásico alimentado por la Guerra de Malvinas y por los dos goles históricos de Diego, hace 40 años, en el Azteca mexicano. Camiseta azul, tal como se anuncia para este miércoles. Incluso es libro y película: El partido, se titula el gran trabajo en el que el periodista Andrés Burgo desmenuza el Argentina 2 – Inglaterra 1. Publicado en 2016, hace unas semanas llegó al formato audiovisual con muy buenas críticas. Y para darle más fuerza a la historia, coincidió con la reciente muerte de Antonio Rattín (89 años), capitán del seleccionado del 66 que fue eliminado, con polémica, del Mundial inglés. Cuando lo expulsaron, en Wembley, Rattín estrujó el banderín del córner con los colores británicos y se sentó en la alfombra de la Reina Isabel II. Lo abuchearon 90.000 personas. Dice –otra vez el mito– que cuando al fin se iba al vestuario le arrojaron chocolates. Esa tarde de cuartos de final, Argentina perdió con Inglaterra 1 a 0. Fue un 23 de julio, hace 60 años.

¿Cómo no sentir la sombra del mito, si las nuevas generaciones se nutrieron con relatos llenos de épica? Lo incentivan las canciones de cancha: «Por los pibes de Malvinas que jamás olvidaré». Lo consolidan los sueños de ganar la cuarta copa y, ahora que la estrella de Messi se apaga, la ilusión de que haga lo que le falta: ser héroe ante los ingleses. Messi nunca jugó contra Inglaterra. Pudo darse en un amistoso de 2005 en Ginebra que ganaron los ingleses 3 a 2. Un Messi de 18 años se quedó en el banco de suplentes. Hoy, un Messi de 39 que no para de marcar hitos puede concretar otro.

Miami. Watkins, Rogers, Bellingham, Spence, Kane, Burn, Henderson, Pickford, Gordon y Konsa. Delirio inglés tras vencer a Noruega 2 a 1.

Foto: Getty Images

Más allá de la pelota
La guerra y el fútbol son temas separados, indudablemente. Desde lo políticamente correcto se intenta separar aquello que junta lo emotivo. Hay veces en que lo irracional tiene más peso. Excombatientes que tenían apenas 18 años cuando sucedió la guerra impulsada por la dictadura cívico-militar contaron, emocionados, que sintieron algo parecido a una revancha cuando Diego les hizo un gol con la mano y otro con una apilada histórica.

Las nuevas generaciones tienen su Qatar y su Messi, pero México y Diego, con Inglaterra incluida, marcaron época. Y este Mundial de tres sedes es otra cosa: es presente puro. Tal vez se produzca otro logro en un ciclo que se inició con la Copa América de 2021 y alcanzó el cielo en 2022, aunque sin bajar nunca de nivel. Por algo el seleccionado argentino avanza en el torneo. No es casualidad que haya ganado su zona ni que haya superado un durísimo escollo como Cabo Verde, el seleccionado que le hizo partido a Uruguay y a España, el otro semifinalista, que jugará su destino ante la poderosa Francia. Mucho menos es casual que diera vuelta en apenas 12 minutos un 2 a 0 ante el difícil Egipto. Ni hablar de los suizos, a los que Argentina aguantó defendiendo durante un buen rato del partido (el aguante es también parte del juego) y no desaprovechó el repliegue rival cuando se quedó con uno menos por la expulsión de Breel Embolo.

Dicen que Messi está en el final de su carrera, pero aun así es el goleador mundialista junto a Kylian Mbappé, ambos con 8. Y con más de 10 años de diferencia. Caminando, Messi es más que tantos rivales que no pueden anticiparse a su velocidad mental. Cuando Messi tiene la pelota, es casi imposible que se la saquen. Y mientras la tiene, ya sabe a quién se la va a pasar.

Con el alma. Messi disputa una pelota con el jugador suizo Granit Xhaka, en un tramo de la sufrida victoria albiceleste.

Foto: Getty Images

La creencia y la emoción
Argentina tiene un equipo que vuelve a contar con el mejor Dibu Martínez, figura del seleccionado en la noche contra los suizos después de partidos discretos. Es cierto que algunos bajaron el nivel. Rodrigo De Paul y Alexis Mac Allister entre ellos; pero hay otros que la rompen, como Cuti Romero y Leandro Paredes. Thiago Almada es otro; y esperemos que después de su golazo, Julián Álvarez recupere su nivel.

Somos más parecidos, si se quiere, al conjunto maradoniano de Italia 90, finalista por garra y corazón, que al mexicano del 86, puro juego de la mano del mejor Maradona. En esa comparación sustentamos nuestra creencia casi religiosa. En aquel entonces llegamos a la final con una Alemania que ganó con arbitraje polémico. Mucho más polémico de lo que se le reclama a la FIFA respecto de Argentina, que no fue beneficiada por los árbitros, como se pretende hacer creer. Poco se habla, entre tantas irregularidades, de que el saque del arquero noruego Örjan Nyland dio en un cable de la cámara voladora y cayó sobre Elliot Anderson, quien inició la jugada que terminó en el empate inglés de Jude Bellingham.

Es cierto que no se vive de la historia. Inglaterra es un equipo poderoso, que juega bien y tiene grandes figuras. Sobre todo Bellingham y Harry Kane. Y un gran entrenador: el alemán Thomas Tuchel, a quien Scaloni dijo admirar y respetar. No así sus dirigidos, con quienes Tuchel profundizó diferencias a partir de las críticas que hizo por el juego ante los noruegos. 

Es, el inglés, un seleccionado acostumbrado a dar vuelta partidos, como ante Congo y Noruega; pero lejos está de Francia o España, los grandes candidatos a ganar el título. El destino se definirá a partir del miércoles a las 16 (hora argentina) en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. Será un escenario repleto de hinchas de uno y otro seleccionado: se trata de dos de los países que más intensamente viven el fútbol.

«Un sueño, un partido que todo chico desea jugar. Sabemos lo que significa para nuestro país» , dijo Paredes ya pensando en Inglaterra. Un rato antes, mientras Argentina pugnaba por clasificar ante Suiza, los hinchas alentaban con un clásico: «Y ya lo ve… y ya lo ve… el que no salta es un inglés». Se ve, se siente, no es un partido más.


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