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Después de la vida

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Ezequiel Obregón

Tal vez soñar
Autor: Antonio Tabares
Directora: Ada Dorrego
Intérpretes: Trinidad Vassia, Juan Boccassini, Julián Felcman
Sala: R. González Tuñón del CCC

Mundo onírico. Vassia y Felcman, protagonistas de una obra que se sumerge en lo desconocido.

Tal vez soñar acaba de subir a escena en la Sala González Tuñón del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Se trata de una nueva prueba de la apuesta de este espacio por consolidar la diversidad estética como una de sus marcas distintivas para la temporada, en la que conviven el revisionismo de Sarmiento con el drama familiar de Emilio, por citar apenas dos de los espectáculos que componen su nutrida cartelera.

Con dramaturgia del español Antonio Tabares y dirección de Ada Dorrego, Tal vez soñar es una comedia dramática que parte de un acontecimiento inevitable para cualquier ser humano: la muerte. El problema es que Emma falleció en un quirófano cuando era demasiado joven. Fuera de órbita quedará su vida profesional y familiar, aunque recién tomará conocimiento de su estado cuando ingrese a una suerte de limbo en la que un anciano oficiará como una especie de «instructor post mortem». Además de la lógica sorpresa inicial, Emma parece tomarse el asunto si no con liviandad, al menos con la curiosidad propia de quien se sumerge en una experiencia radical, diferente a lo conocido.

«En cualquier momento alguien va a soñar con vos y vas a tener que estar ahí», escucha la heroína de la pieza y, acto seguido, se sumerge en distintos cuadros que la exponen no como un fantasma, sino como la parte más sustancial del inconsciente de aquellos hombres fundamentales de su vida terrenal: su marido, un amor pasajero, su hijo y un personaje más del que conviene no adelantar información.

Ante esta original premisa, el dispositivo escénico ideado por Dorrego privilegia el sentido profundo de cada encuentro personal, sin dejar de darle protagonismo a la iluminación que Horacio Novelle construye con impronta expresionista. Porque, en definitiva, aquí se trata de ingresar a un mundo tan desconocido para la protagonista como para la platea (al menos, claro, que alguien se jacte de «haber visto la luz» y regresado para contarlo). El autor se reserva una revelación para el final, que pone en relieve el estatuto de lo onírico: ¿quién es el rector de esas imágenes, el que sueña o el soñado? Revelación que, si no fuera por el tono sentimental y cómico de la obra, bien podría surgir de la imaginería borgeana.

Tal vez soñar resulta una bienvenida rareza para la cartelera teatral de la Ciudad de Buenos Aires, que bien podrá ser apreciada tanto por el público adulto como por el más juvenil. Su tipo de humor es, en ese sentido, apto para múltiples audiencias, siempre asociado a la trama vincular que opera como columna vertebral del texto. Se emparenta con obras de la dramaturgia nacional como Volvió una noche, de Eduardo Rovner, en donde el fantasma de una madre vuelve para resolver algunos asuntos pendientes con su hijo. Ambos espectáculos proponen pensar lo humano desde el cruce de umbrales, pero con un singular trazado emotivo. En cuanto a las actuaciones, además del rol protagónico de Trinidad Vassia, se destaca Juan Boccassini, quien por otra parte toca el teclado con una partitura que tiene la justa dosis de melancolía y ternura que el texto exige. Completa el elenco Julián Felcman en varios roles, con una presencia que va de «menos a más» y sirve para iluminar el universo de los que ya no están.

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