6 de agosto de 2026
Larry y la búsqueda de la infelicidad
Creadores: Larry David y Jeff Schaffer
Intérpretes: L. David, K. Cuoco, S. Jackson, J. Hamm, K. Hahn, J. Black
HBO Max

Humor. Larry David satiriza dos siglos y medio de historia estadounidense.
Las primeras preguntas que planteó la aparición de esta serie de siete capítulos de HBO no tienen que ver con la historia de Estados Unidos, como sería legítimo pensar al conocer su temática, sino con el propio Larry David. ¿Qué podía hacer este veterano comediante después de cerrar Curb Your Enthusiasm, la celebrada sitcom que durante un cuarto de siglo convirtió la neurosis cotidiana en una de las formas más refinadas de la comedia televisiva? ¿Debía cambiar radicalmente o parecerse a sí mismo?
Larry David eligió claramente la segunda opción. Sigue siendo el de siempre, pero ahora disfrazado de padre fundador, de senador anticomunista, de inventor, de soldado o de pasajero en aquel autobús donde Rosa Parks se transformó en heroína de la lucha contra la discriminación racial.
Otra vez en sociedad con Jeff Schaffer, David reescribe episodios decisivos de la historia estadounidense aplicándoles el mismo mecanismo que convirtió a Curb Your Enthusiasm en un clásico: tomar una norma social aparentemente insignificante y llevarla hasta el absurdo mediante una escalada de mezquindades, malentendidos y discusiones interminables. La diferencia es que esta vez ese dispositivo se incrusta en el corazón mismo del relato fundacional del país norteamericano.
No es casual que los productores ejecutivos sean Barack y Michelle Obama. En una época dominada por las guerras culturales y la apropiación partidaria del pasado, la serie propone desmontar los mitos nacionales a través del humor y con una mirada progresista.
Obama incluso aparece en la introducción con una inesperada soltura cómica, presentando una historia de Estados Unidos que se anuncia deliberadamente como «casi» verdadera.
¿Hasta qué punto el universo de David resiste este cambio drástico de escenario? Primero hay que decir que sus obsesiones habituales siguen intactas: la justicia entendida como una cuestión minúscula de modales, el fastidio frente a la hipocresía social, la incapacidad para dejar pasar una incorrección. En el fondo, todos los personajes terminan siendo variaciones de un neurótico incapaz de aceptar que el mundo funcione mediante convenciones absurdas. El siglo XVIII, la Gran Depresión o la Guerra Fría son apenas decorados para ese ser incorregible.
Grandes relatos
Cuando el mecanismo encuentra un blanco adecuado, la producción alcanza momentos extraordinarios. Algunos sketches sobre el macartismo, Alexander Graham Bell o la mencionada Rosa Parks consiguen algo más que provocar risa. También revelan cómo los grandes relatos nacionales pueden leerse como una sucesión de pequeñas miserias humanas. David sigue teniendo un talento casi único para descubrir la ridiculez escondida detrás de cualquier gesto solemne.
Al mismo tiempo, la estructura episódica expone las limitaciones de un humor construido sobre la acumulación. En Curb Your Enthusiasm, una discusión insignificante podía crecer durante 40 minutos hasta convertirse en una maquinaria perfecta de humillaciones recíprocas. Aquí cada escena o situación dispone de apenas unos minutos antes de pasar al siguiente episodio, y muchas ideas parecen detenerse justo cuando empiezan a desplegar todo su potencial.
Justamente por ese motivo la crítica anglosajona ha quedado dividida. Mientras algunos celebran la audacia de aplicar el ADN de Curb Your Enthusiasm a dos siglos y medio de historia estadounidense, otros reprochan una repetición mecánica de fórmulas ya conocidas, incapaces de generar el mismo efecto que en su contexto original. Tanto unos como otros tienen algo de razón, pero es indiscutible que en los mejores momentos de esta singular sátira, cuando David acierta con su enfoque mordaz e incisivo, la «búsqueda de la infelicidad» vale la pena.
