4 de marzo de 2026
Mientras el Gobierno celebra datos que indican crecimiento en 2025, el cierre de empresas y los despidos son noticia cotidiana. La apertura importadora y el caso de FATE, resonancias actuales e históricas.

Símbolo. El cierre de la planta fabril impactó en la opinión pública y se sumó a decenas de otros casos.
Foto: Getty Images
La mayoría de los ciudadanos manifiestan disconformidad, con independencia de su apoyo o rechazo al Gobierno nacional, con su situación económica personal y familiar. «La plata no alcanza» es un mantra escuchado por cualquiera que tenga, en léxico jauretcheano, «un poco de estaño». En ese contexto, el ministro de Economía, Luis Caputo, celebró que «el EMAE (Estimador mensual de actividad económica) creció 1,8% mensual en diciembre (sin estacionalidad) y 4,4 % en 2025». Esa aparente contradicción entre datos estadísticos y sensación callejera queda un poco más clara cuando se desglosan los números.
La recuperación económica del año pasado, luego de la caída del 2024, estuvo asentada en algunos sectores (agro, energía, intermediación financiera, minería) con escasa capacidad de derrame en término de empleos e ingresos. Por el contrario, la actividad industrial continúa operando en valores muy deprimidos. Según datos de la consultora Empiria, el nivel de actividad manufacturera se encuentra 15% por debajo de comienzos de 2023.
El reciente cierre de la planta de FATE en San Fernando, que dejó a 925 trabajadores en la calle, no es un caso aislado. La agresiva apertura comercial (que ayudó a moderar la inflación) tuvo un fuerte impacto en el tejido productivo local. En particular, las importaciones de neumáticos crecieron 44,8% en 2025. En un artículo titulado «La industria, cada vez más amenazada», publicado en Página/12, el dirigente cooperativista Carlos Heller precisa que «en 2025, se importaron 8 millones de neumáticos sobre un mercado que ronda los 10 millones anuales». Más del 40% de esas cubiertas provinieron de China.
En ese sentido, la política de apertura indiscriminada (reducción arancelaria del 35% al 16%, eliminación de certificados técnicos, etcétera) marchó a contramano de lo que ocurre en otros países de la región. Por ejemplo, México y Brasil impusieron medidas antidumping (y/o aranceles temporales) contra el ingreso de neumáticos chinos.
Un informe de la consultora Analytica agrega que «la imposición de aranceles en distintos mercados llevó además a un proceso de relocalización productiva de empresas chinas hacia otros países del sudeste asiático –como Vietnam y Tailandia– con el objetivo de eludir las restricciones comerciales, lo que a su vez motivó nuevas investigaciones sobre neumáticos originados en esas economías».
Neumáticos y calculadoras
La desaparición de FATE tiene un fuerte carácter simbólico porque fue un emblema, altri tempi, de la denominada «burguesía nacional».
La trayectoria que transformó a una pyme (Fábrica Argentina de Telas Engomadas) en un complejo industrial es una historia representativa de otro modelo de país.
La empresa había sido fundada por la familia Madanes en la década del cuarenta. El alma mater de la Confederación General Económica, José Ber Gelbard, ingresó al capital accionario un par de décadas más tarde, si bien ya revistaba como asesor a fines de los cincuenta. En su libro El burgués maldito, María Seoane cuenta que «ya a comienzos del 65, Gelbard replanteó su actividad empresarial privada. Manuel Madanes, el cerebro técnico de FATE, tenía un duro enfrentamiento con su hermano Adolfo, quien se resistía a aceptar la renovación tecnológica, la diversificación de la producción y una política más agresiva en el mercado. Manuel quería desembarcar en la electrónica; según él, su hermano tenía aún mentalidad de “bolichero”».
En medio de esa interna familiar, Gelbard ingresó como socio haciendo uso de una particular ingeniería financiera. En 1969, la firma inauguró su División Electrónica. El primer producto estrella de esa rama productiva (la calculadora electrónica) se impuso con rapidez en el mercado argentino desplazando a la competidora italiana Olivetti.
FATE electrónica también avanzó en el desarrollo de una línea de computadoras, entre otras cosas. «Tras el golpe de estado en 1976 y el cambio de política económica, la División Electrónica suspendió las actividades de investigación y producción, intentó reconvertirse en importadora y finalmente cerró en 1982», cuenta Bruno Massare en De los neumáticos a los chips: el rol de la I+D en el desarrollo de calculadoras y computadoras en la División Electrónica de FATE (1969-1982).
Ahora le tocó cerrar a la fábrica de neumáticos. La historia nunca se repite dos veces de idéntica forma, pero algunas veces se parece bastante.
