16 de marzo de 2026
Con más de quince años de historia, la cooperativa de servicios contribuye a generar trabajo en las zonas populares de La Plata.

Ellas. Uno de los servicios es el mantenimiento del espacio público, que en el barrio de Arana es ejecutado casi en su totalidad por mujeres.
Foto: Sebastián Casali
La cooperativa de trabajo Barrios Productores, asociada al Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos a través de la filial La Plata, lleva más de quince años trabajando por su comunidad. Obtuvo su matrícula el 26 de julio de 2011, luego de dos años de trámites. Sin embargo, el proceso que llevó a su conformación se remonta bastante más atrás: al estallido social de 2001. Allí comenzó el trabajo, con comedores y merenderos y apareció la necesidad de pensar cómo solucionar la cuestión laboral. «En 2007, 2008, se empezaron a organizar algunas unidades productivas, algunos microemprendimientos más orientados al cordón frutihortícola, a la construcción, al reciclado, y en el 2011, a partir de que ya comenzaron a surgir trabajos y necesidad de papeles, de facturación, dimos el paso como para institucionalizar la cooperativa», relata César Villanueva, referente de Barrios Productores.
«Al nacer desde el territorio, desde los barrios populares, ya veníamos con una impronta de prestar mucha atención a la autogestión, a la asamblea, a fortalecer liderazgos. Los principios cooperativos ya estaban presentes en las prácticas cotidianas desde antes de pensar el trabajo; cuando había que organizar los comedores, ya se hacía con una perspectiva participativa y democrática», remarca.
Contra viento y marea
Cuando nació la organización, eran doce asociados trabajando la tierra en las quintas y catorce en reciclado. Actualmente, son doscientas personas las que forman parte de la cooperativa, repartidas entre catorce unidades productivas en diecisiete barrios. El reciclado es la tarea que más trabajadores nuclea en sus tres plantas (Los Hornos, Arana y Abasto), donde reciben el 70% de las bolsas verdes que se generan en la ciudad de La Plata por la recolección diferenciada de residuos urbanos, lo que equivale a veintidós camiones por día.
Marcelo Mansilla, encargado de la planta recicladora de Sol-Plat, integrada a Barrios Productores desde 2015, es quien muestra en acción a las veintidós personas que allí realizan la separación y clasificación de cartón, plástico, vidrio, tetrabrick, aluminio y papel blanco y de color. Él, al igual que Villanueva, expresó su preocupación por las condiciones de la actividad y los bajos precios a los que logran venderse en el mercado los distintos materiales. «El municipio nos paga un bono o un salario de 250.000 pesos para 73 personas, pero somos más de 100, y el poder adquisitivo de ese aporte municipal es mucho menos de lo que era antes. El Plan Potenciar Trabajo se redujo a la mitad y es la misma plata desde diciembre de 2023. Y con la venta del material estamos a valores iguales a noviembre de 2023», señala Mansilla. «Hoy sale más barato traer cartón de Brasil o plástico de China que hacer cartón o plástico reciclado en Argentina», ejemplifica.
En cuanto a la construcción, el panorama actual no es mucho más alentador: las cuadrillas contaban con 27 trabajadores y hoy son 12 los que las integran. Hubo 15 socios que debieron ser reubicados en otras tareas, debido a la paralización de las obras a las que estaban abocados. «Estábamos haciendo obras de urbanización en barrios populares y eso, que dependía de Nación, se cortó. Eran obras muy importantes, para que vecinos que tenían que hacer siete cuadras de barro, tuvieran veredas, o barrios que tenían problemas de incendios por instalaciones eléctricas precarias, pudieran estar mejor. Quedamos solo con obras privadas y con algunas obras del Gobierno de la provincia de Buenos Aires, que las sostiene como puede. Algunas cosas estamos intentando hacer con financiamiento propio, pero es muy poco lo que se puede», cuenta César Villanueva y menciona que entre las obras que están activas aún, hay una red de agua potable en Puente de Fierro.
A pesar del momento crítico que también atraviesan las universidades nacionales, Barrios Productores junto a la Universidad Nacional de La Plata están construyendo, con un desarrollo de la facultad de Arquitectura, viviendas que funcionan como soluciones habitacionales de emergencia. De todas maneras, Villanueva aclara que la cooperativa «siempre tuvo la premisa de no quedarse solo atada al Estado, porque la política pública en algún momento se puede acabar, como está ocurriendo, y nuestra actividad no podía agotarse por eso».
En los barrios tienen cuadrillas de mantenimiento del espacio público, entre las que destaca la de Arana, constituida prácticamente en su totalidad por mujeres. En un principio, solo se dedicaban a recoger la basura, pero en la búsqueda de dar siempre un paso más y ampliar su alcance, pudieron obtener maquinaria y generar capacitaciones. A partir de eso, hoy también se encargan del desmalezamiento de caminos. Las cuadrillas de Villa Elvira, Villa Montoro y Melchor Romero también cuentan con notable presencia femenina.

Reciclado. Es la tarea que más trabajadores nuclea en sus tres plantas, donde reciben el 70% de las bolsas verdes que se generan en La Plata.
Foto: Sebastián Casali
Cuando tenga la tierra
También tienen un pequeño número de asociados que trabajan en las quintas, fundamentalmente en la zona de Arana, y se encargan de la producción hortícola que vuelcan a los comedores y al mercado. Esta rama tampoco está exenta de complicaciones: «Nunca logramos tener un puesto en el Mercado Central, que es lo que permite dar el paso en la comercialización; los insumos están todos dolarizados y hay una avanzada tecnológica muy grande que requiere cada vez menos manos», explica César.
A pesar de todo, tratan de darle la mayor atención posible y siguen buscando caminos alternativos. Con lo que queda en pie del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) tras los embates del Gobierno nacional, van a trabajar en la producción de tomate, con plantines de la cepa Nomeolvides. A la problemática habitacional también intentan darle alguna solución desde la cooperativa, en base a las inquietudes y necesidades de cada compañero: mientras algunos querían tierra para producir, otros la necesitaban para vivir. Es así que, cuando se dio la oportunidad, lograron organizarse para comprar algunas hectáreas, subdividirlas y hacer loteos populares. «No podía ser inaccesible el costo de la tierra. Previo a la experiencia del ProCreAr, vimos que no era imposible replicar la experiencia de los sindicatos. Era posible y así bajaba un montón el costo de los terrenos», recuerda.
Sin perder jamás el tono sereno y amable, César confiesa que están muy preocupados por la salud mental en los barrios y por la violencia de género, entre otras problemáticas como el narcomenudeo. «Los “transas” son un referente negativo, pero para los pibes a veces terminan siendo un ejemplo a seguir, porque en una situación tan complicada donde no hay laburo, te tiran plata, te compran una cerveza, andan en moto, tienen minitas, andan en la joda. A veces son pibes que han ido a nuestros comedores, pibes que conocemos, que están ahí», lamenta. Y agrega: «Nosotros estamos en el barrio, tenemos el comedor, la cooperativa, el centro social, hacemos actividades para los pibes, no puede ser que miremos para otro lado por miedo. Si no damos ese paso de decir “esto no lo vamos a permitir, porque ya sabemos dónde termina”,es muy complicado», evalúa.
«Esto es la consecuencia del retiro del Estado y de tantos años de políticas públicas que fragmentan. Si el mercado fragmenta, si la política pública fragmenta y no pensamos una política integral para La Plata, que es la ciudad con más barrios populares del país, estamos al horno», concluye.
