Cooperativismo | ENTIDADES VITALES

Arraigo y soberanía

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María José Ralli

Columna vertebral del desarrollo territorial, las cooperativas de servicios públicos garantizan el acceso a prestaciones esenciales donde el Estado no llega o el mercado no encuentra rentabilidad.

Wild. «Las comunidades encuentran respuestas colectivas a sus necesidades.»

Foto: Matías Sarlo

Desde hace décadas, en pueblos y ciudades argentinas, las cooperativas de servicios públicos cumplen una función estructural en la organización del territorio. Nacidas para dar respuesta a necesidades concretas, sostienen el acceso a servicios básicos y se consolidan como piezas clave del entramado social y productivo, articulando comunidad, trabajo y derechos en lugares que quedaron fuera del radar estatal y del cálculo empresarial.

La economía social y solidaria en la Argentina reúne a más de 25.000 entidades entre cooperativas y mutuales, juntas explican más del 15% del PIB que vinculan de manera directa o indirecta a unos 27 millones de personas y generan alrededor de 400.000 puestos de trabajo.

Dentro del universo cooperativo, las entidades de servicios públicos ocupan un lugar preponderante al garantizar electricidad, agua potable, saneamiento, telecomunicaciones, servicios de salud y en pequeñas y medianas localidades, especialmente en zonas rurales o alejadas de los grandes centros urbanos.

Base del desarrollo
«Las cooperativas de servicios públicos nacieron para resolver una necesidad específica que existía en cada comunidad. Es la propia comunidad la que encuentra una respuesta colectiva a esa necesidad», explica Gisela Wild, presidenta de la Federación Santafesina de Cooperativas de Electricidad, Obras y Servicios Públicos (Fescoe) y de la Cooperativa de Energía y Consumos de la localidad santafesina de Ibarlucea.

Hoy, las cooperativas eléctricas abastecen a más de ocho millones de hogares en todo el país, mientras que unos cuatro millones de personas acceden al agua potable a través de entidades de la economía social. En numerosos pueblos del interior no solo sostienen el servicio, sino que también invierten en infraestructura, mantienen tarifas socialmente equilibradas y reinvierten los excedentes en la propia comunidad.

«La mayoría de las cooperativas tiene entre 60 y 100 años de historia. Somos la base del desarrollo que se fue generando en cada una de esas comunidades: el desarrollo productivo, económico y educativo», subraya Wild. Y agrega: «La importancia que tenemos es ser parte del crecimiento de esas comunidades y de poder cumplir los sueños de las personas que las habitan».

Ese impacto se expresa de manera directa en el arraigo territorial, con personas que encuentran trabajo, desarrollan proyectos y construyen su vida en el lugar donde nacieron y esto –dice Wild– «tiene mucho que ver con las cooperativas de servicios públicos». «Allí donde no fue rentable para un privado o donde el Estado no llegó con infraestructura, estuvieron las cooperativas», agrega la dirigente y sintetiza: «Arraigo y soberanía son palabras que nos definen».

En La Pampa este concepto toma una dimensión singular porque el cooperativismo no solo acompañó el desarrollo, sino que lo precedió. «Cuando la provincia se constituyó como tal, en 1951, hacía ya 20 o 30 años que las cooperativas brindaban servicios eléctricos en prácticamente todas las localidades», cuenta Manuel Simpson, presidente de la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa y recalca que además de garantizar electricidad desde la década de 1930, con el tiempo ampliaron su alcance hacia servicios sociales, provisión de bienes, funerarios, distribución de gas y, en momentos críticos como los años 90, incluso prestaciones básicas de salud. «Las cooperativas fueron cubriendo necesidades que el Estado no podía atender y que el mercado no consideraba rentables», resume.

En pueblos y ciudades del Interior ese papel se vuelve aún más visible, como la localidad cordobesa de Los Cisnes, donde la cooperativa local sostiene servicios que el mercado nunca prestaría y que resultan clave para la vida cotidiana de la comunidad.

«Los Cisnes es muy pequeño, tenemos alrededor de 700 habitantes en la zona urbana y después una zona rural muy amplia, pero también con poca población. En ese contexto, la cooperativa es el impulso que ha mantenido vivo al pueblo», explica Rossana Vilche, presidenta de la Cooperativa de Servicios Públicos de Los Cisnes.

La entidad nació hace 75 años para garantizar electricidad cuando el servicio apenas funcionaba algunas horas al día a partir de un motor privado. «Los vecinos se organizaron a partir de esa necesidad y recién cinco o seis años después de constituir la cooperativa lograron conseguir su propio motor y comenzar a brindar electricidad», recuerda Vilche. Con el tiempo el servicio se expandió hacia el campo y hoy la cooperativa mantiene unos 600 kilómetros de líneas rurales, que abastecen a toda la zona de influencia. «Responder a las necesidades del pueblo ha sido el motor de la cooperativa durante toda su historia», resume.

Ese mismo criterio llevó a la entidad a asumir otras funciones que exceden a los servicios tradicionales. Entre ellas, el único transporte que conecta al pueblo con La Carlota, la ciudad más cercana. «A las empresas privadas no les conviene entrar al pueblo por cinco o seis pasajeros. Entonces la cooperativa decidió sostener ese servicio, que lleva a los chicos al secundario y a los vecinos que tienen que ir al médico, hacer trámites o cobrar su jubilación», explica.

La misma lógica se aplicó a las telecomunicaciones. Ante la falta de oferta privada, la cooperativa incorporó servicios de internet, televisión y telefonía y hoy cuenta con fibra óptica directa a todos los hogares del pueblo.

También en La Pampa las cooperativas también tuvieron un rol pionero en conectividad. «A finales de los 90 los servicios de telecomunicaciones eran caros, de mala calidad y con redes obsoletas. Fueron las cooperativas las que instalaron las primeras redes de fibra óptica», explica Simpson. Recién muchos años después –cerca de 2020– las grandes empresas comenzaron a invertir en esas infraestructuras. Durante décadas, además, la cobertura de telefonía, incluso celular, fue limitada o inexistente en muchas zonas.

«Literalmente, lo que hace la cooperativa es vital, porque muchos de los servicios que brindamos de otra forma no existirían», sintetiza Vilche contundente.

Simpson. «La sinergia entre las cooperativas y el Estado es fundamental.»

Foto: gentileza Manuel Simpson

Alianzas y modelos
El anclaje territorial de las cooperativas de servicios públicos también redefine su vínculo con los Gobiernos locales. «Desde el sector cooperativo hoy está claro que la alianza estratégica más importante es con lo local», sostiene Wild y señala que «existen herramientas como la Red de Municipios Cooperativos, impulsada desde Cooperar, que apuntan a consolidar esa construcción territorial».

Para la dirigente, el desafío es que esos vínculos trasciendan las coyunturas políticas y si bien reconoce estar «muy atravesados por lo local y por los cambios de gestión», insiste en que los acuerdos de desarrollo a mediano y largo plazo son los que mejores resultados tienen para los socios, que a su vez son los vecinos.

En el caso pampeano, ese vínculo tiene incluso un respaldo institucional: la Constitución provincial establece que los servicios públicos deben ser prestados preferentemente por el Estado o por cooperativas. «Eso refleja la tradición cooperativa de la provincia y ha permitido sostener el rol de las entidades como prestadoras estratégicas», explica Simpson y subraya que «la relación con el Estado provincial y los municipios, más allá de los vaivenes políticos, en general siempre fue buena y hoy existe una sinergia importante, especialmente en telecomunicaciones, donde la empresa provincial articula con las cooperativas para facilitar el acceso a banda ancha mayorista y llegar a localidades pequeñas donde no hay escala de mercado». «En muchos casos, la cooperativa presta más servicios que el propio municipio, por lo que el vínculo es necesariamente estrecho y por eso se nos reconoce como un socio estratégico», agrega.

Por su parte, Wild considera que el cooperativismo de servicios públicos constituye un rasgo distintivo del modelo argentino: «No todos los países del mundo tienen desarrollado este esquema; cuando uno dice que es presidenta de una cooperativa eléctrica, en muchos países creen que se trata de una cooperativa de trabajadores del sector y cuando explicás que somos dueños de las redes y prestamos los servicios, recién ahí se entiende de qué estamos hablando». Es en esos espacios –reafirma– donde se toma verdadera conciencia de lo importantes que son las cooperativas para la soberanía y el desarrollo. «No siempre somos plenamente conscientes de ese valor», añade.

«En muchos pueblos del Interior tenías el acopio de la cooperativa agropecuaria, la mutual y la cooperativa de servicios públicos, entonces los recursos económicos quedaban en la comunidad. Eso explica que hoy existan clubes fuertes, instituciones culturales, proyectos deportivos que incluso compiten a nivel nacional. Todo eso tiene que ver con ese circuito», explica Wild que sin embargo, no idealiza el proceso y reconoce que «no en todos los lugares la historia pudo sostenerse de la misma manera». Sin embargo, insiste en que «es un modelo que permitió crecer como región y que incluso puede pensarse como un modelo exportable».

En sintonía, Vilche afirma que «si la cooperativa no estuviera, probablemente Los Cisnes ya habría desaparecido, como pasó con muchas localidades del Interior. Lugares que tenían una zona rural importante y el ferrocarril, pero cuando el tren desapareció y los productores se fueron a vivir a las ciudades, quedaron prácticamente vacíos».

El escenario actual suma nuevos desafíos cuando cualquier análisis económico o geopolítico pone en el centro a la energía y a la información. «Ahí las cooperativas tienen un rol fundamental, especialmente las de telecomunicaciones, porque son las que permiten que esos datos circulen», dice Wild y apunta que esta coyuntura exige una agenda activa de innovación. «Como dirigentes tenemos que entender el mundo en el que estamos viviendo, incorporar nuevas herramientas tecnológicas e innovar dentro de nuestras entidades», afirma al tiempo que advierte que «el mayor desafío es hacerlo sin perder nuestra identidad cooperativa».

En esa misma línea, Simpson advierte sobre el avance de grandes corporaciones globales en servicios digitales y telecomunicaciones: «Son modelos que muchas veces operan por fuera de regulaciones locales y generan una competencia desigual. Las cooperativas, que nacen y se sostienen en su comunidad, tienen que prepararse para enfrentar ese escenario sin perder su esencia».

En tiempos de mercantilización de los servicios esenciales, las cooperativas de servicios públicos siguen funcionando como verdaderas columnas vertebrales del desarrollo territorial: iluminan, abastecen, conectan y, sobre todo, sostienen comunidad.

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