23 de abril de 2026
Curas que producen contenidos para redes, monjas instagramers, fiestas electrónicas católicas: una nueva estrategia para sumar fieles avanza en el territorio digital. Hablan sus protagonistas.

Papa Fest. El sacerdote y DJ portugués Guilherme Peixoto homenajeó a Francisco en Plaza de Mayo.
Foto: Getty Images
No fue una misa ni una peregrinación tradicional. Fue una fiesta. El sábado 18 de abril por la noche una multitud se acercó hasta la Plaza de Mayo para ser parte de un original evento que tuvo mucho de religioso, pero con condimentos muy actuales. La convocatoria hablaba de un DJ y de música tecno, por eso sobresalieron los jóvenes, que bailaron por horas con vasos en la mano ‒cerveza, vinos de etiquetas como «Cordero de Dios»‒, mientras en las bandejas el sacerdote portugués Guilherme Peixoto mezclaba bases electrónicas con frases del papa Francisco, a modo de homenaje a un año de su muerte, que se cumplió el 21 de abril.
Hubo cruces, pañuelos blancos y amarillos y consignas religiosas, pero también chicos y chicas lookeados como para cualquier otra noche de fiesta y diversión, solo que esta vez en las pantallas se veía el sello del Arzobispado de Buenos Aires. La convocatoria de la Asociación Civil Miserando, cuya presidenta es sobrina de Jorge Mario Bergoglio, fue todo un éxito: se dice que hubo más de 250.000 personas. La estrategia, se ve, funciona.

Savoia. El párroco de Nuestra Señora de La Merced de Villa Ballester tiene casi 200.000 seguidores en Instagram.
Foto: redes sociales
Parte de un plan
La Iglesia Católica también viene desplegando una presencia creciente en redes sociales, con curas, monjas y laicos que producen contenido, acumulan seguidores y dialogan con audiencias que no necesariamente pisan una parroquia. La lógica no es nueva, pero el territorio sí: el «continente digital», como lo llamó el propio Francisco al impulsar esta misión.
Su sucesor, León XIV, reforzó esa línea el año pasado al reunir en el Vaticano a 1.000 curas, monjas y laicos influencers de 46 países. A cargo de la secretaría del Dicasterio –organismo similar a un ministerio gubernamental‒ para la Comunicación en la Santa Sede está el cura argentino Lucio Ruiz, que impulsa esta movida digital.
En el país, el fenómeno todavía es incipiente, pero crece rápido. Sacerdotes como Pablo Savoia y Adolfo Granillo Ocampo son dos caras de esa expansión.
Granillo Ocampo dice que es formal. Savoia confiesa que «los convencidos» lo aburren «soberanamente». Ambos son sacerdotes católicos que se destacan por su participación en redes sociales, cada uno con su estilo.
Savoia, 44 años, teólogo, técnico en Marketing Digital y párroco de Nuestra Señora de La Merced de Villa Ballester, en el Conurbano bonaerense, tiene casi 200.000 seguidores en Instagram. Es el que reconoce que le gusta «el barro», en referencia a los debates que pueden generar las interacciones en redes, y que le aburren los convencidos, ya que su público objetivo son personas que tuvieron alguna experiencia de fe en el catolicismo y que, en algún momento de la vida, se alejaron.

Granillo Ocampo. El sacerdote del Santuario Jesús Sacramentado de Almagro se define como «un comunicador nato».
Foto: redes sociales
Granillo Ocampo, 56 años, abogado y párroco del Santuario Jesús Sacramentado del barrio porteño de Almagro se define como «un comunicador nato», y propicia que sus mensajes «no tengan fronteras». Tiene seguidores en toda Latinoamérica, Estados Unidos, España, Italia, Noruega, y hasta en la India.
Cuida que sus mensajes ‒o reflexiones, como las llama‒ no provoquen polarización: «No me interesa polemizar ni confrontar». Le pasó un par de veces que se armaron discusiones entre sus seguidores, y no le gustó. Evita que haya peleas. Su lenguaje no es exaltado ni agraviante.
Los dos curas comenzaron su incursión digital en la pandemia. Savoia aclara que son evangelizadores digitales, no influencers, porque «un influencer puede ser católico, pero no necesariamente comunica cosas de fe».
Él comenzó haciendo el podcast Parresía ‒palabra griega que significa «hablar con audacia»‒, dirigido a personas de entre 25 y 50 años con un trasfondo religioso que se han alejado de la Iglesia, buscando una mirada más crítica y adulta sobre temas como la interpretación de la Biblia, el poder en la Iglesia o la sexualidad. A partir de allí, vio el crecimiento de su Instagram: «Me di cuenta de que estaba llegando a las personas que yo quería llegar, porque muchos por ahí me contaban su historia, por mensajes privados. Es maravilloso lo que pasa».
«Hay gente que me cuenta cosas que nunca le había contado a nadie», comparte, por eso gran parte de su tarea es tomarse el tiempo para responder a quienes confían en él. Esa retroalimentación tiene sus frutos en la vida offline, porque la gente lo reconoce, va a sus misas y le pide asesoramiento en cuestiones relacionadas con el catolicismo. Por ejemplo, una persona trans de zona sur del Conurbano quería bautizarse, y el padre Pablo buscó en esa comunidad un sacerdote que sea amigable y respetuoso de esa identidad.
El padre Adolfo quiere atraer a más personas a la Iglesia, sobre todo a los jóvenes. «Un mensaje en redes puede tener una llegada enorme. Y que alguien se pregunte algo en su interior ya es un montón. Quiero acercar a la gente a Dios y a los valores humanos».
Usa chistes de Mafalda. «Me gusta hacer pensar, y Mafalda habla mucho sobre la paz en el mundo, la justicia, la igualdad. También uso al Principito».
Asegura que no se mete en política. «Sí, todo es político, pero no me interesa la política partidaria. Como sacerdote tengo que cuidar que nadie se sienta expulsado. Si tengo que hablar de justicia social lo voy a hacer, pero no me voy a referir a ningún político. Sí me parece bueno que la gente se meta en política porque es bueno para la democracia».
El padre Pablo sí tiene posteos relacionados con la política. Ha respondido a algunos dichos del presidente Javier Milei. Aclara que reacciona «cuando el presidente se mete en cuestiones que son teológicas». Lo hizo, por ejemplo, cuando Milei hizo una libre interpretación del Evangelio hablando de las tentaciones de Jesús y dijo que el Estado es el demonio. Es uno de los posteos que tiene más vistas, junto a uno donde el sacerdote reflexiona sobre lo que es ser «provida».
«Hay fervientes defensores de la vida desde la concepción que están en contra del aborto, y yo pienso que el aborto no es una solución, pero también pienso que vos tenés que ser coherente. Si defendés la vida, buscas la justicia en la sociedad para todos y te interesa la pobreza, el chico que se está drogando, el que no tiene acceso a la educación. Si te interesa la persona, te interesa toda la persona, todo el tiempo y en todas sus dimensiones», explica.
Convive con los mensajes de odio (haters) porque los contesta solo cuando cree que hay intención de intercambiar ideas, porque sabe que en redes «lo que más vende es polarizar», y él no busca eso.
Para Savoia «la misión digital es crear un puente más accesible» para las personas que están en su comunidad de Instagram y que no van a la Iglesia, «pero hay algo que las conecta; están buscando sentido en la fe, y sería un gravísimo error imponer las normas».
Desde diciembre del año pasado la Conferencia Episcopal Argentina creó un secretariado de Misión Digital que está a cargo de Savoia. En el país hubo tres encuentros anuales de «evangelizadores digitales», en el primero en 2023 eran 27, en el del año pasado llegaron a 250.
Hay otros exponentes de este movimiento en Argentina, aún son un puñado, pero arañan el millón de seguidores solo en Instagram. Juampi Rosetti (51.000), Luis Zazano (65.000) Matías Jurado (447.000), Jorge Reinaudo (143.000) y la monja Josefina Cattaneo (155.000)
En un mundo atravesado por los algoritmos, la fe también compite por atención. La Iglesia se lanzó a hablar el idioma de las nuevas generaciones sin abandonar su mensaje. Y, la estrategia, al parecer funciona.
