Política | Adorni en el Congreso

Puesta en escena

Tiempo de lectura: ...
Demián Verduga

El cuestionado jefe de Gabinete brindó su informe ante los legisladores, aferrado a un guion y con el apoyo del presidente y el Gabinete en pleno. Polarización y datos engañosos en la esencia de su mensaje.

Adorni. El funcionario no respondió las preguntas acerca de la evolución de su patrimonio.

Foto: Getty Images

Polarizar. Esta receta para tratar de blindarse políticamente no la inventó el mileísmo. Es muy antigua. Fue la que utilizó el jefe de Gabinete Manuel Adorni en su presentación en la Cámara de Diputados. Apostó a la dialéctica kirchnerismo-antikircherismo, esa que tantas veces le ha dado resultado a la derecha, al menos para sostener un núcleo de respaldo en la sociedad, en ese sector para el cual el peronismo equivale a los nueve círculos del infierno de Dante Alighieri en la Divina Comedia

Adorni llegó al Congreso a las 8:30 de la mañana del miércoles 29 de abril. Estaba rodeado por un nutrido grupo de asesores. Tenía una expresión preocupada en su cara ovalada. Sin detenerse a saludar caminó por el pasillo directo al despacho del presidente de la Cámara Baja, Martín Menem. 

Un día antes había estado en el mismo recinto, sentado en el centro de la Cámara de Diputados. Las 257 bancas estaban vacías mientras el ministro ensayaba su intervención. Su objetivo era tratar de evitar errores que hicieran que su aparición desembocara en una nueva oleada de críticas hacia el Gobierno nacional.

El informe de gestión de Adorni, quien recuperó el tono altanero, fue una defensa a ultranza del gobierno de Javier Milei y ‒como se dijo‒ un intento constante de polarización con el peronismo, basado en datos cuestionables. Dijo que «por primera vez en 24 años la Argentina tuvo superávit fiscal sin estar en default». Retomó el discurso de «la herencia recibida» utilizando números grandilocuentes e incomprobables al estilo Milei. «El déficit público cuando llegamos equivalía a 15 puntos del PBI», señaló. Incluso defendió la decisión de no respetar leyes que fueron aprobadas por el Congreso por amplísimas mayorías, como las de Financiamiento Universitario y de Emergencia en Discapacidad. «El Congreso sancionó leyes que disponen gastos sin prever sus fuentes de financiamiento», afirmó. Y agregó que «esa omisión no es menor error».

Apoyo desde las tribunas
En el recinto, mientras Adorni hablaba hubo un clima caldeado. El operador libertario y diputado provincial bonaerense Sebastián Pareja, que es parte del «karinismo» en la interna oficial, había llevado decenas de militantes que se ubicaron en los palcos superiores para aplaudir, chiflar o gritar, según las necesidades del oficialismo. Unos pisos más abajo estaba la plana mayor de Gobierno apoyando al ministro coordinador. El presidente Javier Milei, su hermana Karina, los ministros Diego Santilli (Interior), Luis Caputo (Economía), Federico Sturzenegger (Desregulación) y el canciller Pablo Quirno, entre otros. Se ubicaron en los palcos contiguos legisladores provinciales y senadores nacionales, como Patricia Bullrich, jefa de la bancada de LLA en el Senado. Una puesta en escena del apoyo total ordenado por la secretaria general de la Presidencia.

La oposición cumplió con la estrategia que se había trazado: intentar que la sesión no se desmadrara para que Adorni no tuviera una excusa para levantarse y retirarse, acusando a los diputados del faltarle el respeto. Sin embargo, hubo momentos picantes. Uno fue cuando la diputada del Frente de Izquierda Myriam Bregman le dijo al jefe de ministros que «en la calle» le decían «aloe vera, porque cada vez le encuentran más propiedades». Otro ocurrió con la intervención del peronista Rodolfo Tailhade. «Su esposa usa la custodia para ir a la manicura, para llevar a sus hijos al colegio o ir reiteradas veces a la La Ferneteria, un bar de moda en el barrio de Palermo», disparó. El radical Pablo Juliano, por su parte, le remarcó al ministro coordinador que había tomado «el atajo del pasado», en referencia a la utilización del argumento de la herencia recibida. Y luego agregó: «La Argentina entera sabe perfectamente que usted tiene cosas para esconder». 

Milei no se quedó a respaldar a su jefe de Gabinete durante toda la sesión. Se retiró cuando Adorni finalizó el informe y antes de que comenzara a responder las preguntas. Eso sí, al salir del palco hacia el Salón de los Pasos Perdidos, donde suelen estar los periodistas, el presidente no pudo con su genio. Ante la primera pregunta les gritó: «¡Chorros!».

Hinchada. Milei atacó a legisladores de izquierda mientras Pettovello, Caputo y Karina Milei se divertían.

Foto: NA

¿Y ahora qué?   
Los gestos en política dicen más que mil palabras. El despliegue de toda la plana mayor del Gobierno en la Cámara de Diputados para respaldar a Adorni es una señal potente de que, al menos por ahora, la decisión es sostenerlo en su puesto. Es una convicción que dispara dos interrogantes centrales: ¿Por qué? ¿Para qué?

Ante la primera incógnita, la respuesta más nítida es que Milei y su hermana han tomado la cuestión Adorni como un desafío de poder.
Las denuncias por posible corrupción en contra del jefe de Gabinete tienen elementos que les dan verosimilitud. Por mencionar solo uno: las dos jubiladas que estuvieron dispuestas a prestarle 200.000 dólares, es decir, a no cobrar durante un año ese monto por el departamento que le vendieron. Es un dato que para los investigadores muestra que quizás se trate de posibles «testaferros»  y de una venta «ficticia». Son pistas que se deberán investigar. A pesar de esto, los hermanos Milei perciben que ceder a las presiones para que Adorni renuncie es un triunfo de sus adversarios.

En esa lista de enemigos no solo está el peronismo. También están incluidos sectores de establishment económico local que en este momento se enfrentan al Gobierno nacional por diversos motivos. Adorni es, entonces, un examen sobre la autoridad presidencial. ¿Es el primer Gobierno que entra en esta lógica frente a una situación similar? Claro que no. Es un tipo de pulseada tan habitual como los fideos con manteca.

Otro motivo para sostenerlo es la famosa teoría del «pararrayos». Mientras se hable de Adorni hay otros temas que pasan a segundo plano. Dos ejemplos: la causa Libra, que involucra de manera directa al presidente, y la investigación sobre las irregularidades en la Andis, en la que está incluida Karina. El pararrayos, sin embargo, puede tener un efecto paradojal. Pueden caer tantas descargas sobre él que termine generando un incendio que se expanda como en una pradera seca. 

Cuando salieron a la luz los vínculos del exdiputado de LLA José Luis Espert con el narcotraficante Federico «Fred»  Machado, el Gobierno apostó a sostener a Espert, que encabezaba la lista de diputados por la provincia de Buenos Aires, hasta que las encuestas mostraron que los costos eran demasiado altos. En este momento Milei atraviesa los niveles de rechazo más altos desde que asumió la presidencia, según todas las encuestas. Por supuesto que el motor principal de la caída en los sondeos es la situación económica de la mayoría de la población. Sobre esa base, el escándalo del ministro Adorni no parece ser una balsa que pueda ayudar a llegar hasta la orilla. En todo caso, es un salvavidas de plomo.

Estás leyendo:

Política Adorni en el Congreso

Puesta en escena

Dejar un comentario

Tenés que estar identificado para dejar un comentario.