29 de mayo de 2026
A 50 años del último golpe cívico-militar, el escritor Felipe Pigna publica un nuevo libro, 76, una extensa investigación alrededor del año que cambió la Argentina.

En el año del 50 aniversario del último golpe de Estado, el historiador Felipe Pigna necesitó, casi como un mandato personal, dedicarle un libro específicamente al año de su comienzo. Así surgió 76, una extensa investigación que reúne datos, testimonios y variadas y rigurosas fuentes, sobre ese oscuro año que todavía despierta curiosidad, pero al mismo tiempo espanto en la memoria de los argentinos.
«Yo viví esa época, era un adolescente en ese momento, y no podía dejar pasar por alto ese momento por una cuestión de compromiso generacional y personal», explica sobre las motivaciones para la edición de su último trabajo el autor de otras exitosas publicaciones como Los mitos de la Argentina, y también encuentra una conexión entre aquella época con la actualidad al afirmar que el plan económico de Milei viene a encarnar una continuidad bastante obvia: no hace falta ser Horangel para saber que va a terminar mal», vaticina.
«Yo no me reconozco en este país. Un país en donde el orgullo eran los médicos argentinos, la ciencia argentina, la educación; lo están destrozando.»
Por otra parte, anticipa que el próximo libro será dedicado al 78: «Otro año muy interesante, más allá del mundial», evento al cual, revela, «vino mucha menos gente de la que los propios militares esperaban», y que tuvo un nivel de «corrupción escandaloso, porque costó 500 millones de dólares de la época. España, cuatro años después, gastó la mitad construyendo el doble de estadios», agrega.
–¿Por qué comenzar antes del 76?
–Arranco en el 73 porque me parece que esos tres años son clave para entender cómo llegamos a la dictadura. No con un ánimo de justificación, sino de explicación, que para mí son antónimos. Cuando uno explica no está justificando, está explicando. Me pareció fundamental hablar de cómo llegamos, sobre todo en el año 75, donde ya se empieza a planear el golpe con el modelo represivo, el modelo económico, las reuniones de los golpistas civiles y militares y la puesta en práctica del modelo represivo. Y ya con todo en octubre del 75, el plan Rodrigo, que fue ideado por la gente que va a estar después con Martínez de Hoz.
–Esto sería la verdadera memoria completa ¿no?
–Y claro, por supuesto, yo estoy totalmente a favor de la memoria completa, pero completa. Porque en realidad lo que hace el discurso gubernamental libertario es hablar sobre todo de lo que pasó antes de la dictadura negando y reivindicando lo que pasó después. Entonces eso no es la memoria completa de ninguna manera. Yo acá hago una memoria completa porque hablo de lo que pasó antes, no omito ningún tema: la guerrilla, Perón, el desastre económico y la Triple A.
–Entre otras cosas que aparecen en el libro está el detalle del reparto de ministerios, municipalidades y diversas funciones. A veces se pierde de vista que estuvieron siete años en el poder. ¿Cómo eran los militares gobernando? ¿Eran torpes, ineficientes?
–No, no eran ineficientes, no. Eran tipos bastante eficientes. Eficientes para sus intereses, por supuesto. Había todo un organigrama con muchos civiles. Tenían hasta una especie de farsa del Congreso, que era la CAL, la Comisión de Asesoramiento Legislativo, donde había mucho abogado cercano ideológicamente a la dictadura. Había un secretario general de la Presidencia Civil, que era Ricardo Yofre, que venía del radicalismo balbinista. También, por ejemplo, está el tema de la lista de los desaparecidos. Cuando algún personaje importante del mundo, Videla o algún integrante de la dictadura requería a una persona puntualmente, esta aparecía a las 24 horas. Esto quiere decir que hay listas, que estaba clarísimo dónde estaba cada desaparecido, quién tenía el control, quién era el jefe. Es decir que la idea del caos que los beneficia, porque pueden decir, bueno, yo no puedo controlar todo lo que pasa, es una falsedad absoluta. Estaba todo bajo control, con zonas, subzonas, comandantes por zona y jefes operativos. En este sentido, hasta diría que había una burocracia del terror. Muy al estilo de lo que habla Hanna Arendt.
«Martínez de Hoz fue el jefe civil y un poco más también. Era un hombre con muchísimo poder, quizá más que Videla. Los militares fueron la parte instrumental de la represión.»
–Y otro detalle es por qué los militares no privatizaron las empresas, porque habían encontrado una jugosa caja.
–Por supuesto, esto me lo dice Martínez de Hoz. Lo entrevisté en el 95, cuando estaban Menem y Cavallo. Él me dice que estaba muy contento con lo que estaba pasando con el Gobierno, porque estaban completando lo que él no pudo hacer. Sobre todo, las privatizaciones, que él no pudo privatizar porque las empresas públicas, que eran muchas, eran verdaderos botines de guerra para los militares, que las vaciaron, cumpliendo un doble objetivo: por un lado, enriquecerse personalmente, porque eran cajas de corrupción escandalosas, ferrocarriles, Entel, fabricaciones militares y demás. Y vaciándolas para luego forzar la privatización. Cosa que se cumplió más adelante.

–¿Por qué decís que Martínez de Hoz fue el jefe civil de la dictadura? ¿Tanto poder tenía?
–Sí, claramente Martínez de Hoz fue el jefe civil y un poco más también. Era un hombre con muchísimo poder, quizá más poder que Videla. Los militares fueron la parte instrumental de la represión, pero un poco la decisión de a dónde había que enfocar esa represión tenía que ver con los civiles. Fijate que en no pocas fábricas funcionaron centros clandestinos de detención. Por eso, para mí lo correcto es hablar de responsabilidad empresaria y no complicidad. Acá hay responsabilidades. Por ejemplo, en Acindar, que era la empresa de Martínez de Hoz, funcionaba un campo de concentración desde julio del 75. En Ledesma también, de los Blaquier, en la empresa Ford, en la Mercedes-Benz. Fueron clave en que la represión se enfoque muy fuertemente en el sector sindical y el movimiento obrero. Además, Martínez de Hoz era uno de los más ricos y poderosos del país. Había sido ministro de Economía, asesor en la Libertadora, había estado con Guido, después estuvo con Onganía. Tenía empresas de todo tipo, campos, un terrateniente vinculado a la sociedad rural. Una persona que hoy diríamos del círculo rojo, muy pesado, muy importante.
–También está lo de la quema de libros. ¿Qué títulos se quemaron? Se ha mencionado el ejemplo medio ridículo de prohibir la teoría de conjuntos. ¿Eso realmente sucedió o es una exageración?
–Sí, eso sucedió. Ahí hay que entrar a hablar de la censura también, porque la censura fue absolutamente minuciosa, no fue para nada a la bartola. A mí me enoja bastante cuando dicen la «cuba electrolítica». Es cierto, se prohibió ese libro que en realidad estaba hablando de la cuba que se usa en química, pero ese es un caso raro. En general fueron muy minuciosos. Pongo en el libro el ejemplo de Haroldo Conti, desaparecido en mayo del 76. Su último libro fue Mascaró, el cazador americano. Y a ese libro los censores le dedican cuatro páginas en el expediente, donde comienzan diciendo «libro de extraordinaria calidad literaria». Y luego te desglosan por qué lo prohíben. Y ahí aparece que fomenta la empatía y los valores de la comunidad. Toda una cantidad de cosas que para nosotros son indiscutibles y positivas y que para ellos eran inaceptables. Pero quiero decir que eran muy prolijos en eso. Entonces, por un lado, se tomaba la decisión de sacarlos de circulación o no permitir su impresión, y, por otra parte, la quema.
«Milei viene a continuar el plan de Menem. El plan de la dictadura es el plan de Menem. Milei es el extracto francés, podemos decir.»
–Quienes te siguen saben que solés decir que «la historia no se repite, sino que continúa». ¿Milei viene a continuar el plan de la dictadura?
–Hay un problema de continuidad en la historia argentina, que si vos no modificás las causas, los efectos son parecidos. Entonces yo creo que acá el gran problema es que la democracia no ha terminado de modificar cosas clave como la distribución del ingreso o los niveles de pobreza extremas, que para mí son una gran deuda con la sociedad. Y Milei viene a continuar el plan de Menem. El plan de la dictadura es el plan de Menem. Milei es el extracto francés, podemos decir. Nunca me resultó tan fácil explicar el modelo Martínez de Hoz como ahora. La apertura irrestricta de importaciones, la renta financiera, el dólar barato, el cierre de fábricas. Milei hace exactamente lo mismo que hizo Martínez de Hoz. Un modelo que termina mal además, por supuesto, no hace falta ser Horangel.
–¿A Milei se lo podría comparar con alguno de nuestros próceres o figuras de la historia?
–No, es incomparable. Es decir, el nivel de psicopatía, de locura, de agresividad incluso, ¿no? Porque estos tipos, los milicos, no mostraban un orgullo de la crueldad. No estoy defendiendo nada, es para ver hasta dónde llega la locura de esta gente, que se muestran orgullosos de su crueldad. Como cuando Adorni salía a dar conferencias y decía «hoy echamos 30.000 empleados, y estamos muy contentos». Justamente, cuando viajo al exterior me preguntan, y a mí me da un poco de pudor hablar de Argentina, porque digo, no es mi país. Yo no me reconozco en este país. Un país en donde el orgullo eran los médicos argentinos, la ciencia argentina, la educación; lo están destrozando. Pero, bueno, esto es una anomalía y como toda anomalía se cae por su propio peso en algún momento.
