5 de junio de 2026
La gente cada día está más loca. Y con razón. Como las expensas del edificio aumentan todos los meses porque nunca falta un vecino al que se le pincha un caño e inunda el piso de abajo, se hizo una reunión de consorcio para ver la forma de bajar costos.
Como al encargado no lo podían jubilar con 42 años, ni ponerle una carpa en la azotea y alquilar el departamento de la portería, se pensaron otras alternativas. Doña Octavo B volvió a proponer poner un molinete en el ascensor y usar una Sube propia. Don Sexto A propuso cortar todos los servicios de mantenimiento y que, si se rompe algo, algún vecino lo arregle, argumentó que en You Tube hay tutoriales hasta para atarse los cordones de los zapatos. Doña Segundo C propuso que, para que el ascensor se use menos, la primera parada sea en el cuarto piso, ya que subir tres pisos por la escalera es lo que recomendaría cualquier médico. Cuando Don Quinto C propuso que, el día que vinieran a tomar el estado de los medidores, secuestramos a los tipos y se pide, como rescate, el monto de las facturas, me di cuenta de que estábamos todos muy pasados de rosca y decidí huir.
Salgo y justo me encuentro con un vecino oficialista, Pepe Serrucho, que venía con cara de masticar aluminio, y me dice:
–No es que nosotros estemos en contra del periodismo, pero el periodismo le hace daño a la gente. De lo único que hablan es de la cotidianeidad. Usted ve un noticiero, un portal, un diario y ahí están Adorni y su pasión por las propiedades, que no es pecado. Y al lado el tema de la cripto $Libra, y enseguida aparece el famoso y no olvidado 3%, seguimos con Spagnuolo y la plata de los discapacitados… y de yapa los préstamos del Banco Nación. ¡Una barbaridad!
–¿Qué cosa es una barbaridad? –pregunté de puro curioso.
–Que el periodismo muestre la pequeña cosa cotidiana que, en realidad, enmascara los grandes problemas estructurales del país, tales como la cuestión macroeconómica, el equilibrio fiscal…
–Yo tengo equilibrio pero, además, tengo hambre –dijo uno que pasaba por ahí.
Pero Pepe Serrucho seguía.
–Eso no es importante, lo único importante es el equilibrio fiscal, porque con el equilibrio fiscal se come, con el equilibrio se educa y se cura.
Como eso ya lo había escuchado antes en alguna parte, lo dejé a este enloquecido despotricando contra los periodistas, varios de los cuales habían salido y facturado del propio oficialismo libertario ma non troppo, y me las tomé.
Hago unos pasos y veo un grafiti que decía: «En el país de los corruptos el impoluto es un delincuente». Y creo que no se equivoca.

