Cooperativismo | ENTREVISTA

Cooperativas culturales en expansión

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María José Ralli

Con 1.000 experiencias activas, este sector se consolida en Argentina y a nivel mundial. Lo cuenta Adriana Benzaquen, del Programa de Cooperación Internacional de Culturas Políticas del CCC.

Difusión. «Lo que hacemos es acercar herramientas que existen, pero que muchas veces no se conocen».

Foto: Gentileza Adriana Benzaquen

Dentro del amplio universo de la economía social, el cooperativismo cultural ocupa un lugar cada vez más relevante y en la Argentina el fenómeno adquiere una identidad propia. 

Con más de 1.000 experiencias en funcionamiento y un crecimiento sostenido desde hace años, el sector apuesta a fortalecer la producción simbólica y el trabajo colectivo y a la vez se proyecta como un actor económico estratégico. 

En ese camino, la internacionalización aparece como la posibilidad de dinamizar el intercambio entre pares, promover el desarrollo de las economías sociales y consolidar una perspectiva basada en la soberanía cultural, la cooperación y la justicia territorial. En diálogo con Acción Adriana Benzaquen, coordinadora del Programa de Cooperación Internacional de Culturas Políticas, del Observatorio del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, analiza este proceso, el rol de las políticas de acompañamiento y los desafíos de un movimiento que no deja de expandirse.

¿En qué líneas de trabajo están enfocados actualmente desde el Observatorio?
–Venimos trabajando desde hace varios años en el acompañamiento a las cooperativas de las industrias culturales y de la economía del conocimiento. En ese camino desarrollamos un trabajo muy cercano, con bandas de música, experiencias de videojuegos, el sector editorial y distintas actividades que se han conformado como cooperativas.

Para ellas estamos acercando información sobre los beneficios que ofrecen distintas instituciones que apoyan el desarrollo del movimiento cooperativo, además del Instituto y del Centro Cultural.

Invitamos a referentes del Instituto Provincial de Asociativismo y Cooperativismo –IPAC– de la Provincia de Buenos Aires y del Banco Provincia para que presenten opciones financieras, créditos, subsidios y apoyos específicos que se están otorgando para fortalecer el trabajo de las cooperativas culturales.

Hoy muchas tienen dificultades para crecer o acceder al crédito y estas instituciones cuentan con herramientas financieras con tasas subsidiadas y condiciones preferenciales. Por eso compartimos esa información con referentes de la música, los videojuegos y el sector editorial, para facilitar su acceso a instrumentos que les permitan seguir creciendo.

El acceso al financiamiento aparece como una demanda central del sector…
–Exacto. Lo que hacemos es acercar herramientas que existen, pero que muchas veces no se conocen. También estamos en el proceso de acceso y si necesitan asistencia técnica se brinda acompañamiento para facilitar ese camino.

¿Estas iniciativas tienen alcance federal?
–Sí, tienen una perspectiva federal y si bien algunas actividades fueron presenciales en el Centro Cultural de la Cooperación, con participación de experiencias de Ciudad y Provincia de Buenos Aires, la información está disponible para cooperativas de todo el país. Las federaciones existentes cumplen un rol clave para hacerla llegar a otras regiones.

¿Qué datos manejan sobre el crecimiento del cooperativismo cultural?
–Desde el observatorio relevamos que existen más de 1.000 cooperativas de las industrias culturales. En los últimos cinco o seis años casi se duplicó la cantidad que se había conformado en las cinco décadas anteriores. Es un crecimiento muy importante y también marca un récord en América Latina. En Chile hay cerca de 80 cooperativas culturales y en Uruguay menos de 100. Que Argentina supere las 1.000 la posiciona como referencia regional, con herramientas y políticas que otros países observan como modelo.

Ese crecimiento también se refleja en las bandas…
–Sí, muchas de las bandas que nos gustan como la Delio Valdez, La Chancha Muda, Los Espíritus, Los Raviolis o Bersuit, son cooperativas que además de organizarse de ese modo, comparten esa experiencia con su público e invitan a otras iniciativas a que se incorporen al movimiento cooperativo y por eso desde el Instituto y el CCC vamos a seguir acompañándolos para que crezcan y difundan su producción porque sabemos que en un contexto económico complejo, la salida es cooperativa.

También están impulsando la internacionalización del sector. ¿En qué consiste?
–Estamos desarrollando un programa exportador para acompañar la proyección internacional del trabajo de estas cooperativas. Buscamos que bandas, artistas, espacios y trabajadores culturales puedan mostrar su producción en el mundo y para eso generamos apoyos que faciliten la movilidad, la participación en eventos internacionales y otras instancias de circulación.

¿Y cómo se implementa este programa?
–Este año vamos a lanzar dos convocatorias. Por un lado, un catálogo para visibilizar las mejores experiencias de cooperativas culturales en ferias, festivales y mercados y por el otro, un apoyo a la movilidad para que puedan viajar y participar en eventos internacionales. Además, organizamos una misión comercial para que el sector esté presente en el Micsur, el Mercado de Industrias Culturales del Sur, que se realizará en noviembre en Paraguay.

¿Tienen planeadas nuevas instancias de encuentro a nivel local?
–En noviembre, en la previa del Micsur, vamos a hacer una nueva edición de Marca, la plataforma Cooperativa de la Economía Cultural y del Conocimiento, en el CCC, con carácter internacional y vamos a contar con la participación de federaciones y cooperativas de Argentina, Chile y Uruguay, con quienes estamos construyendo un corredor de circulación cooperativa.

También estamos trabajando para que cooperativas de distintas provincias estén representadas, fortaleciendo una mirada verdaderamente federal con lo que llamamos la «caja de herramientas», que son guías prácticas para su conformación, herramientas de gestión y materiales para acceder a financiamiento, crédito, subsidios y programas de circulación y promoción, que se elaboran en conjunto con federaciones del sector.

Más allá de lo productivo, ¿existe una identidad compartida en estas experiencias?
–Sí, Marca se consolidó como una comunidad y hoy es un espacio de construcción colectiva desde donde pensamos cómo fortalecer el movimiento cooperativo y cómo vincularlo con la sociedad. A través de convenios con universidades y sindicatos, por ejemplo, se generan beneficios para el público, como descuentos en actividades culturales y hoy es una comunidad que trasciende al sector y acerca el cooperativismo a la sociedad.

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