10 de junio de 2026
Nacida hace 30 años, Cooperar 7 de Mayo es una entidad solidaria pionera en el movimiento de empresas recuperadas. Con un presente complejo, hoy apuesta a la diversificación.
Crecimiento. Con dos sedes en la ciudad y una radio propia, Cooperar 7 de Mayo brinda un gran abanico de servicios para la industria y la construcción. (Fotos: Mauro Díaz)
«No estamos en el mejor marco de celebración de nuestros 30 años, ni en el mejor momento de nuestra historia, pero hemos atravesado muchas crisis y hemos salido adelante». Cristian Horton, presidente de la cooperativa Cooperar 7 de Mayo, habla con la tranquilidad de quien conoce la fortaleza de su entidad, que es común a la mayoría de las empresas de la economía social: en una cooperativa, lo primero son las personas, ese es el principio que rige el día a día. En la actualidad, dice, lo primordial es conservar las fuentes laborales y dar pelea en un contexto económico que prioriza el negocio financiero y atenta contra la producción nacional. «Cuando arrancamos con esto lo hicimos para tener trabajo, el valor más grande de estos 30 años es ver a los trabajadores que pudieron permanecer, progresar, tener su casa, armar sus familias. El valor está ahí, no en el capital que tiene la cooperativa sino en todo lo que pudo hacer».
Ubicada en Villa Constitución, provincia de Santa Fe, la entidad fue diversificándose. Comenzaron hace tres décadas dando servicios a Acindar, la gran empresa siderúrgica de la zona, pero con el tiempo ampliaron su actividad a otros servicios vinculados a la industria y la construcción de obras civiles. Varias unidades productivas que hoy le permiten sostenerse ante la abrupta caída de su actividad principal, la logística de metalmecánica.
«Muchas de nuestras unidades productivas fueron parte de un proceso de reconversión tecnológica anterior y hoy están consolidadas y le dan trabajo a mucha gente. Ahora, el núcleo nuestro, que era el servicio a una empresa como Acindar, está disminuido en un 60% respecto de lo que estábamos trabajando dos años atrás», señala Horton.
La cooperativa también tiene servicios de comunicación, ya que cuenta con su propia radio, FM Cooperativa 97.7, con una programación que prioriza los contenidos locales y la mirada de la economía social y que también «pasa música que no taladra los oídos», dice el entrevistado con una sonrisa. Asimismo, cuentan con otras prestaciones que mejoran la calidad de vida de sus asociados, como un centro propio de medicina laboral, una proveeduría interna y líneas de crédito.
Hace unos años ocurrió otro gran hito: compraron 115 hectáreas en Empalme Villa Constitución (a pocos kilómetros del centro de la ciudad) y 260 asociados pudieron acceder a un terreno para construir sus viviendas. «Respondimos a una demanda social, muchos asociados jóvenes no tenían casa propia. Pudimos lograr que no caigan en la usura del negocio inmobiliario», cuenta Horton. La urbanización fue ejecutada por la propia cooperativa, hicieron el barrio desde cero: calles, iluminación pública, desagües pluviales. Los terrenos fueron entregados en 2018 sin cargo, ya que toda la obra se había pagado con excedentes de los años anteriores. Pero, además, ese fue el laboratorio de ensayo para luego brindar servicios de urbanización a otros clientes, algo que hoy es una rama central de su actividad.
Origen de lucha
Cooperar 7 de Mayo nació en otra crisis: fue constituida por empleados tercerizados de Acindar en una década bisagra en la historia argentina, los años 90. «Nuestro origen es en el puerto de Acindar, descargando barcos. Corría el año 95 y éramos empleados tercerizados, un fenómeno que se empezó a ver en esa época, que consistía en cerrar áreas auxiliares de las empresas y reabrirlas con otras empresas denominadas “especialistas”».
El puerto de Acindar, donde se cargaban barcos para exportar, se reabrió en 1995 después de haber sido cerrado en 1991 tras un gran conflicto, dejando a 100 trabajadores en la calle. La reapertura fue con un plantel similar, pero flexible a la demanda. «Cobrábamos según lo trabajado, sin siquiera un sueldo básico, en un esquema que traía alta conflictividad», recuerda Horton. Entonces, representantes locales de la Unión Obrera Metalúrgica plantearon la estrategia de recuperar fuentes de empleo ayudando a los trabajadores a formar su propia empresa. Comenzó a tomar forma la idea de la autogestión. «A fines de 1995, entre conflictividad y asambleas permanentes, se originó una mesa de consenso con el gremio de la UOM, que lideraban en ese momento Alberto Piccinini y Victorio Paulón, la histórica Lista Marrón», recuerda Horton.
La propuesta era dejar de ser contratados por una empresa de recursos humanos, como sucedía hasta el momento, y brindar servicios de carga y descarga como empresa autogestionada. «El sindicato nos dio el apoyo técnico, contadores, abogados, sistema administrativo y nosotros nos dimos una estrategia de gobernanza para elegir a los representantes, de esos iban a salir los directivos de la empresa, fue un proceso muy rico». En Santa Fe no había en ese momento cooperativas de trabajo ni empresas recuperadas, un fenómeno que estalló muchos años después. Cooperar 7 de Mayo fue, en ese sentido, pionera.
A principios de 1996, con todo listo para comenzar, la iniciativa no se concretaba, desde el puerto evadían el asunto. «Y llega el 7 de mayo de ese año y un día épico: teníamos que entrar a cargar un barco que estaba en el puerto y ese día fuimos todos al correo a mandar la renuncia a Manpower, la reclutadora de personal que nos tenía contratados. Luego tomamos posición en el puerto pero, como habíamos renunciado todos, no había quien cargue el barco. Ahí fue cuando tomaron la decisión de que nosotros comencemos nuestra actividad operativa como empresa autogestionada, producto de esa medida de fuerza y ese día queda grabado como nuestra fecha de cumpleaños».
Esta conquista los conecta con la tradición de lucha obrera que tiene Villa Constitución, donde aconteció el denominado Villazo, huelga emblemática acontecida en 1975, donde Piccinini también fue una figura central. «El gremio tiene en nuestra localidad una historia revolucionaria, de transformaciones, de haber perdido muchas vidas en los años 70, un fuerte contenido ideológico que llevó a sus dirigentes a la cárcel y a la pérdida de vida de muchos compañeros y compañeras», recuerda Horton.
Ese 7 de mayo comenzó un proceso de aprendizaje, pero también de dificultades, disputas, el funcionamiento autogestivo presentaba sus desafíos. «Pero pudimos lograrlo y la crisis de 2001 nos encontró ocupados, no desempleados. Contenidos, no cortando una ruta. Bajo el paraguas no solo de un gremio, sino de un esquema solidario de trabajo», dice Horton.
Consolidarse y crecer
Cooperar 7 de Mayo tuvo un momento de gran crecimiento cuando el modelo económico cambió, a partir del 2003. «Cuando la economía se puso al servicio de la producción, fuertemente, durante una década, nosotros también aprovechamos para consolidarnos, fortalecernos, salir de las deudas, del colapso de 2001».
Después de 2003, Horton recuerda que hubo «un boom de trabajo, el puerto explotó, cargábamos barcos todo el mes, el mercado interno consumía, crecía la construcción, las automotrices, todo este círculo que se da cuando vienen estos ciclos». El consumo de hierro fue uno de los rubros que más creció y Cooperar, inserto en ese esquema de producción, logró pagar las deudas, hacer inversiones. «La mitad de los excedentes se reinvertían en capital de trabajo, máquinas, vehículos, eso generaba más puestos de trabajo, entraban pibes nuevos, eso hizo crecer mucho a la cooperativa». Los frutos de las inversiones generaban más excedentes y así más posibilidades de crecimiento, un círculo virtuoso que les permitió expandirse. «Llegamos a ser 300 trabajadores, hicimos incluso un consorcio de cuatro cooperativas para dar respuesta a la gran demanda».
El universo de la economía social, sus instituciones y dirigentes fueron otra pata fundamental. La Federación de Cooperativas de Trabajadores (Fecootra) y figuras como las del dirigente José Orbaiceta fueron clave para generar lazos, capacitarse, conocer otras estrategias. «Empezamos a participar en Fecootra, salimos de la fronteras de Villa, conocimos experiencias como las de Mondragón (España), eso nos dio otra perspectiva». A nivel local, se vincularon con la filial del Banco Credicoop, entidad con la que mantienen un estrecho vínculo comercial e institucional.
En 2022 sucedió el corolario de este proceso de crecimiento y reconversión. Inauguraron una gran nave en el parque industrial de Villa Constitución, un predio de 10.000 metros cuadrados, donde centralizaron la actividad productiva. Esto se realizó con fondos propios, del INAES y el apoyo del Ministerio de Trabajo.
En una recorrida por el imponente predio, pueden verse distintas unidades productivas. Allí se realizan, por ejemplo, el acondicionado de barras laminadas y de construcción, fraccionado de alambres y productos para el campo, y otros servicios para la producción industrial. También se encuentran en el lugar las maquinarias y vehículos que se utilizan en obras civiles, movimiento de suelos y logística marítima y terrestre.
Horton remarca que el fuerte de la entidad es ser eficientes, estar atentos a las oportunidades y buscar siempre la diversificación. Mientras camina entre grúas, palas mecánicas y rollos de alambre, cuenta que expandieron las fronteras y hoy brindan servicios en localidades como su vecina San Nicolás, o Rosario (ubicada a 60 kilómetros), además de otras del conurbano bonaerense, realizando urbanizaciones y montajes de naves industriales. Todo el detalle de los servicios de la entidad puede verse en su página web, cooperar7demayo.com.ar.
En un contexto de ajuste, sostener a los asociados es primordial. «La mayoría de las empresas de esta zona achicaron planteles con retiros voluntarios, nosotros lo hicimos, pero en menor medida. Hoy somos 115, pero con una capacidad ociosa muy grande, arriba del 50%». Y allí se ponen en juego una vez más los valores del cooperativismo. «Mantenemos nuestros principios, nuestra forma de administración interna, mantenemos los escalafones del personal con la capacitación que tiene cada uno. Los ingresos se han achicado proporcionalmente, no teníamos malos ingresos, pero se han achicado. Hay pleno consenso de que esa es la lógica, pero no quiere decir que no estemos sufriendo los efectos de una economía puesta al servicio de lo financiero, a la que no le interesa las economía regionales, salvo la minería y energía», advierte Horton. Y concluye: «Sin una economía puesta al servicio de las personas, no se puede. Alguien tiene que generar las condiciones macroeconómicas para que el esfuerzo valga la pena».





