De cerca

Carnaval toda la vida

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Gabriel Plaza

La murga uruguaya Agarrate Catalina celebra 25 años de sensibilidad arrabalera, pinceladas humorísticas y rimas filosas cantadas a coro. El enfoque cooperativo y social, según el director Yamandú Cardozo.

El bar Las Flores queda en la esquina de Bulevar España y Constituyente, en el barrio Cordón de Montevideo. Este lugar de grandes ventanales, horno de pizza a la vista, recuerdos de fútbol en las paredes, con habitués que conversan en voz alta, es el refugio natural de Yamandú Cardozo, director responsable de la agrupación murguera Agarrate Catalina, que este año cumple 25 años y lo celebrarán con el concierto del 8 de diciembre en el Teatro Gran Rex, y antes, el 10 de septiembre, en el Antel Arena de Montevideo, una jugada grande para una murga.

«Los sueños imposibles que ni siquiera nos atrevimos a soñar se volvieron nuestro mapa habitual. Pudo haber otros que trabajaron con el mismo amor y rigor y no les pasó. Tuvimos la suerte generacional de que nos agarró cuando podíamos dedicarnos a esto. Si a nosotros nos llegaban las primeras invitaciones para ir a la Trastienda cuando teníamos 40 años capaz que decíamos que no, pero pudimos», cuenta.

Es un jueves por la tarde y Yamandú repasa la historia de Agarrate Catalina. Para atemperar el frío, se pide una medida de whisky y una porción de fainá. Es un habitué reconocido por el mozo, que lo saluda y le toma el pedido desde la barra. Acá todo es tranquilo. No hay lugar para el exitismo después de aparecer en el Tiny Desk, el especial de YouTube de la NPR, la radio pública estadounidense, que se transformó en una plataforma musical de alcance global. Hasta ahí llegó la murga de la mano del artista Milo J, con un especial que tiene hasta el momento más de 12 millones de visualizaciones.

Ahí, en las oficinas de esa radio pública, donde quedaron un gorro y un parche de la Catalina, plantaron una bandera rioplatense. Yamandú Cardozo recitó una glosa que escribió a pedido del propio Milo J, en una casita de una playa a 60 kilómetros de Montevideo, que salió de un tirón y que después fue replicada miles de veces en las redes sociales. Esa que dice: «Venimos del sur del tiempo/ de un edén en los suburbios/ pardos, mestizos y rubios/ trepados al mismo viento».

Yamandú recuerda algunas escenas en el Tiny Desk, su cara de goce total transformada en meme en las redes, y esa secuencia donde a todos se los ve disfrutando en «Solidifican12», como en un carnaval de barrio, y se emociona. Bebe un sorbo de whisky, mira al fondo del vaso, como buscando respuesta de todo lo que sucedió, y de todo el camino recorrido con la Catalina. «Nosotros hemos pisado el mainstream, pero viniendo de un gueto como la murga. Es el nicho del nicho y, sin embargo, salimos», dice.

Agarrate Catalina es una de las murgas que ya hicieron historia. Debutaron en 2003 en el concurso de carnaval de Montevideo y desde entonces ganaron cinco primeros premios. Es una de las agrupaciones que más trabajan durante todo el año: encontraron otra forma de vida tocando en el exterior y también en teatros, por fuera del circuito carnavalero. En la Argentina, actuaron por primera vez en 2006. Ocho años después llegaría una gira mundial por Australia, Egipto, Estados Unidos, Israel, Turquía, Alemania, Tokio y Seúl.

«Han pasado cosas increíbles», dice Yamandú. No quiere hacer un ranking, pero enumera un montón de situaciones que vivió La Catalina. El día que Manu Ginobili puso en un tweet «qué semana para estar en Buenos Aires y ver a la Catalina». «La música le llegó por Adrián Paenza y Bielsa, y nos escuchaba cuando estaba en San Antonio», explica. El día que cantaron en La Sorbona de París. «Ir con nuestro arte arrabalero, marginal, apócrifo a uno de los salones más respetados de la cultura académica fue muy emocionante». El día que salió una nota en el diario Granma de Cuba cuando tocaron en 2009, donde «había todo un análisis sobre la música de la Catalina y estaba ahí, en el diario de la revolución cubana».

El día que las Madres de Plaza de Mayo los invitaron para el 35 aniversario de las rondas. «Nos llamaron porque querían cantar con la Catalina, y ahí estaban Hebe y las otras madres subiéndose a cantar. Se habían sacado sus pañuelos y se pusieron unos sombreros de cotillón y se maquillaron para jugar a ser murguistas. No fue masivo, pero fue una de las cosas más conmovedoras de la vida», afirma. «Los sueños cumplidos ganan por goleada», resume Yamandú.

Hace unas semanas, tocaron en el Anfiteatro de Verano con Rubén Rada y León Gieco, dos de sus héroes artísticos. «Compartir con ellos es una tremenda enseñanza. Estamos obligándonos a fingir demencia y no estar preguntándoles cosas todo el tiempo como unos pesados», cuenta el letrista. La historia de Agarrate Catalina empezó en 2001 como toda murga barrial, inspirada por otras agrupaciones de corte social, como las que forman parte del barrio obrero de La Teja. Si la murga tiene crítica y humor, la Catalina le encontró una vuelta más, una poética humanista y sensible, un humor ácido, una reflexión política profunda sobre lo cotidiano y el mundo, que recibió el elogio del propio presidente Pepe Mújica, que una vez les hizo un llamado telefónico para felicitarlos. «La pelea y la trinchera, ahora está en la cabeza y ustedes están dando esa batalla ahí mismo», les dijo.

Foto: Gody Mex

Este año es intenso para la murga cooperativa, que tiene unos 30 integrantes, entre el elenco fijo, los que forman parte, pero no están en todos los conciertos y se suman como recambio, las suplencias, y los históricos que no están en la cotidiana, pero que son invitados, o participan en algunas presentaciones importantes. Al espectáculo Terapia de murga, con Rada, le sumaron la gira con Milo J, en los shows de estadios, para el que armaron un coro especial de siete integrantes, y una versión reducida de cinco para participar del Tiny Desk en Washington DC.

«Estamos en ese proceso de cantar, de presentarnos en lugares nuevos, no habituales para la murga. Es muy loco, pero nunca habíamos planeado algo así como tocar en el estadio de Chile con Milo J, y después el Tiny Desk. Es raro y muy disfrutable», dice uno de los tres hermanos Cardozo que integran la murga.

–Esta modalidad de coro no es nueva.
–La Catalina lo había adoptado para colaboraciones con un montón de artistas. Tenemos un plantel grande. Está la gente para laburar en carnaval, porque su vida no le permite moverse de Montevideo. Muchos trabajan de otras cosas. Está el que va a laburar con purpurina al otro día, o llega al ensayo sacándose la corbata y cae con el maletín o el mameluco. Hay gente que está sí o sí, pero también vamos rotando de integrantes, según las necesidades artísticas. Es un esquema cooperativo, pero al que siempre estamos buscándole la vuelta. Mi sueño es que funcionemos como una compañía artística, y que cada uno tenga su salario calculado en base a lo que le entregas al colectivo.

–¿Cómo funcionan cooperativamente siendo un elenco artístico?
–Siempre le buscamos la vuelta, haciendo reglamentos que después terminan aboliendo otros reglamentos nuevos. En la parte musical la referencia máxima es Tabaré Cardozo, pero ahora también están Martín Cardozo y El chino Eder Fructos, o Rubén Monzón, que también se suma. En la escritura estamos Tabaré y yo como referencia, pero con el aporte de un montón de integrantes como Rafa Cotelo. También está mi figura de director responsable, sobrevolando, para ser usado en un caso de desempate. Si escribimos una cosa que nos parece genial, pero la traemos al grupo y no funciona, por postura del colectivo, se revisa y se reformula. El finalista de obra termina siendo el colectivo.

–Con Tabaré hacen las letras. ¿Se pelean mucho?
–En realidad, nos peleamos para que vaya la idea del otro. Nos tenemos que desprender de lo individual, aunque con Tabaré hay un criterio en común porque somos hermanos, pero también tenemos miradas distintas, o más estilísticas. Tuvimos que entrenarnos. Saber que si uno trae algo, el otro puede romperlo para construir otro Frankestein. En la murga no hay problemas con eso, pero a veces nos va la vida en una cuarteta. Somos apasionados.

–Esta cooperativa artística parece un buen ejercicio para una sociedad utópica, en un punto.
–Pasa que es nuestro mundo a escala. Eso tiene que ver, en nuestro caso personal, con la historia de nuestra familia. Nuestros padres han dedicado su vida al laburo social y a trabajar con la gente de nuestro barrio, donde hemos vivido. Le han dado su tiempo y su amor, se han deslomado poniéndole el cuerpo a eso y creo que no es casualidad que la Catalina surja de ahí, que sea un grupo que apuesta por lo colectivo, por lo comunitario.

–Cumplen 25 años y se especula con la vuelta al concurso de Carnaval, donde no se presentan desde 2022. ¿Es así?
–Fue un año muy movido y promete serlo mucho más. Vamos a hacer un disco con la excusa de los 25 años, y un material audiovisual. Estamos laburando alrededor de la historia de la murga y viendo la posibilidad de hacer un claro entre la gira y las colaboraciones, para evaluar efectivamente si tenemos chance de armar un espectáculo nuevo para presentarlo en carnaval. Lo estamos extrañando.

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