Política

El relato y sus límites

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Alberto López Girondo

El revés parlamentario, la movilización popular, las advertencias de la Iglesia y el malestar por el rumbo económico configuran un escenario complejo para profundizar la agenda desreguladora, objetivo del Gobierno.

En defensa de la tierra. Una multitud en Buenos Aires, antes de la represión que se desató en la noche del jueves.

Foto: Guido Piotrkowski

La brutal represión a la masiva y pacífica manifestación de este jueves frente al Congreso de la Nación, bajo una lluvia por momentos torrencial, no alcanzó para disimular la derrota del Gobierno en su intento por aprobar otro paquete de leyes que atentan contra la soberanía nacional de modos que pretenden imposibles de revertir.

Además, no fue la única expresión de rechazo. Hubo marchas en decenas de ciudades y pueblos del país, varias de ellas, multitudinarias.

El gesto de Javier Milei en su llegada a Cali para la asunción del nuevo presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, otro socio regional de las ultraderechas, decía más que mil palabras sobre el impacto de esta semana en el proyecto de desguace del Estado que lleva adelante el inquilino de la Quinta de Olivos.

Y todavía no se había iniciado la marcha desde la iglesia de San Cayetano, donde el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, recordó: «Este pueblo argentino sigue creyendo que el trabajo es dignidad, sigue creyendo que el trabajo nos reconstruye como personas, el trabajo nos hace protagonistas de nuestra propia vida». En momentos en que la desocupación y la pobreza crecen –a pesar de los dibujos estadísticos que ensaya el oficialismo– esta frase suena casi revolucionaria.

El mensaje de García Cuerva engarza con un análisis inquietante de otro religioso, el sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga, fundador del Instituto Universitario CIAS (Centro de Investigación y Acción Social), investigador adjunto del Conicet y uno de los que más conoce el entramado del Conurbano bonaerense por haber caminado sus calles y escuchado a sus habitantes. En un llamativo coloquio que se desarrolló en el Auditorio Malba de la Ciudad de Buenos Aires con el auspicio de los diarios Clarín y La Nación y organizado por la Fundación SMS, la Universidad de Saint Gallen y la embajada de Suiza bajo el título «Repensar Argentina», Zarazaga dejó algunas reflexiones que pegan de lleno en la responsabilidad de las elites nacionales en la crisis recurrente que padecen los pobladores de a pie de estas comarcas. Situaciones que las derechas más recalcitrantes atribuyen a «100 años de decadencia» que coinciden no casualmente con el triunfo de Hipólito Yrigoyen, el primer presidente elegido por voto secreto y obligatorio.


Elites
Para dar un contexto, digamos que previamente se había presentado un informe de la mencionada universidad suiza junto con la Fundación para la Creación de Valor (FVC, en inglés), el Elite Quality Index (EQx), que evalúa el desarrollo de un país en base a la calidad de sus elites políticas y económicas. En otros contextos se las llamaría «oligarquías», pero no viene al caso. El estudio determina una caída en un año de 18 puestos en el ranking mundial y de 34 en el último trienio, dejando al país en el lugar 104, debajo de Tayikistán, Bolivia y Turkmenistán por nombrar los más cercanos. De la región, solo figuran abajo Honduras, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Venezuela.

En su intervención en el coloquio, Zarazaga dejó algunas frases reveladoras sobre cómo se comportan las elites argentinas:

«Si la elite económica solo va a pensar en su presente y en su sector, va a ser extractivista. No hay otra posibilidad.»

«Tenemos un problema: el Conurbano no entra en Vaca Muerta. A veces pareciera que esperamos que ese 40% simplemente desaparezca, pero no va a desaparecer, porque nadie se resigna a no comer.»

«Si la élite no es capaz de proponerle un futuro a Matías (un chico que cartoneó desde los 14, estuvo preso y a los 18 años le dijo al jesuita que no tiene futuro), no tenemos ninguna posibilidad de desarrollo.»

«¿(…) En serio la propuesta que tenemos para una reforma del país es que empecemos por bajar los impuestos? ¿Eso es lo que le vamos a decir a Matías? ¿Le pedimos paciencia al que no desayunó, pero nosotros tenemos apuro en la baja de impuestos?»

Dijo más, como cuestionar que su propia elite, la religiosa, tuviera como salida a la crisis pedir planes sociales, cuando «lo que más quiere la gente en una villa es no depender de un puntero, poder ir a la escuela, terminar el secundario y acceder a un trabajo». Vale la pena ver acá su discurso completo e incluso todo lo que surgió en ese evento.

Blanqueos fiscales
Claro, el apuro por bajar impuestos y elaborar leyes de blanqueos fiscales periódicos o de incentivos fiscales sumamente generosos parecen una regla en una gestión decidida a quemar las naves antes de que los vientos cambien; pero todo indica que desde la sábana con el reclamo por Malvinas en Atlanta hay otro escenario. Y eso se manifiesta en el mayor nerviosismo de las figuras más relevantes de este experimento «extractivista» al decir de Zarazaga. Milei ya es un clásico del insulto fácil y la guarangada, que en la semana que pasó le costó la casi ruptura de relaciones diplomáticas con Brasil por su irrefrenable ambición por mostrarle a la administración Trump que es el mejor capataz para la región. Pegarle a Lula da Silva en su propio territorio para favorecer a Flavio Bolsonaro puede ser un buen gesto si la única aspiración de un dirigente es apenas esa, pero para el país las consecuencias pueden ser graves.

Otro que se está pasando de grosero es el ministro de Economía, Luis Caputo, responsable de la deuda que mantiene el país con el FMI desde su primera incursión en ese rubro, en 2018, hasta ahora. Copiando el estilo altanero de Milei, en un acto organizado por la Cámara de Agentes de Bolsa en el Hotel Sheraton, mostró cifras –con su habitual grado de veracidad– sobre actividad industrial en los últimos años «para todos los tarados que hablan de la industria». Es el mismo Caputo que prometió en abril «los mejores 18 meses» y llamó a comprar dólares con la frase «no te la pierdas campeón». La UIA, a todo esto, apenas pudo esbozar un suave mensaje de ¿enfado? ¿contrariedad? ¿desencanto? Solo los industriales santafesinos estuvieron algo más a la altura de la provocación. «La descalificación y el agravio no constituyen una respuesta a los problemas que atraviesa el aparato productivo».

Rechazo parcial
Esta escalada de prepotencia oficial –replicada a granel por las granjas de trols paraestatales en las redes y en sus programas de streaming– chocó en el Senado nacional con el rechazo parcial al proyecto de ley titulada de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Una aparatosa iniciativa que, entre otras cosas, proponía la enajenación de tierras a extranjeros sin límites y modificaba la Ley de Manejo del Fuego. Quedaron afuera ambos capítulos, pero se aprobó la parte relativa a procesos de desalojo, regulación de expropiaciones y trámites del Registro del Inmueble. En todos los casos, la presunta «inviolabilidad» no era sino una normativa que garantiza impunidad a cualquier propietario, que quedaría protegido por tribunales internacionales. Para bloquear así acciones como las que permitieron la recuperación de Aerolíneas Argentinas e YPF, por ejemplo. O sea, atar de manos a cualquier Gobierno futuro, para lo cual ya avanzan con la reforma de la carta orgánica del Banco Central, el generosísimo RIGI, el «tapón fiscal» para impedir investigar a evasores consuetudinarios que blanqueen cada tanto sus «picardías» y así.

Milei, mientras tanto, visitó a Daniel Noboa en Ecuador, con quien firmó acuerdos de seguridad para combatir el «terrorismo», siguiendo el esquema dictado desde el Departamento de Estado. En Cali, Colombia, se reunió con el canciller israelí y renovó los lazos con el Gobierno de Benjamin Netanyahu, ahora más inmerso en la región con la llegada de De la Espriella al Palacio Nariño.

La semana pasada, además, se confirmó la gira de León XVI a Uruguay, Argentina y Perú entre el 6 y el 17 de noviembre. Otro palo para las elites nacionales que, por sus grietas insalvables, dejaron pasar la ocasión de que el papa Francisco pudiera visitar la tierra que lo vio nacer. Pese al intento del canciller Pablo Quirno de adjudicarse la llegada del Robert Prevost, todo indica que puede ser una visita incómoda para el Gobierno si se tiene en cuenta la posición de la Iglesia Católica que viene siendo crítica del modelo que aplica el mileísmo. 

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