Política

Calendario adelantado

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Demián Verduga

La derrota del Gobierno en el Senado aceleró el escenario preelectoral. El peronismo da señales de buscar un camino de unidad, y el oficialismo, pese a las tensiones internas, intenta cerrar filas con el macrismo.

Derecha unida. Ritondo y De Andreis, representantes del PRO, se reunieron con el ministro Santilli y los Menem (Eduardo y Martín). 

Foto: NA

Los procesos históricos y políticos casi nunca coinciden con el calendario. Eric Hobsbawm desarrolló la idea del «siglo corto» para delimitar el siglo XX entre el inicio de la Primera Guerra Mundial (1914) y la caída de la Unión Soviética (1989). En el presente de la Argentina, podría hablarse del «año largo». El 2027 en términos políticos parece haberse iniciado en agosto de 2026. El adelantamiento del clima electoral es un hecho, a pesar de que faltan más de 12 meses para las elecciones presidenciales.

Hubo un factor político que funcionó como el Delorean que adelantó el futuro. Fue el fracaso del presidente Javier Milei en el Senado con el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Dentro del paquete estaba la reforma de la Ley de Tierras. Los cambios que quería introducir el oficialismo habían sido ideados por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. Proponía eliminar los topes a la cantidad de tierras que pueden adquirir ciudadanos y empresas extranjeras en el país.

La propuesta había generado un rechazo amplio desde que se la presentó. Para muchos analistas, el impacto generado por el gesto de los jugadores de la selección mostrando la bandera con la frase «Las Malvinas son argentinas» fue decisivo. Según distintas encuestas, el sentimiento de orgullo nacional que despertó la actuación de la selección en el mundial disparó una ola de nacionalismo. Y es inevitable que esa emocionalidad choque con la visión del país que tiene Milei, más cercana a transformar a la Argentina en un protectorado estadounidense.

¿Habrá sido esto lo que cambió el clima y produjo la derrota parlamentaria? Difícil dilucidarlo. Lo que se puede unir en este rompecabezas es que en ese contexto se produjo la sesión. La jefa de la bancada oficialista, Patricia Bullrich, se fue enterando por las redes sociales que los gobernadores aliados daban un paso al costado. El salteño Gustavo Sáenz, el neuquino Rolando Figueroa, el santacruceño Claudio Vidal, el tucumano Osvaldo Jaldo, entre otros, rompieron su alianza subterránea con la Casa Rosada y le asestaron un golpe político al presidente.


La bomba
En el oficialismo el fracaso parlamentario cayó como una bomba de racimo. Las acusaciones cruzadas se multiplicaron. Varios miembros del gabinete señalaron a Sturzenegger. Lo acusaron de «vivir en un tupper» y no tener contacto con la realidad. Hubo otras voces que aprovecharon para cuestionar a Karina Milei. La hermana del presidente fue señalada como partícipe necesaria de la caída por su decisión de retrasar un acuerdo de fondo con los gobernadores. La secretaria general de la presidencia no les garantiza a los mandatarios provinciales que LLA no armará listas en sus terruños para disputarles la gobernación. Eso –dicen cerca del asesor Santiago Caputo, enfrentado con la funcionaria– fue lo que «se cobraron» rechazando modificar la Ley de Tierras y la de Manejo del Fuego, que en 2020 impulsó Máximo Kirchner.

Bullrich también fue alcanzada por las críticas ya que había asegurado hasta último momento que tenía los votos necesarios para aprobar el proyecto. No era así.

En el peronismo el efecto fue el contrario. Apareció una competencia por adjudicarse el resultado parlamentario. Una figura que venía navegando debajo del agua los últimos dos años y medio decidió subir a la superficie: el excandidato presidencial Sergio Massa. Hubo una campaña de prensa para adjudicarle al tigrense el revés que sufrió Milei en Congreso. Lo más importante de esa movida de comunicación no es medir qué tanto ayudó Massa a la caída de la ley, sino que muestra su voluntad de volver al ruedo.


Partido en marcha
Una semana después del fracaso del proyecto de Sturzenegger, empezó el año electoral. Antes del Mundial, el Gobierno tenía en mente que luego de la contienda futbolística se instalaría un clima preelectoral, que sería como los jugadores calentando los músculos antes del partido. Lo cierto es que la situación se parece más al momento en que el árbitro toca el silbato y la pelota comienza a rodar. El martes 11 de agosto hubo una cumbre peronista en un hotel del centro porteño. Estuvieron: Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa, José Mayans (jefe bloque en el Senado), Germán Martínez (jefe del bloque en Diputados). Además, estuvieron los gobernadores Ricardo Quintela (La Rioja), Gildo Insfrán (Formosa), Gustavo Melella (Tierra del Fuego) y Sergio Ziliotto (La Pampa), junto con el senador y jefe político de Santiago del Estero, Gerardo Zamora.

Lo que trascendió de la reunión fue que se acercaron posiciones en tres ejes centrales. Uno: dejar de estimular las diferencias por cada detalle que no guste en algún campamento. Dos: repetir estas cumbres para evaluar en conjunto la estrategia parlamentaria. Tres: defender las PASO como mecanismo de resolución de las candidaturas si no se alcanza una lista de unidad.

El último punto es quizás el más importante. Hasta hace pocas semanas estaba sobre la mesa la posibilidad de que el peronismo se dividiera el año que viene. Por supuesto que todo puede volver resquebrajarse, pero al menos por ahora hay señales de reconstrucción.

Este nuevo clima no está separado de una percepción que recorre todos los campamentos peronistas: que hay posibilidades ciertas de ganar el año que viene. Luego del triunfo de Milei en octubre de 2025, había surgido un consenso en el sistema político de que el presidente caminaba tranquilo hacia la reelección. Ahora todo parece más incierto.

Paso a paso. Kirchner, Massa y Kicillof participaron del encuentro con jefes de bloque y gobernadores en el que se trazaron líneas de acuerdo para 2027.

Foto: NA


Una llamada clave
La derecha política, a pesar de las internas, también comienza a ordenarse en el terreno electoral. Bullrich estuvo durante meses jugando a la ambigüedad, proponiéndose como el plan B del establishment ante el desgaste de Milei. Sin embargo, decidió bajar los decibeles y decir públicamente que ella será candidata luego de la reelección del presidente. Se postergó para 2031, cuando tenga 75 años. ¿Puede tomarse una definición de Bullrich como algo definitivo? Tiene la misma firmeza que un flan, pero por ahora muestra un ordenamiento de la derecha detrás de Milei.

Una señal en el mismo sentido fue la comunicación telefónica que esta semana mantuvieron Mauricio Macri y Karina Milei, dos personas que se repelen como un gato y un ratón. Macri había impulsado a su exministro de Economía, Hernán Lacunza, para realizar un raid mediático diciendo que él (Lacunza) sería el candidato del PRO, como una derecha «moderada». En simultáneo, abrió la línea de comunicación con la hermana presidencial para negociar lo que más le importa, un acuerdo en la Ciudad de Buenos Aires que mejore las chances de reelección de su primo.

Se configura así un escenario por ahora parecido al del balotaje de 2023. La novedad sería la irrupción de Myriam Bregman y el Frente de Izquierda como tercera fuerza y la eventual participación de empresarios como Jorge Brito y Daniel Hadad, impulsados por sectores del poder económico. Aunque, vale aclarar, ambas postulaciones son globos de ensayo todavía muy endebles. Lo cierto, sí, es que la carrera está lanzada.

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