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Contradicciones y límites

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Ante la tentación de señalar a los Gobiernos progresistas y sus falencias como responsables, aunque sea indirectos, del surgimiento de estos movimientos neorreaccionarios, Stefanoni aclara que «cuando gobierna la izquierda o el progresismo, la derecha cree con temor que se avanzó casi en forma soviética. Mientras que los Gobiernos y sus bases creen que fue poco. Y con la izquierda está pasando lo mismo ahora. Por ejemplo, Bolsonaro puso a un ultraliberal como ministro de Economía, Paulo Guedes. Pero no se logró avanzar nada en términos liberales. Lo que terminó haciendo es meter un plan “Bolsa familia” como el de Lula y ahora le gusta, porque crece en las encuestas. Lo mismo ocurrió aquí con el macrismo, hizo el ajuste, es cierto, pero el cambio social fue mucho más profundo en los 90». Ya refiriéndose al desempeño de los movimientos de izquierda en la región, explica: «Hay que decir dos cosas: por un lado, hubo aspectos positivos que generaron una reacción. Por ejemplo, en Brasil o Bolivia hubo mucha gente que creyó que esos cambios democratizadores, étnicos y sociales eran un problema y se reaccionó de manera conservadora. Algo parecido pasó en EE.UU. Pero, por otro lado, el progresismo tuvo una cierta inflación discursiva. Tuvieron una retórica muy ambiciosa, hablando de cambios “refundacionales”. Y eso no pasó y no solo porque la derecha no lo permitió. En Bolivia, que es un caso que yo seguí mucho, no hubo Gobierno con más poder que el de Evo. Dos tercios del Congreso de 2009 a 2016, podía haber cambiado todas las leyes que hubiese querido. Sin embargo, el MAS mismo no supo qué cambiar ni cómo seguir. Hubo un límite que tiene que ver con el mundo. El capitalismo global no da mucho margen. Sos un país chiquito en el medio del altiplano en el que después nadie invierte. Y el tercer tema fue que hubo una politización de la corrupción que el progresismo no supo cómo enfrentar. No supo bien cómo construir un discurso sobre la ética pública. Y la derecha fue muy eficaz en cómo se movió en los medios, en lo judicial y en lo político. Esto es algo que pega en la sociedad que el progresismo no lo captó bien y se terminó desconectando de la gente».

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