Economía | PIRÁMIDE SOCIAL ARGENTINA

La elite del consumo

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Mirta Quiles

Un pequeño segmento de la población detenta niveles de vida que ponen en evidencia una sociedad cada vez más partida y desigual. Ricos tradicionales, autoconstruidos y dinero rápido. 

Redefinición. Las clases altas comparten con el resto de la pirámide social comprar de manera inteligente. Claro, cada uno en distintos ámbitos.

Foto: Shutterstock

Mientras el consumo masivo no encuentra piso en la gestión libertaria, el porcentaje de morosidad de las familias no deja de crecer y los ingresos pierden frente a la inflación mes a mes, el segmento de argentinos más acaudalados amplía su capacidad de gasto y redefine su consumo.

Son los deciles más altos de la pirámide poblacional nacional, que, por ejemplo, el año pasado, incrementaron en un 91% el patentamiento de autos de alta gama, respecto a 2019, e incluso batieron récords en el de Ferraris. Se patentaron ocho. El precio unitario promedio asciende a 800.000 dólares.

Según un estudio de la consultora Moiguer, publicado hace unas semanas, la clase alta argentina representa el 6% de la población, cerca de 2,8 millones de personas distribuidas en 800.000 hogares, y que concentra el 34% de la riqueza del país. Su ingreso promedio mensual llega a los 7.900 dólares ($11.000.000). Pero existe además en su interior, un «segmento top», constituido por el 1% de la población, unas 350.000 personas, cuyos ingresos mensuales promedio escalan hasta los 16.000 dólares. Por su parte, el ingreso medio de un trabajador formal del sector privado llegó en diciembre de 2025 a los 1.000/1.200 dólares. Mientras que el de los empleados informales apenas llega a los 770 dólares.

El trabajo muestra también la diversidad de origen del segmento y los divide en tres perfiles. «Los herederos», que representan el 44% del segmento, 1.200.000 personas y 350.000 hogares. Son familias que administran patrimonio y mantienen códigos tradicionales vinculados con la distinción social. Es la tradicional clase alta argentina.

Le siguen «los autoconstruidos», un 39% del universo. 1.100.000 personas y 310.000 hogares. Son profesionales y emprendedores que expandieron la posición económica familiar a través de trabajo, negocios o crecimiento profesional. Su marca esencial es el mérito y ser persistente para alcanzar éxito. Y por último, los «fast money», que representan el 17% restante. De acuerdo con el estudio, son personas con altos niveles de liquidez fuera de los circuitos económicos tradicionales, utilizan el consumo como forma visible de pertenencia social y en su mayoría no completó estudios universitarios.


Calidad, cantidad y estrategias
Y un dato muy interesante. Los ricos no solo «atienden» en Buenos Aires. La consultora toma como referencia la cantidad de metros cuadrados construidos en barrios privados (distinción de la clase alta), entre 2025 y 2002. La dinámica la marca el interior. Mientras que en el gran Buenos Aires el crecimiento fue de 120%, en distintas provincias del país fue, en promedio, de 1.080%. Llama la atención el porcentaje en Gran Córdoba (1.689%) y en Neuquén Plottier (1.900%).

Además, explica el trabajo, la riqueza está puesta al servicio de la calidad de vida. Yoga, meditación, detox y deportes son parte de los gastos que los ricos destinan para alcanzar su equilibrio emocional y una longevidad funcional. 

Jóvenes ricos. No tienen problema en mostrar cómo gastan la plata y le produce satisfacción que otros noten lo que tienen o lo que usan.

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Por su parte, el 66% de la clase alta, prefiere gastar su plata en experiencias que pueda disfrutar como, por ejemplo, experiencias únicas e irrepetibles: viajes en helicóptero, buceo, paracaídas, entre otros.

En otro capítulo, la encuesta releva que los jóvenes, entre 16 y 25 años, abandonan la sobriedad y se muestran más. A la mayoría, entre el 50% y 60% le gusta que la marca de los productos que usa comunique éxito y status; no tiene problema en mostrar cómo gasta la plata; y le produce satisfacción que otros noten lo que tiene o lo que usan.

Para cerrar, la encuestadora sostiene que el consumo premium «se legitima cuando se asocia a la inteligencia de compra y al no-despilfarro». Y reconoce un rasgo que surca a todas las clases sociales: la búsqueda de eficiencia al gastar dinero. 8 de cada 10 personas valoran «comprar de manera inteligente», aun cuando tienen capacidad económica para pagar más caro. Mientras que 7 de cada 10, cree que buscar promociones o buenos precios no tiene que ver con no poder pagar. Al fin y al cabo, ponen en marcha un fenómeno, que la consultora definió como una «ingeniería de la liquidez».

Mientras el segmento de mayores ingresos, según la encuestadora Moiguer, un escueto 6%, amplía consumos vinculados con viajes al exterior, bienestar, gastronomía premium y experiencias exclusivas, en el resto de la pirámide, integrada por 44% de clase media y 50% de baja, la caída del consumo es regla. Tras desplomarse 14% en 2024, recuperar un escaso 2,5% en 2025 y con arrastre negativo en el primer trimestre del año, que cerró con un descenso del 3,1%, en un contexto en el que la presión inflacionaria, la fragilidad laboral y la pérdida del salario frente al IPC continúan y continuarán en el mediano plazo condicionando la recuperación del consumo masivo.

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