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El país que sueña Milei

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Alberto López Girondo

De la evocación de una Ámsterdam libertaria a los enclaves tecnológicos privados de Honduras, la Argentina aparece como laboratorio de un proyecto que combina inteligencia artificial, desregulación y aliados antidemocráticos como Peter Thiel.

Gemelo digital. Imagen proyectada en la presentación del proyecto por la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello.

Vaya si estuvo levantando polvareda Patricia Bullrich esta semana, removiendo el avispero de una decisión por demás irreflexiva del presidente Javier Milei, que pretendió retirar del Senado el pliego de una jueza que él mismo había propuesto, por el delito de ser cuñada de un periodista incómodo para el Gobierno. Un sainete incomprensible en un momento delicado para la credibilidad del mandatario y que le dio la oportunidad a la senadora porteña de mostrarse en el juego que más le está gustando últimamente: ofrecerse como la figura de recambio si las tempestades políticas se llevan puesta a la gestión anarcocapitalista. Milei, a todo esto, se defiende como gato entre la leña de embates que no solo provienen de su exministra de Seguridad, sino también de una realidad que se empecina en desmentir los pronósticos entusiastas de su ministro de Economía. Así, la Casa Rosada –con un jefe de Gabinete en las sombras y quizás definitivamente con el boleto picado– impostó el festejo de la nominación de 74 jueces, anunció el propósito de adherir al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), elevó a la Cámara baja su proyecto de Súper RIGI y presentó con bombos, redoblantes y platillos un artículo en el medio británico Financial Times donde alude a una legislación que permitiría la creación de sociedades que operen con Inteligencia Artificial y sin empleados.

«Con el espíritu de los comerciantes holandeses que convirtieron a Ámsterdam en la capital financiera del siglo XVII, pretendemos ofrecer el entorno jurídico y fiscal más atractivo para las empresas de IA que definirán el siglo XXI», afirma Milei, y plantea que «Buenos Aires sea para la IA lo que Ámsterdam fue para la era de la navegación: el lugar donde la imaginación jurídica alcanzó al momento tecnológico y cambió el mundo». Un sueño al gusto de Peter Thiel, que no venía solo para aplicar sus sistemas de vigilancia y control Palantir.

La pata tecnológica
Este entorno de última generación tiene sus bemoles en Argentina. Como se sabe, el país es uno de los más adelantados del planeta en tecnología nuclear y avanzó en know how satelital. Baste recordar que Milei designó a su amigo y presunto colaborador en investigaciones en economía Demián Reidel al frente de Nucleoléctrica. En diciembre de 2024, Reidel –licenciado en Física por el Instituto Balseiro y doctor en Economía por la Universidad de Harvard– presentó una nueva versión del Plan Nuclear que promocionó como la panacea para el desarrollo de pequeños reactores modulares –aplicables para alimentar centros de datos e inteligencia artificial– que ya tenían un nivel de desarrollo importante desde el Gobierno de Néstor Kirchner y que «generosamente» las autoridades no dudan en compartir con Estados Unidos como si fueran bienes comunes que ellos compartirían con Argentina.

Pero hubo declaraciones de Reidel que mostraron su visión supremacista de la sociedad. «Tenemos grandes extensiones de tierra con acceso a energía y agua, climas fríos, que es la cereza del postre para el enfriamiento de los sistemas AI; y además, estamos en un área sin conflictos armados, sin tsunamis, sin terremotos. (…), el problema es que estas áreas están pobladas de argentinos».

No fue por eso que se tuvo que ir de la empresa que administra las centrales nucleares argentinas. Fue por supuestas irregularidades en el uso de tarjetas corporativas en viajes al exterior. Estos días saltó otro más escandaloso, el de Facundo Leal, expresidente de otra joya de la tecnología nacional, Arsat, a quien se le allanaron dos viviendas donde le encontraron más de dos millones de dólares empaquetados con fajas del Tesoro de EE.UU. y una veintena de dispositivos de espionaje. Este hecho promete traer cola dados los vínculos de Leal con figuras de la política de más de un partido y personajes del mundo de los servicios, la ultraderecha de EE.UU. y la administración de Donald Trump como Leonardo Scaturicce. 

La pregunta que inquieta es: ¿son más casos de corrupción, como ya los hubo, de funcionarios angurrientos por demás, que buscan manotear lo que pueden ante un Gobierno que se jacta de venir a destruir el Estado, o se venden al mejor postor los tips del capital intelectual nacional creado en décadas por una sociedad deseosa de construir un país de verdad?

Enclaves sin ley
En el centro de todas estas elucubraciones y de este momento tan particular del mundo está el ascenso explosivo de la influencia de los tecno-oligarcas del mundo, entre los cuales se destaca Thiel, el supremacista nacido en Alemania, pero con nacionalidades de EE.UU., Nueva Zelanda y Malta.

Entre las teorías que se esgrimieron sobre su llegada, una fue que mediante su «bebé» Palantir puede «ayudar» a un Gobierno que sigue en caída. La apropiación de datos que se haría mediante el proyecto Gemelos Digitales podrían servir para manipular a la sociedad. Otra posibilidad la dio el The New York Times, que en un artículo donde sostiene que «sus nuevas raíces en Argentina están motivadas en parte por su preocupación por el rumbo que está tomando Estados Unidos, especialmente California, donde una iniciativa que se votará en noviembre podría conllevar un impuesto del 5% aplicable a los que tengan más de 1.000 millones de dólares. En el estado más rico de EE.UU. no son más de 200 personas, gran parte de ellos hicieron su fortuna en Silicon Valley, pero se niegan a poner parte de lo que lograron gracias al apoyo estatal, como reconoció el socio de Thiel, Alex Karp, en el Manifiesto de Palantir. Ya se fueron de California Larry Page y Serguei Brin, creadores del buscador Google.

Milei y Federico Sturzenegger armaron un proyecto que intenta seducir al «fugitivo» Thiel, pero quién sabe a cuantos otros. Se trata de empresas sin regulación, un convite a convertir a la Argentina en un refugio fiscal de alta gama para competir con Bahamas o Seychelles. Thiel ya había inventado su propio paraíso en 2017 en Honduras, en la isla de Roatán, donde el Gobierno de Juan Orlando Hernández (JOH) le habilitó la creación de la ciudad de Próspera, una de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico del país centroamericano. Es un pequeño estado donde rigen leyes propias y un sistema impositivo bien relajado y que se pretende alejado del Estado nacional al que pertenece el territorio.

La ciudad tiene moneda propia –bitcoins– y las autoridades son privadas. Cuando Xiomara Castro llegó al poder, en 2022, intentó revertir semejante grado de renuncia a la soberanía nacional, pero los inversores abrieron una demanda en tribunales internacionales por 10.000 millones de dólares, el 40% del PBI hondureño. En marzo de 2024, JOH fue condenado a 45 años de prisión en EE.UU. por narcotráfico. En noviembre de 2025, Donald Trump lo indultó y luego apoyó al candidato de su partido en las elecciones hondureñas. Dicen que ahora JOH arma estrategias para influir junto con las ultraderechas latinoamericanas en las elecciones por venir.

Detalle: Próspero es un personaje de la obra La Tempestad, de Shakespeare, de 1611, más o menos la misma época en que Ámsterdam pegaba el gran salto al que quisiera emular Milei. Representa el ímpetu del colonizador europeo que pugna por someter a Calibán, el salvaje originario. A todo esto, Palantir, en El Señor de los anillos, de JRR Tolkien, es una piedra esférica que permite ver acontecimientos lejanos. 

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