Cultura

El boom inesperado del tango

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Andrés Valenzuela

A lo largo de 2025 se publicaron 187 discos y EP del género, que abarcan desde los exponentes consagrados hasta las nuevas camadas. Razones culturales, generacionales y tecnológicas del fenómeno.

Batea. Los trabajos de Ariel Prat, Cuerdas del Plata, Misteriosa Buenos Aires, la O. T. Julio Pane, Tanghetto y Franco Bruschini.

A lo largo de 2025 se publicaron al menos 187 discos de tango. Sí, leyeron bien. La cifra causa sorpresa incluso entre algunos cultores del género. Aunque la música ciudadana es reconocida como una industria cultural siempre vigente, rara vez se la pone en cifras. El anuncio de la segunda edición de los Premios Tango Siglo XXI –un galardón otorgado por periodistas y comunicadores especializados en la materia– reveló que la producción anual había alcanzado esa cantidad de álbumes y EP. Y eso, aclaran los organizadores, sin contar los singles y considerando la posibilidad de que algún lanzamiento haya pasado por debajo del radar.

¿Qué pasa en el tango de hoy, que alcanza ese pico de actividad en los estudios de grabación que más tarde repercute en los escenarios? Distintos referentes consultados por Acción coinciden en una serie de factores. El más mencionado es el tecnológico: grabar se volvió «fácil», incluso para un género exigente como el tango. Un modesto estudio hogareño y mucha paciencia a la hora de editar dan como resultado un producto digno.

«Hacer un disco es un esfuerzo que perdura en el tiempo. Horas de estudio y dinero que después se ven reflejadas en un material que queda, que perdura. En estos tiempos, cada vez es más fácil grabar un álbum y más difícil tocar en vivo», señala Julio Coviello. Referente de la primera etapa de la Fernández Fierro, exintegrante del Cuarteto Cedrón, Coviello dirige su propia agrupación y maneja el centro cultural La Tierra Invisible. «Desde la programación notamos que cada vez son más los y las artistas que piensan dos veces antes de hacer un concierto en vivo», revela. «Es inmenso en este momento de crisis el esfuerzo de producir una fecha y difundir para que se dé la magia del encuentro entre artistas y público. Y eso es algo tan efímero que a veces da la sensación de que no se justifica tanto esfuerzo».


Caldo de cultivo
Otro factor que se menciona con frecuencia es el caldo de cultivo. Es decir, la cantidad de músicos jóvenes y talentosos que salen de conservatorios y orquestas escuela como la Emilio Balcarce, bien formados y ya con experiencia. «La música argentina de raíz tradicional tiene un semillero sólido y continuidad, en buena medida gracias a la labor de instituciones donde se estudia, se practica y se resignifica, como el Manuel de Falla, el EMPA o la UNSAM, solo por nombrar algunas de muchas, extendidas por todo el país», celebra Gustavo Margulies, de EPSA Music, uno de los pocos sellos que aún dedican energía al género.

Las madrugadas de la radio tienen en la voz de Gabriel Cocaro un referente. El conductor de Clics tangueros (por la FM 2×4) señala dos factores complementarios. Por un lado, la tradición cultural argentina en la que el arte fue «un bastión de resistencia en el que en tiempos duros aflora aún más la creatividad». Por otro lado, la llegada de la digitalización. «El formato físico está en retroceso: el disco compacto ya casi no existe, la resurrección del vinilo es solo para una élite con poder adquisitivo, el 99% de los músicos edita en formato digital», explica el periodista. Margulies coincide en que «es mucho más fácil grabar y distribuir música en formato digital. Eso vale tanto para sellos como para proyectos autogestionados, que hoy pueden publicar por distribuidoras o por otras vías más creativas. A eso se suma la posibilidad de difundir el material en redes, en paralelo con la prensa tradicional, con algo de intuición o conocimiento de marketing, relativamente poca inversión monetaria y mucho trabajo».

Más allá de la llamativa cifra, ¿qué está sonando hoy en el mundo del dos por cuatro? Para el productor y comunicador platense Ignacio Villabona, coordinador del jurado de preselección de los Premios Tango Siglo XXI, asistimos a un momento de transición en el género. Por un lado, advierte un retroceso en el sonido más «rockero» o afín a las «nuevas tendencias», que solía identificar a la Fernández Fierro y sus herederas. Por otro lado, 2025 tuvo la novedad de encontrar varios trabajos pensados para la milonga, pero con un repertorio enteramente nuevo. Una rareza impensada años atrás. El más notorio de ellos, Icónico y barrial, de la Orquesta Típica Misteriosa Buenos Aires, es un disco triple. Una novedad a contracorriente, pues gran parte de la industria musical en su conjunto está acercándose nuevamente al formato EP.

Villabona observa también que las propuestas más experimentales tienden a ser solistas o de pequeños grupos, y con coqueteos jazzeros. Y que muchas grabaciones parecen funcionar como una carta de presentación. Tiene sentido, ya que algunos grupos las usan para mostrarse y concertar fechas antes de salir de gira. Algo destacable de la producción 2025 es la cantidad de grabaciones en vivo. Algo que antes era muy difícil, lentamente fue ganando terreno. Incluso bandas icónicas, como La Chicana o Tanghetto, encararon ese formato el año pasado. ¿187 discos de tango? «¿Por qué no habría de haberlos?», repregunta Margulies. «Está la vigencia de una cultura identitaria que, aunque hace tiempo no ocupe un rol central en el terreno comercial, sigue vital, con un repertorio exquisito en lo musical y en lo poético. Tal vez no aparezca en primer plano en las estadísticas ni en los grandes eventos, pero está de un modo u otro en los pliegues de la vida cotidiana».

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