Economía

El gran competidor

Tiempo de lectura: ...

La expectativa oficial de un mercado abierto a productos argentinos choca con el neoproteccionismo de la potencia del norte, que prefigura mayores riesgos y perjuicios a firmas locales. Propuesta republicana de reforma de impuestos corporativos.


Impacto. El freno al ingreso de limones nacionales por 60 días afecta de manera indirecta a otras exportaciones. (Gerónimo Molina/Sub.Coop)

Con Estados Unidos, las relaciones van de «buenas» a «muy buenas», y hasta «excelentes» en no pocos casos. Por ejemplo, en el frente financiero desde que comenzó la gestión del hoy ministro de Finanzas, Luis Caputo (inicialmente, secretario del área). Como pasa con los prestamistas, tampoco pintan mal las perspectivas para oligopolios industriales de propiedad norteamericana en el terreno automotor, petrolero, de alimentos y bebidas, farmoquímica, banca y tecnología, entre otros. Sea que aumenten sus inversiones (incluidas las muy volátiles, de cortísimo plazo), o bien que mantengan sus colocaciones, seguramente su rentabilidad se acrecentará este año, por poco que se reactive la economía nacional y ante una muy posible mayor concentración de negocios en distintas actividades.
La expectativa gubernamental de un sólido punto de apoyo estadounidense en materia comercial, en cambio, no trasciende las meras ilusiones. El claro alineamiento neoliberal impreso por Mauricio Macri a sus políticas no recibirá ningún «premio» desde el país del Norte.
Ni el pago a los fondos buitre, ni la «transparencia estadística», ni la amistad retomada con el Fondo Monetario Internacional, ni la rebaja de impuestos, ni la apertura importadora servirán para facilitar el acceso al mercado estadounidense. Esto no ocurrió en 2016, cuando la Casa Blanca era ocupada por Barack Obama, ni sucederá ahora que manda Donald Trump.
Al contrario, pese a las fuertes concesiones realizadas a las grandes empresas en general (y filiales de corporaciones de EE.UU. en particular), la ola proteccionista en ciernes pone en peligro a sectores de economías regionales como ya se advirtió con los casos de los limones y el biodiésel.
En el horizonte empieza a perfilarse un nuevo y gran competidor (hoy ya lo es, en gran medida), mientras la demanda estadounidense de productos nacionales –lejos de lo que imaginaban los conductores de Cambiemos–corre el serio riesgo de achicarse aún más.  
Lo cierto es que las ventas de Argentina a Estados Unidos no superaron en 2016 los 4.200 millones de dólares, poco más de 5% de los envíos totales. Por más rica que sea esa plaza, hoy resulta marginal frente a lo que compran al país China, Brasil, la Unión Europea y hasta el Magreb (seis países del norte de África).

Intentos
Para empezar a revertir esa realidad, y sin tomar nota de la tendencia adelantada por Trump en su campaña electoral, el gobierno nacional abogó el 10 de enero pasado por la reinserción de la Argentina como beneficiaria del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP), a fin de que se reduzcan los aranceles para exportaciones a EE.UU.
El subsecretario de Comercio Exterior, Shunko Rojas, participó en Washington de la audiencia del representante comercial de EE.UU. con miras a recuperar el estatus del que Argentina gozó desde 1976. La suspensión
–desde 2012– se debió a los incumplimientos financieros con empresas norteamericanas que tenían laudos favorables del Ciadi (el tribunal de controversias del Banco Mundial) contra el Estado argentino y que afecta a cerca de 35.000 productos.
La esperanza oficial de reingreso al SGP se asentaba en la «normalización» de las relaciones financieras internacionales y en las negociaciones directas realizadas por el secretario de Comercio, Miguel Braun. Por esa vía, ahora seriamente en duda, se esperaba corregir aunque fuese en parte el déficit que arrastra la Argentina por el intercambio bilateral. El desequilibrio superó en 2011-2015 los 5.400 millones de dólares promedio cada año según las cifras estadounidenses, que difieren de las del Indec.

Alerta amarilla
Fue en este contexto que se recibió el balde de agua fría del freno, por 60 días, de la autorización del ingreso de los limones tucumanos a EE.UU., tras haberse anunciado en diciembre el levantamiento de restricciones. La decisión de Trump no es tan traumática por el impacto directo –se esperaban exportar este año no más de 30 millones de dólares– sino por el efecto indirecto sobre otros productos y mercados.
En el Ministerio de Agroindustria admitieron que «hay países que toman como referencia la política sanitaria de EE.UU.», lo que resalta la importancia de estar habilitado para exportar a ese país. México, por ejemplo, está condicionado: si no se exporta a EE.UU. no se puede exportar a México carne y otros productos.
La decisión final sobre los limones deberá esperar. De todos modos, ese mercado representa solo 20.000 toneladas sobre un total de envíos externos del producto de 250.000.
La nueva política comercial de EE.UU., en tanto, «será determinante para algunos productos específicos de la economía local», admite la consultora Ecolatina.
Entre los rubros en zona de alerta amarillo aparece el biodiésel, que el año pasado triplicó sus exportaciones, favorecido por el levantamiento de las trabas fitosanitarias que pesaban sobre la producción argentina. Más del 90% de las exportaciones locales del combustible y sus derivados son absorbidos por EE.UU.
En este frente, más que las eventuales barreras pesa la probable reorientación hacia combustibles fósiles, ahora que la administración Trump descree de los perjuicios del cambio climático y relativiza las ventajas de las opciones renovables.
Los aires proteccionistas en el país del norte podrían afectar además al aluminio (la fábrica Aluar dirige a ese destino la mitad de sus ventas externas); a los jugos de frutas (citrus, manzana y uva); la miel; y rubros con dependencia menor de ese mercado, pero no despreciable, como las peras, manzanas, ajos, madera de pino y tabaco. En otros casos, como el de los arándanos (y también los limones), la expectativa favorable radica en el carácter contraestacional de la oferta argentina.  
El peor escenario no está tan lejos: un mayor cierre del mercado estadounidense y la presencia mayoritaria de competencia norteamericana en otros países (incluso en el mercado interno). El economista Félix Piacentini, de la consultora NOAnomics, advirtió que «en productos agrícolas Argentina perdió en los últimos años 4.000 millones de dólares en ventas a América del Sur a manos de empresas norteamericanas. La mayor esperanza era recuperar esos mercados, pero si el ingreso a EE.UU. está en duda es una mala noticia». Desde luego, todo está por verse. Incluso hay quien arriesga que los conflictos que entable Trump dejarán brechas que pueden aprovechar compañías locales. El tiempo dirá si la Argentina logra enviar algo más que algunos turistas a Miami o Nueva York.  
 

Estás leyendo:

Economía

El gran competidor