27 de febrero de 2026

Trigo. La gran cosecha aportó más de la mitad del alza interanual del nivel general de actividad en diciembre.
Foto: Getty Images
La lectura de las estadísticas oficiales debería ser el punto de partida para analizar una situación tan crítica como la actual. Esta semana, por ejemplo, se conoció el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) de diciembre último, que mostró un «rebote» impulsado fundamentalmente por la gran cosecha de trigo (50% superior a 2024 y 75% por encima de 2023).
La producción del cereal aportó más de la mitad del alza interanual del 3,5% que mostró el nivel general de actividad en diciembre. En el acumulado de los 12 meses del año pasado se observó un repunte del 4,4% en comparación con todo 2024.
Las cifras globales parecen ofrecer un contraste con las recurrentes noticias sobre cierres y paralización de fábricas de diversos rubros. Lo que ocurre es que las consecuencias del modelo actual afectan de modo muy distinto a cada sector.
Si tomamos la producción de 2025 con respecto a 2023, es decir, el primer bienio de la gestión libertaria, lo que se ve con total claridad es el retroceso de los sectores más intensivos en mano de obra. Es el caso de la industria manufacturera (-8,1%), la construcción (-14%) y el comercio (-3,6%), rubros que en conjunto absorben casi la mitad del empleo registrado.
En la misma comparación temporal, el mayor crecimiento se registró en los sectores Agropecuario (41%), Intermediación financiera (19%) y Explotación de Minas y Canteras (incluida la Extracción de Petróleo, que creció 16%). Vale destacar que estos últimos rubros generan tan solo el 9,2% del empleo registrado privado.
Consumo
Otras cifras no deberían pasar desapercibidas en cualquier análisis serio. Las encuestas de Supermercados y Autoservicios Mayoristas del INDEC dan cuenta del estancamiento del consumo interno: las ventas en ambos espacios fueron el año pasado apenas 0,6% superiores a las del recesivo 2024 y se ubicaron en uno de los peores valores de la serie histórica.
La dinámica en esta materia se agravó a partir de la segunda mitad de 2025, en coincidencia con la fuerte destrucción de empleo privado registrado a partir de junio, acompañada de una reducción real en los salarios de dicho segmento laboral.
Justamente, la crisis actual refleja el achicamiento de la demanda interna, consecuencia en gran parte de la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos de la población y de la mayor precarización en los empleos, deterioro que se agudizará luego de la reciente aprobación de la reforma laboral.
El contexto es aún más negativo para la producción local si se añade la incidencia de la agresiva apertura importadora, favorecida por el Gobierno nacional con fines supuestamente antiinflacionarios. Según cifras oficiales, se llevaron a cabo 138 medidas puntuales para liberalizar el comercio desde el comienzo de la gestión libertaria. Esta lógica es la que subyace a acuerdos recientes, como los del Mercosur y la Unión Europea y el de nuestro país con Estados Unidos, que agravarán el cuadro descripto.

Construcción. Este sector, gran generador de puestos laborales, retrocedió 14% en 2025 con respecto a 2023.
Foto: Jorge Aloy
No puede extrañar así que al anuncio de cierre de la empresa de neumáticos Fate se hayan añadido quiebras en la industria fueguina, suspensiones de personal en la alimentaria Georgalos o la parálisis, desde agosto pasado, de la planta de Gobernador Virasoro (Corrientes) de Forestadora Tapebicuá, una de las principales empresas del rubro e integrante del grupo Celulosa Argentina.
La cámara ADIMRA, a su vez, informó que la utilización de la capacidad instalada del sector metalúrgico se encuentra en niveles similares a los del peor momento de la pandemia. Mientras, la Cámara Argentina de Perfumerías precisó que en los últimos dos años dejaron de operar 700 firmas del rubro y en la actualidad cierra un local por mes.
Como síntesis, según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), más de 21.000 empresas cerraron desde que asumió el presidente Javier Milei.
Camino
«Es duro reconocerlo –dijo el presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, Mario Grinman–, algunos vamos a quedar en el camino. Pero ese es el precio que hay que pagar para que nuestros nietos, nuestros hijos, tengan una Argentina normal, un país que progrese con futuro, yo creo que vale la pena».
Ciertamente, con la continuidad de este modelo algunos lograrán sobrevivir, mientras que las grandes mayorías de trabajadoras y trabajadores y un gran número de pymes, van a quedar afuera.
Muchas grandes empresas, en tanto, van a importar lo que antes producían o compraban en el mercado interno, se beneficiarán además de la precarización laboral, y así mantendrán sus márgenes de ganancias.
En definitiva, el modelo de país que el presidente trata de consolidar con el argumento de la «modernización» no es más que una adaptación del esquema agroexportador de fines del siglo XIX y principios del XX.
Un esquema profundamente regresivo, basado en la explotación de recursos naturales (minería, energéticos, granos), sin gran necesidad de mano de obra y en el que la Argentina se posiciona como proveedora de bienes primarios al mundo, mientras se importa la mayor parte de los productos con valor agregado.
Por cierto, para que un modelo económico como el actual tenga chances de aplicarse sostenidamente en el tiempo se requiere, entre otras cosas, una composición parlamentaria que, como está ocurriendo, le dé vía libre al Gobierno para avanzar con su plan. De allí que es indispensable que los sectores mayoritarios de la ciudadanía tomen conciencia a tiempo de que las políticas implementadas van en contra de sus propios intereses.
