4 de mayo de 2026

Rumbo. Milei en la Fundación Libertad: menos entusiasmo entre los dueños del poder que apoyan su gestión.
Foto: Captura
En los últimos días, más allá de la teatralización que montó el oficialismo en el Congreso Nacional con motivo del informe del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, el pasado miércoles, el rasgo determinante del escenario político es el tránsito por parte de los verdaderos dueños del poder, los ganadores del modelo, de un estado de preocupación a un estado de alarma a partir de la pérdida vertiginosa de consenso del Gobierno. Todos los encuestadores coinciden en este sentimiento surgido de la opinión pública, que se suma a un crecimiento de la protesta social, otro dato importante de la vida política argentina, más allá de las dificultades que tiene la oposición para conformar un conglomerado que pueda transformarse en un catalizador de esa disconformidad creciente.
A partir de esta «alarma» de los sectores del establishment van surgiendo búsquedas de alternativas políticas, entre ellas, la más habitual en estas fases de crisis de los modelos neoliberales, que es la de tratar de articular una construcción de «centro moderado» que se pueda vincular con las opciones más clásicas de las propuestas de derecha, es decir, con los sectores nucleados en torno al PRO, liderado por el expresidente Mauricio Macri.
Transferencias
Lo que estos núcleos plantean es que el modelo es intocable, el rumbo no se discute, más allá de los exabruptos del propio presidente Javier Milei y de la crisis de credibilidad que afronta junto con sus ministros, potenciada por las denuncias de corrupción que alcanzan a Manuel Adorni y las previas de la criptomoneda $Libra y la Andis.
Este último elemento, la emergencia de la corrupción, complementa el núcleo principal de la problemática actual que es la crisis del modelo económico frente a la sociedad.

Protesta. Trabajadores y trabajadoras del INTI reclaman tras la ola de despidos en el organismo.
Foto: Guido Piotrkowski
Ese es el problema número uno: el modelo. Por eso el desafío de los sectores opositores es plantear una propuesta económica y política que configure un modelo alternativo claro, teniendo en cuenta que el actual Gobierno está horadando fuertemente el conjunto de los vínculos sociales y culturales, que han sido y son constitutivos de este país. Me refiero a la intención gubernamental de desmontar la educación pública, la universidad, el Estado generador de equilibrios sociales y prestador de servicios indispensables para la vida cotidiana, desmantelar el tejido industrial, fundamentalmente el entramado pyme, liquidar la ciencia y la tecnología, revertir las políticas de memoria, verdad y justicia, entre otras. Y, fundamentalmente, impulsar una transferencia fenomenal de ingresos desde los sectores mayoritarios hacia el poder concentrado vía la reducción drástica del salario y los ingresos. Esta transferencia es un factor determinante de este modelo, que propugna además la apropiación por parte de corporaciones extranjeras de recursos naturales, en el marco de la disputa de las potencias mundiales por estos insumos críticos para la actual fase productiva global.
Tarifazos permanentes
También está aportando al clima de disconformidad el crecimiento de los precios de productos y servicios esenciales para la vida cotidiana. En mayo, una vez más, se registran aumentos de tarifas de servicios públicos que siguen horadando una parte importante de los ingresos del sector asalariado, aumentan las prepagas y se sostienen incrementos de precios de los alimentos por encima de los guarismos inflacionarios. Con todo, el que da la nota excluyente es el transporte público, a partir de la reducción de subsidios que impulsa el Gobierno en el marco del ajuste en las cuentas públicas. Estos subsidios se aplican con el criterio de favorecer la vida cotidiana y facilitar la concurrencia a los lugares de trabajo y estudio de la población, como parte de la estructura de las relaciones sociales, en favor del conjunto de la ciudadanía. Evidentemente, estos objetivos no forman parte del ideario libertario.
En suma, se va generando una situación de crecimiento de la conflictividad. En ese marco, la convocatoria de la CGT del jueves es una demostración, aunque no alcanzó para conformar a otros sectores del movimiento obrero que sostienen sus críticas a la actual conducción gremial y plantearon actividades paralelas. Asimismo, se viene una gran manifestación de la comunidad universitaria y los jubilados sostienen su protesta semanal frente al Congreso.
De forma tal que, como señalé en el comienzo, el rasgo predominante es la pérdida de consenso del Gobierno, ante lo cual los sectores del establishment buscan sostenerlo y al mismo tiempo trabajan en opciones alternativas. Mientras tanto, la oposición política, si bien se alimenta del conflicto creciente, todavía aparece atrapada en sus disputas internas sin lograr los acuerdos y la unidad imprescindibles para salir al encuentro de la sociedad y transformarse en una alternativa que transforme el desencanto y la indignación en una propuesta política sólida.
