Opinión

Juano Villafañe

Escritor

La cultura no se rinde

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Escenarios. Para el actor y dramaturgo Pompeyo Audivert, «el teatro es una forma de volver a casa».

Foto: Shutterstock

Roberto Fernández Retamar, el poeta y ensayista cubano, en la introducción de su libro Calibán, recordaba la pregunta que alguna vez le hizo un periodista europeo: ¿existe una cultura latinoamericana? El propio Retamar responde en ese texto: «Preguntarnos si tenemos cultura es igual a preguntarnos si nosotros mismos existimos». Pero en estas grandes metrópolis de las periferias, asociadas de distintas formas a los diversos mundos coloniales, lo que somos en la cultura no sería nada más ni nada menos que el «eco desfigurado de lo que sucede en otra parte», recuerda el propio Retamar. Y esa condición de ser el eco de una voz prestada o de que no hablamos con nuestra propia lengua o que no estamos en condiciones de ser independientes o que lo nuestro no tienen ningún valor, de una u otra forma ha ido calando en los pensamientos más silvestres de la vida ciudadana. Quizás sea en este momento político cuando con mayor intensidad se desprecia la condición de ser argentino o latinoamericano.

Pero no podemos simplificar las reacciones que vive el sector cultural frente a las políticas de precarización que trata de imponer el actual Gobierno. Desde el campo artístico específico es notable atender la definición que nos ofrece un gran artista como Pompeyo Audivert –que presenta su obra Unidad básica en el CCC–, quien en un reportaje en Página/12, comenta: «El teatro sirve como fuerza de choque que rompe ese espejo en el que estamos, y da cuenta de un trasfondo del que venimos y al que volvemos todo el tiempo y que hemos lapidado con un espejo autorreferencial que bloquea el contacto con esa fuente secreta de la identidad, del tiempo, del espacio. Es la máquina que produce esa fractura en el espejo y nos permite atisbarnos en otra latitud de la que presentimos somos fruto extraviado en esta ficción. Los seres estamos perdidos en esta ficción y buscamos un retorno. El teatro es una forma de volver a casa».

La enorme producción artística de excelencia resiste, así, las políticas de precarización cultural que nos tratan de imponer.

Contra el vaciamiento
A nivel nacional se ha generado uno de los fenómenos culturales más representativos de los últimos años en el país: el Congreso Federal de Cultura y Comunicación, impulsado por una gran cantidad de instituciones culturales nacionales y provinciales, artistas e intelectuales, por la CGT y las dos CTA. En ese ámbito se creó una propuesta programática y político cultural de alta envergadura. Se trata de un nuevo programa de Gobierno para la cultura que se fue conformando en asambleas, congresos y jornadas realizadas en Misiones, Córdoba, La Rioja, Jujuy, Mendoza, Catamarca, Entre Ríos, Buenos Aires, Tucumán, Tierra del Fuego y la Ciudad de Buenos Aires, con la participación de casi todas las universidades nacionales. El Congreso Federal de Cultura y Comunicación se llevó a cabo en la provincia de Buenos Aires, en el Teatro Argentino de La Plata, en octubre de 2024, con más de 2.000 participantes.

En el plano de la producción artística y en el de las políticas culturales se sigue trabajando con intensidad. Está previsto realizar una gran convocatoria de la cultura para los sectores independientes a la que se ha titulado «Memorias y reinvenciones», con el objetivo de impulsar una gran Asamblea por la Soberanía Cultural para la primera semana del mes de julio en la Asociación Argentina de Actores (AAA).

Es notable, entonces, ver cómo se van articulando los sectores institucionales de la cultura, los propios artistas con sus producciones y los sectores independientes, con el fin de enfrentar las actuales políticas que pretenden vaciar la cultura nacional.

El Congreso Federal de Cultura y Comunicación considera que desde la historización y el análisis del campo cultural reconocemos dos funciones principales: en primer término, la garantía de la diversidad cultural-comunicacional y, por otro lado, el desarrollo industrial que, si bien se sabe consolidado en la distribución y comercialización, no ocurre lo mismo en la producción local y nacional. El Congreso Federal propone un tema fundamental hacia el futuro: «La generación de una nueva matriz productiva para el sector cultural, pero diversa, amplia y federal. Con especial reconocimiento de los diferentes sujetos de derechos involucrados; trabajadores/as y empresarios/as.

Su consolidación debe estar orientada en dos sentidos: por un lado, la formación específica de las profesiones y oficios, por el otro, la factibilidad en términos productivos, técnicos, de infraestructura y financieros, que requiere de la confluencia del apoyo del Estado y el sector privado, un marco jurídico, técnico y financiero acorde al crecimiento y su diversidad».


Reconfiguraciones
Por cierto, se trata también de pensar lo que está ocurriendo con el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, el Instituto Nacional del Teatro, el Fondo Nacional de las Artes, las bibliotecas populares y la legislación que todavía está ausente, como la Ley del Libro, la Ley de Danza o la Ley del Circo, recordando especialmente «impulsar el fortalecimiento de las artesanías identitarias, muchos años silenciadas y en estos días también vulneradas por grandes compañías en el robo de sus diseños y estilos estéticos sin ningún derecho». El Congreso plantea, también, «realizar el gravamen de las plataformas digitales de contenidos audiovisuales para actualizar el financiamiento de políticas públicas culturales que garanticen diversidad y federalismo; aplicar la cuota de pantalla de producciones nacionales porque es necesario que tanto nuestra ficción como la realización documental o animada, nuestra música y artes sean nuestro horizonte de sentido cultural, a la vez que nuestra prioridad a la hora de su resguardo patrimonial y desarrollo como industrias culturales». A estas propuestas se agregan la «creación de laboratorios de verificación de la información en ámbitos de formación con jóvenes, junto a la creación de plataformas nacionales y con soberanía tecnológica. Necesidad de fortalecer las redes regionales para la circulación artística y cultural y como herramienta de fortalecimiento de la organización».

Hoy más que nunca también hay que arriesgar, intervenir de nuevo en los grandes relatos y sus constantes fracturas. Y pensar que si bien ya no somos «el eco desfigurado de lo que ocurre en otra parte» y nunca lo fuimos, la cultura argentina existe como existe la cultura latinoamericana, hay que volver sobre los tiempos y los espacios para reconfigurar las identidades históricamente ante las nuevas paradojas que ofrecen los cruces de la realidad y sus ficciones. La cultura sigue en el centro de la transformación política, en las experiencias poéticas y en los sueños que nos propone la vida.

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