Humor

La Estrella Culona y el tecnofascismo

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Julián Elencwajg

En una nueva aventura por tierra firme, nuestra cronista descubre la tecnovigilancia e investiga una conspiración para acabar con las aves del planeta, entre otras estrategias para dominar el mundo.

Ilustración: Patricio Oliver

Esta cronista submarina decidió tomarse un muy merecido descanso después del éxito de sus exploraciones previas, pero dormir con los peces no es todo en la vida y el deber llamó nuevamente a mi puerta, por lo que me aventuré una vez más para seguir observando el mundo siempre extraño y asombroso de esos seres que viven fuera del agua y se definen como «argentinos».

En esta oportunidad, descubrí a alguien llamado Peter Thiel, quien decidió seguir mis pasos e instalarse en Buenos Aires tras haber comprado a precio récord una mansión en Barrio Parque para disfrutar de los beneficios del avance de la libertad. Está claro que el interés por las olas y la tierra firme no es el único aspecto que tenemos en común: a ambos nos interesa muchísimo recabar información acerca de lo que hacen las personas. La diferencia principal es la escala. Mientras yo me concentro en lo micro, él se dedica a lo macro vía Palantir Technologies y el monitoreo masivo, lo que le valió acusaciones de «tecnofascista» y denuncias de Amnesty International por el uso que se le da a la tecnología creada por su compañía con el objetivo de deshacerse de inmigrantes en Estados Unidos.

Como de costumbre, procedí a informarme y documentarme para entender el fenómeno de la vigilancia y fue así como descubrí que existe el movimiento «Birds Aren’t Real» (Los pájaros no son reales), que sostiene que el Gobierno estadounidense exterminó a más de 12.000 millones de aves entre 1959 y 2001 y sustituyó a cada una por un dron para seguir los movimientos de todas las personas. Para quienes adhieren a esta teoría y organizan marchas para difundirla, las falsas palomas se posan en los cables eléctricos para recargar sus sistemas internos y las defecaciones de los supuestos pájaros en los automóviles son en realidad dispositivos de geolocalización.

Y no solo los pájaros-drones son una fuente de preocupación para los humanos que temen ser rastreados y perseguidos: durante la pandemia de Covid-19 hubo versiones que aseguraban que las vacunas inyectan microchips líquidos que se activan con las torres de telefonía celular 5G para controlar los pensamientos y rastrear la ubicación exacta de la población, por lo que millones de jóvenes en TikTok y X comenzaron a afirmar que tenían mejor señal de Wi-Fi en el cuerpo después de vacunarse o que sus brazos se volvían magnéticos, lo que facilita la observación gubernamental de cada respiro que den.

Esta cronista estrella y culona, que pese al paso del tiempo sigue muy presente en el recuerdo de los argentinos y hasta aparece representada en marchas a favor de las universidades públicas, por el momento tiene más dudas que certezas acerca de la figura del nuevo vecino de los porteños. ¿Peter Thiel busca someter al mundo con Palantir o solo es un idealista que es visto con desconfianza por todos aquellos nihilistas, incrédulos y conservadores que no se atreven a soñar como él con la utopía de una sociedad que goce de la libertad total y la armonía perfecta que solo se logran con la opresión absoluta? Solo el paso del tiempo develará el misterio. Seguiré investigando.

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