Política

Independencia en espejo

Tiempo de lectura: ...
Alberto López Girondo

El Gobierno celebró las fechas patrias de Estados Unidos y Argentina como propias y avanza con un programa que propone reducir al mínimo el Estado, tomar más deuda y seguir los lineamientos de Washington, mientras se profundiza la fractura social.

Alta en el cielo. La bandera de Estados Unidos brilla en la noche de Buenos Aires el 4 de julio.

Pasan cosas grotescas en la Argentina. El 4 de julio, en el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires, se celebraron los 250 años de la independencia de Estados Unidos con un festival de luces y drones y parejas bailando «country». Milei dio la nota acudiendo a la embajada estadounidense, en un hecho inédito para un presidente. Cinco días más tarde, para los 210 de la independencia nacional, el edificio inaugurado en 1967 con el muy adecuado nombre de Galileo Galilei pasó la jornada sin pena ni gloria. Ni una lamparita. Nada. Javier Milei, en el acto realizado en Tucumán, en la vigilia del 9 de Julio, y en presencia de una decena de gobernadores dispuestos a una alianza para profundizar el modelo de la ultraderecha que calificó como «una especie de segunda independencia», volvió a sus relatos exaltados sobre su gestión al afirmar que «haber logrado esta transformación económica sin default, sin confiscaciones y buscando métodos de mercado para resolver todos nuestros problemas, supone una suerte de cruce de los Andes en materia económica».

Todavía resonaba un discurso del ministro Luis Caputo anunciando un programa financiero para el manejo de la deuda que él mismo había contraído en su anterior gestión con organismos internacionales y con la firma del contrato de concesión de la Vía Troncal del río Paraná tras una cuestionada licitación y el pago ese mismo 9 de Julio de 4.300 millones de dólares por vencimientos de bonos soberanos. Y mientras avanzaba el desguace del sofisticado sistema científico nacional, incluido el desarrollo nuclear de primer nivel alcanzado en décadas de inversión estatal, edificios de todo el país se cubrían de banderas argentinas y cientos de miles salieron a las calles a celebrar a Lionel Messi y la selección argentina en un clima de unidad que distaba del «sálvese quien pueda» que se alienta desde el oficialismo.

La conmemoración de la fecha patria se realizó, como es de rigor, en la casa histórica de Tucumán, donde en 1816 se declaró la voluntad de las «Provincias Unidas de Sud América» de «investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli». Diez días más tarde, cuentan los historiadores, y a instancias de quien sí cruzó la cordillera, y en condiciones extremas, José de San Martín, se agregó un apropiado «y de toda otra dominación extranjera», que los documentos oficiales –y la voluntad de dirigencias más actuales– no reflejan. Un dato ilustrativo del drama nacional es que la casa de Francisca Bazán de Laguna, donde se realizó el Congreso, que había sido construida a fines del siglo XVIII, tuvo que ser reconstruida luego de años de abandono, gracias a imágenes de las ruinas tomadas por el fotógrafo Ángel Paganelli en 1870, y fue reinaugurada en 1943.

¿Rotas cadenas?
Efectivamente, un extraterrestre bien podría asombrarse de que la República Argentina viva semejante perturbación. Por un lado, parece una provincia estadounidense, por la pleitesía con que los más encumbrados de los tres poderes se sumaron a los festejos en la embajada de EE.UU. en Buenos Aires, entre ellos, por cierto, Milei, que no fue el único ni siquiera el más condescendiente. En Tucumán, en tanto, el primer mandatario se presentó a dos años de aquel remedo de acuerdo fundacional que pomposamente llamó Pacto de Mayo, pero que no logró firmarse sino tras 45 días de presiones y amenazas sobre los gobernadores hasta conseguir una masa crítica que justificara el acto.

Así, en ese tono ampuloso que se le conoce, el inquilino de la Quinta de Olivos dijo que «haciendo honor a quienes dieron su vida por romper las cadenas que nos ataban al imperio español, nuestro Gobierno asumió un histórico compromiso: liberar al pueblo argentino de la tiranía del Estado omnipresente». Ya que estaba en esa línea tan amigable con las proclamas de las extremas derechas internacionales, dijo: «Hicimos el ajuste más grande de la historia, aprobamos el RIGI, realizamos más de 16.000 reformas en el gran entramado legal que atosigaba a los argentinos, llevamos más de 2 años con superávit fiscal».

El que habló del costo de ese ajuste que puede calificarse de monstruoso fue el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, quien llamó a escuchar «los gritos de quienes claman ayuda: pobres, jubilados, enfermos, discapacitados», pidió luchar contra el individualismo y «la mezquindad política» y reclamó compadecerse de las angustias de los demás. Las palabras más fuertes tuvieron destinatarios que no mencionó, algunos de ellos presentes en su homilía del 9 de Julio, en la que estaban Milei, su hermana y el flamante jefe de Gabinete junto a la plana mayor del Gobierno nacional y el alcalde porteño. «El camino de la crueldad hacia los más débiles es el que aprovechan algunos para dividirnos y enfrentarnos, escondidos en las cuevas de la corrupción, haciendo que los pobres sean cada vez más pobres y ellos escandalosamente más ricos. Y esto no es cuestión de ser de tal o cual partido, es cuestión de ser o no transparentes y honestos», dijo el prelado.

Tucumán. Milei, con el mandatario local, Osvaldo Jaldo, funcionarios y gobernadores en la casa histórica.

Foto: NA

La unidad del fútbol
Gracias al fútbol, primaba por entonces un clima de unidad, que incluso resaltó García Cuerva en el Tedeum. Pero no faltaron exageraciones propias de un nacionalismo teñido de racismo como el que llevó a una fuerte respuesta de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum a un comunicador local que sintoniza con el oficialismo, quien dijo «detestar a los mexicanos» por críticas que se hicieron desde el país norteamericano tanto al equipo que dirige Lionel Scaloni como a Messi. Desde la granja de trolls financiada por el Estado, se acusó a sectores del kirchnerismo de desear que la albiceleste perdiera, en un arranque de patriotismo que no solo la obsecuencia con la Casa Blanca o el Gobierno de Israel, sino la entrega de recursos y bienes que pertenecen a la sociedad desmentirían, en otras condiciones de normalidad. La disociación que prolifera desde las cúpulas políticas, por lo demás, se muestra en el mensaje contradictorio del jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Jorge Macri, quien así como celebraba un triunfo ordenaba reprimir los festejos populares en el obelisco porteño.

Mientras Luis Caputo busca infructuosamente los dólares que el Gobierno necesita para hacer frente a vencimientos con el FMI y otras entidades, y negocia nuevos créditos –lo que mejor sabe hacer– con tres bancos privados para conseguir u$s 3.200 millones, sigue sin cumplir con la ley de financiamiento universitario. La última novedad para incumplir esa y otras obligaciones como la de discapacidad, es que el presidente adelantó un proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, del mercado de capitales, una desregulación del mercado de seguros y de una normativa similar al «government shutdown» de EE.UU. Esto es, que «cuando agotás el presupuesto, no se puede gastar más y apagás el Estado», según explicó Milei en su canal de streaming amigo Neura.

Hablando del proyecto en cuestión con la FM Now, Milei cruzó algunos límites más y llegó a decir que se justifica la apertura de importaciones porque Argentina no produce gran cosa. Si no se comprara en el exterior «solamente comeríamos dulce de leche. Tendríamos unos problemas de sobrepeso tremendos porque sería lo único que comeríamos. Y andaríamos con biromes en colectivo nada más. O sea, no tenemos muchas más cosas».

El apagón, sin embargo, va avanzando antes de que una ley lo determine. El riesgo, para nada imaginario, es que cuando la caída en la recaudación se profundiza por la depresión económica, el cierre del Estado sea definitivo. Algo que no molestaría a Milei, que se jactó en varias ocasiones de ser un topo que llegó para destruirlo. 

Estás leyendo:

Política

Independencia en espejo

Dejar un comentario

Tenés que estar identificado para dejar un comentario.