Opinión

Carlos Heller

Dirigente cooperativista

La factura del ajuste

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Persianas bajas. El comercio es uno de los sectores más afectados: entre noviembre 2023 y abril 2026 cerraron más de 7.500 establecimientos.

Foto: Jorge Aloy

Pese a lo que el propio presidente denomina «el ajuste más grande de la historia», el Tesoro Nacional registró en junio un déficit primario, el tercero en 30 meses de gestión, e incumplió muy ligeramente la meta fiscal del semestre comprometida en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Es importante tener en cuenta que el objetivo ya había sido rebajado por el FMI a fines de mayo. Sin esa concesión, el desvío habría sido significativo.

Además, si se contemplaran los intereses de la deuda que se capitalizan y no pasan por las cuentas de resultados (de las que surge el superávit o déficit fiscal), método de contabilización que hasta el FMI observa, los números fiscales entrarían en el terreno deficitario.

El ministro de Economía, Luis Caputo, destacó que el ajuste del gasto permitió que se bajen impuestos desde 2024 por casi tres puntos del PBI. Está claro que algunos ganan con el modelo. En ese sentido, en la inauguración de la Exposición Rural el Gobierno prometió que seguirá bajando la «presión impositiva». Dado que la premisa sigue siendo la de mantener los equilibrios fiscales, habrá que esperar nuevos recortes del gasto público.

Como una demostración más de que el ajuste libertario se realiza sin mirar los costos, el presidente Javier Milei mencionó la posibilidad de avanzar con un mecanismo de cierre o shutdown del Estado, una instancia que requiere de la aprobación del Congreso. Esta decisión está estrechamente vinculada con la idea de «destruir al Estado» (una promesa imposible de cumplir) o de lograr reducirlo a su mínima expresión.


Menos trabajo, más deudas
Mientras tanto, algunos datos económicos difundidos en los últimos días continúan reflejando los impactos negativos del actual modelo.

Según lo informado por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), en el período que transcurrió entre noviembre 2023 y abril 2026, cerraron más de 28.000 empresas, es decir, aproximadamente 30 empresas por día. El sector más perjudicado es el Comercio con una pérdida de 7.567 establecimientos. Esto se refleja en un paisaje urbano repetido de locales con persianas cerradas y carteles de venta o alquiler.

Por otro lado, según la misma fuente, la cantidad de trabajadores/as registrados/as en unidades productivas se redujo 3,5%, es decir, una pérdida de 341.396 personas, lo que implica 385 trabajadores/as por día desde el inicio de la gestión de Milei.

Desglosado por sector económico, tan solo en la industria se perdieron 82.173 empleos en dicho período, mientras que la merma en la construcción fue de 75.426 y de 73.862 en el sector público. En el otro extremo se encuentra el sector agropecuario, que sumó solo 28.059 trabajadores/as, siendo incluso el que más empleo absorbió.

En este contexto, avanza la precarización: muchos trabajadores migran hacia trabajos informales. Según un informe del programa de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (Cetyd) de la Universidad Nacional de San Martín, entre principios de 2025 y los primeros meses de ese año la informalidad laboral alcanzó el 44,2%.

Este panorama convive con el fenómeno del endeudamiento para consumir bienes básicos. Cuando se toma un crédito para financiar gastos corrientes para llegar a fin de mes, se suman los intereses que hay que pagar, los cuales van ocupando un lugar cada vez mayor en el presupuesto de muchos hogares.

Al respecto, el vocero presidencial, Adrián Ravier, si bien señaló que los bancos deberían «reaprender» a otorgar créditos, dijo sobre las personas que se endeudan que «a veces, la gente se pone en riesgo de impago simplemente por no saber manejar sus propios ingresos y obligaciones (…). Hay un proceso de aprendizaje» que la población todavía no entendió. Tenemos que «volver a aprender cuál es el límite al que nuestros ingresos nos permiten acceder». Es decir, la culpa es de la gente.

En 2016, Javier González Fraga dijo: «Le hicieron creer a un empleado medio que podía comprarse celulares e irse al exterior». Hoy todo arranca un escalón más abajo, porque lo que está en juego es el acceso a bienes esenciales, que garantizan la subsistencia. No hay que perder de vista que la raíz del problema está en la falta de empleo de calidad y en que los ingresos cada vez permiten comprar menos.

En esta economía en la que unos pocos sectores están traccionando el crecimiento, queda al margen de los beneficios del mismo gran parte de la población.

Por eso, todo indica que no será fácil revertir las consecuencias sociales y económicas de este modelo. Es indispensable que se geste ‒y que la población la respalde‒ una alternativa política que presente una propuesta programática amplia y consensuada, que ponga por delante el bienestar de las mayorías de la población y no esté al servicio de los poderes económicos concentrados.

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