7 de agosto de 2026
Cinco décadas después, la memoria sobre los crímenes del terrorismo de Estado se abre paso entre el olvido y la negación. Trabajo científico, nuevas formas de despedida y una generación que asoma.
Fotos: Horacio Paone
En mayo pasado, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), en conferencia de prensa, informó la identificación de los restos de 16 personas, en el más grande ex Centro Clandestino de Detención de Córdoba, La Perla, específicamente en la denominada Loma del Torito. Estos hallazgos del EAAF tuvieron dos particulares. Por un lado, los restos hallados en esta ocasión fueron 17, pero solo 16 identificados. Para el restante no se halló compatibilidad en el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG). Y por otro, seis de los diminutos restos corresponden a tres parejas: José Luis Goyochea y Nélida Noemí Moreno de Goyochea; Rosa Cristina Godoy de Cruspeire y Carlos Cayetano Cruspeire, y Ester Felipe y Luis Mónaco.
«Hasta el momento, los análisis de ADN sobre un primer conjunto de restos óseos recuperados por el EAAF permitieron obtener el perfil genético de 35 personas e identificar a 29 (12 en marzo y 17 en mayo), mientras que 6 perfiles permanecen aún sin identificar», afirmó el Equipo de Antropología Forense en una publicación de Facebook, al unirse al homenaje que las familias Goyochea y Cruspeire organizaron con una misa en la Basílica Nuestra Señora de la Merced, en el microcentro porteño, para despedir a sus madres y padres.
Carlos y Rosa fueron secuestrados el 10 de septiembre de 1977. Su hija Mariela quedó primero al cuidado de vecinos y luego fue criada por su abuela materna, en Caseros, provincia de Buenos Aires. Nélida y José Luis fueron secuestrados el 15 de agosto de 1977 en Córdoba. Sus tres hijos quedaron al cuidado de sus abuelos paternos y se criaron en La Rioja, donde había nacido su padre. Los dos matrimonios estuvieron detenidos en La Perla y según testimonios de sobrevivientes, pocos meses después fueron «trasladados» (eufemismo militar de asesinados).
Ceremonias
Entre septiembre y noviembre de 2025, el EAAF recogió 1.200 fragmentos de restos humanos en la zona conocida como Loma del Torito, lindante con el terreno donde funcionó La Perla.
Entre ese millar, el EAAF identificó un hueso del maxilar de Rosa Godoy y otro de un pie de su compañero; uno del pie de Goyochea y uno de una mano de su compañera, Nélida.
«Un huesito del pie izquierdo de mi papá, un huesito de la mano derecha de mamá», había explicado Agueda Goyochea con total minuciosidad en una entrevista para el streaming Floreal, apenas semanas después de la identificación. Y aclaraba: «Hago hincapié en esto porque me parece que da una dimensión de todas las acciones que fueron necesarias para destruirlos». Al tiempo que se preguntaba: «¿Qué pasa con todas las familias que no van a poder ubicar a sus seres queridos en ese destino final? ¿Cómo se inventan nuevos rituales, otras maneras, otras despedidas, otras certezas? ¿Cómo se construyen?»
La hallaron. Junto con Mariela Cruspeire, familiares y amigos crearon la manera para cerrar ese círculo que permaneció abierto durante 49 años, y que permitió, luego de años de incertidumbre, cerrarlo con un hecho conmovedor: la certeza del destino final de sus padres.
Un cortejo de cientos de personas, familiares, amigos y militantes, encabezado por Águeda y Mariela con las pequeñas urnas de madera en sus manos caminó avenida de Mayo desde Florida hasta la Basílica de la Merced en pleno microcentro porteño. La iglesia se vio colmada en pocos minutos y, sin dar respiro, el padre Alejandro Llorente y el cura Paco Olveira dieron la bienvenida al templo. Tras la celebración de la misa en memoria de las dos parejas, fue el turno de las dos hijas. «Siento que mis papás y los papás de Águeda hoy son libres», sostuvo Mariela Cruspeire. Mientras que Águeda Goyochea volvió a resaltar el carácter colectivo de la identificación y la necesidad de compartir públicamente la conmoción de la «aparición».
50 años después de su desaparición, los restos de los miles de hombres y mujeres asesinados por la dictadura cívico-militar de 1976 «aparecen» tras el arduo trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), pero especialmente –aún en estas épocas de negacionismo explícito− por la tenacidad de familiares (como Águeda y Mariela, entre miles) y amigos que luego de años de incertidumbre nunca dejaron de sostener la memoria y mantuvieron vivo el reclamo de verdad y justicia.
Dijimos al principio de esta nota que el anuncio del EAAF de mayo había tenido dos particularidades: la identificación de tres parejas y la no compatibilidad de un resto con las muestras existentes en el BNDG. Hace solo unos días, @nietescaba (la tercera generación) posteó una publicación sobre una iniciativa del EAAF, «50 AÑOS DESPUÉS: ENCONTRAR ES POSIBLE», que insta a las familias a aportar una muestra de sangre o actualizar sus datos para hacer posibles nuevas identificaciones. Porque la búsqueda sigue siendo una tarea colectiva.






