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Canciones hechas por máquinas

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Facundo Arroyo

Sin una legislación que la limite, la inteligencia artificial altera las reglas de juego en la composición, producción y grabación de discos. La postura de Spotify y la opinión de los artistas.

Ilustración: Marisa Rojo

La inteligencia artificial (IA) llegó para quedarse también en la música. Impacta en la composición, cambia metodologías de trabajo y, casi lo más importante, amenaza con reemplazar a la mente humana y alterar el reparto de las regalías. Nada está legislado y todo está pasando. Desde un bot que compone una sinfonía inspirada en Bach, hasta un programa que traduce cualquier tipo de partitura y la mejora en términos técnicos. ¿Qué es lo que pasa con el arte cuando la subjetividad se vuelve un algoritmo?

Un estudio de la biblioteca de samples Tracklib encontró que el 25% de los productores musicales utilizan IA, aunque la mayoría lo hace para tareas básicas. Los artistas independientes están interesados en la «IA asistencial» que ayuda en el proceso creativo. «Sé que se están usando mucho los modelos de lenguaje como ChatGPT o Claude en talleres de escritura para asistencia creativa», dice Lautaro Barceló que, además de músico y productor, es primera generación de egresados en la Licenciatura en Inteligencia Artificial (Universidad de Palermo). «La experiencia no es tan distinta de métodos más tradicionales, como los que proponía Rosario Bléfari en sus talleres o los ejercicios que aparecen en How to Write One Song de Jeff Tweedy, de Wilco. Es una herramienta más entre otras, mucho más potente, pero antes usábamos el diccionario, recortes de revistas, un catálogo de ideas afines que había en la web. El filtro siempre es uno», completa.


El lado oscuro
Las herramientas que se desprenden de la IA son innumerables, desde el autotune, pasando por los MIDI para mezcla, hasta los programas de composición. Aunque la IA directamente puede hacerlo todo sola. Es decir, una canción desde cero para que un usuario de Spotify la termine escuchando y agregando a su playlist favorita. «Todo lo que venga a mejorar el proceso de producción tiene que ser usado, el tema es cómo. No podemos perder la identidad y el pulso de un artista por buscar la perfección de la música, el arte es otra cosa», dice Luis Lamadrid desde su estudio, mientras graba el segundo disco de Broke Carrey. Lamadrid fue uno de los productores de Papota (2025), el EP de Catriel y Paco Amoroso hecho con varios recursos de IA, que les valió tres nominaciones en los Grammy Latinos.

La IA ya ocupa el centro del tablero. Spotify presentó resultados del cuarto trimestre del año pasado y lo importante no fue el número de suscriptores sino la música hecha sin intervención humana. En el lado oscuro del tema, las máquinas reemplazan a los creadores de carne y hueso. El CEO de Spotify, Gustav Söderström, contó que está usando el modelo de IA llamado Claude, que le resuelve obstáculos incluso antes de llegar a la oficina. Esta clase de herramientas hacen que al capitalismo se le caigan las babas, con un menor costo y una mayor rapidez para expandir el margen de competitividad.

Spotify se niega a dar números concretos sobre el porcentaje de canciones cargadas en la plataforma que fueron hechas con IA. Los analistas dicen que la reticencia tiene una explicación: es una cifra que molesta. Deezer, que recibe música de los mismos distribuidores que Spotify, informa que en 2025 recibió más de 13 millones de temas hechos con IA. Eso representa el 39% de las subidas diarias. Barceló señala que «lo que hace Spotify no es una respuesta ontológica sobre qué es arte o qué es auténtico, sino una respuesta económica. Tiene sentido, no pueden darse el lujo de albergar una Biblioteca de Alejandría musical, porque la infraestructura y el modelo de negocio no lo soportarían».

Manu Montequín grabó el disco Lo bien lo mal y, además, es profesora titular de una materia de composición en la Facultad de Artes (UNLP) y doctora en artes (Conicet). Mientras dialoga con Acción, se pone a jugar con la IA y las letras de su álbum. Trata de mejorarlas mientras le pide cosas que tal vez podrían ayudar. La herramienta obedece y le va sacando todo rastro de humanidad a los versos de esos temas que ya fueron subidos a las plataformas. «Lo único que hace es formalizar el proceso de escritura y matarle todo tipo de swing», comenta, seria, mientras se le agrandan los ojos. «No creo que pueda reemplazar el sentimiento ancestral que tiene una canción», cierra.

Destacado por la revista Rolling Stone, el disco Anónimo de Juana Aguirre carga con una mixtura que podría haber sido generada con IA. Sin embargo, para concebir el material Juana no utilizó ninguna herramienta digital. «El objeto en sí es parte del registro. No solo la música, prefiero ver qué hay en un casete viejo, aquella que fui en el pasado, que generar algo frío desde la IA», cuenta la compositora en contacto con Acción

La industria musical está buscando soluciones para abordar el impacto de la IA en la creación y los derechos de autor. Nada está legislado aún, pero el debate ya está abierto a raíz de la presencia cada vez mayor de la IA en el escenario actual. El choque entre la tropa digital y la tracción a sangre suma un nuevo capítulo. La historia recién empieza.

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