27 de junio de 2026
Pinturas, ilustraciones, pancartas, intervenciones urbanas y acciones colectivas circulan en las redes sociales y en las marchas para acompañar el rechazo a las políticas del Gobierno nacional.
Obra reunida. Las piezas de Thornton, Gómez, Santoro, Del Olmo, Mariposa Kouvas, Fenocchio, Stagnaro y la columna Mostri.
«El arte no puede ignorar el ataque artero e insensato que sufre nuestra cultura y sus diversas manifestaciones», explica a Acción el pintor Daniel Santoro. «Con mi obra intento poner en imagen esta verdadera tragedia que nos agobia», agrega. El día de la marcha a favor de la universidad pública, a manera de apoyo subió en sus redes sociales una serie de piezas fechadas entre 2006 y 2008 de total vigencia en el contexto actual.
Ejemplo y maestro de generaciones de artistas visuales, Santoro enfatiza con su obra, aunque no sea de producción reciente, su explícito rechazo a este Gobierno libertario; pero no es el único exponente del mundo del arte que por estos días expresa su desacuerdo con las políticas impulsadas por Milei y compañía. En distintos soportes, con enfoques singulares, las manifestaciones de este tipo se multiplican.
De un modo que no deja lugar a dudas, el poeta visual, videasta y diseñador Alejadro Thornton actualmente está publicando en sus redes una serie de imágenes con el rostro de Milei «intervenido». «Siento la necesidad de trabajar de manera directa y clara ya que el presente parece haber perdido toda distancia entre violencia, espectáculo y vida cotidiana», dice Thornton. «Frente a un clima de época donde el lenguaje político se vuelve cada vez más agresivo y deshumanizante, mi práctica artística intenta producir una atención, un alerta. En este caso una imagen simple, frontal e imposible de esquivar, que llame a la acción», completa.
Galerías a cielo abierto
Soledad Stagnaro hace lo suyo con su Dibugramas, donde las palabras se divierten ante imágenes que apenas esconden su obscenidad. «La creatividad tiene el poder de sacarnos de la vacuidad liderando subjetivamente un movimiento antinihilista con luz y voz propia. ¿Logrará la humanidad hacer prevalecer su pulsión de vida por sobre la pulsión de muerte?», plantea, desafiante.
Formada por artistas, activistas antipunitivistas, transfeministas, antirracistas y discas, la columna Mostri es un espacio independiente y autoconvocado del movimiento LGBTIQ+ y antifascista. Se caracteriza por marchar bajo la premisa de que «la vida está en riesgo» y funciona como un núcleo de resistencia, cuidado colectivo y celebración de la diversidad. Están presente en las grandes movilizaciones contra este Gobierno y en cada oportunidad despliegan sus pancartas y flyers llenos de arte de creación colectiva, para reclamar por cada uno de los derechos atacados. Entre sus integrantes se encuentra la artista visual Mariela Scafati, la escritora y periodista Marta Dillon y la ilustradora Euge Murillo.
La premiada artista boquense Alejandra Fenocchio le dice a Acción, con respecto a su momento creativo actual: «Este nuevo mundo diseñado global y nacionalmente, ejecutado desde la crueldad y la ludopatía, hace que mis imágenes, las que salen de adentro sin filtro, viajen entre lo íntimo y lo comunitario. Los rotos y los olvidados conviven en un mundo de normalidad sin que importe el destino».
Por su parte, Mariposa Kouvas es una artista de Wilde que trabaja en la Isla Maciel. Su obra se despliega en localidades del Conurbano y llega a tierras porteñas en grandes pancartas durante las marchas contra el Gobierno. Mariposa basa estas piezas actuales en la estética de los 90: «La última que hice fue la del helicóptero, es casi un rezo “un helicóptero para Milei”. Lo que me interesa de esta situación es lo que pasa en la calle con la imagen y con el objeto “cuadro”. Que la gente lo aplauda, lo aliente, lo agarre, lo toque, lo pase, se vaya, se pierda en la multitud, vuelva, eso me vuelve loca, es tan opuesto a lo que pasa en un espacio convencional».
Javier del Olmo es miembro cofundador de los colectivos de arte acción: XI Ventanas, Mínimo9, Arde! y Artistas Solidarios. Trabaja en diferentes disciplinas: poesía visual, pintura, intervenciones urbanas y performances. Entre sus innumerables obras y acciones contra estos tiempos destaca una acción en defensa del Conicet. «Construimos, en la sede del Conicet, un árbol con los deseos de un país con ciencia. Y otro árbol, seco, denunciando el cientificidio, el intento de destrucción de la ciencia argentina que está llevando a cabo este Gobierno. Toda la potencia de la creación colectiva, pensando y haciendo arte, en contextos de desigualdad e injusticia, no para convalidar esta realidad, sino para transformarla», nos cuenta de este trabajo de creación colectiva.
En 2024 un colectivo anónimo realizó en la Universidad Nacional de Quilmes una intervención artística titulada El reino de la crueldad. Allí se exhibía una figura satírica del presidente Javier Milei sentado en un trono, acompañado por una motosierra, una licuadora, el esqueleto de su perro Conan y una prensa que simbolizaba el ahogo presupuestario a la educación pública. Los involucrados emitieron un texto conjunto donde explicaban que el propósito era «cuestionar cómo la crueldad afecta nuestras vidas y derechos». La obra fue inmediatamente removida por las autoridades.
En 2025, la artista visual Verónica Gómez realizó una muestra en la Embajada Argentina en China. En ella mostraba sin piedad y en forma, por decirlo de algún modo, paródica al Gabinete libertario, donde se reconocía claramente a cada uno y destacaba principalmente la figura de la hermana presidencial. Las autoridades consideraron que la muestra era inapropiada y la censuraron, obligando a levantarla. Las movilizaciones antimileístas y las redes parecen haberse convertido en estos años en las verdaderas galerías donde se muestra, expande y circula el arte antifascista más puro y activo. Quizá en tiempos donde el lenguaje político se vuelve cada vez más brutal y binario, muchas de estas expresiones intentan precisamente lo contrario: volver visible aquello que el Gobierno preferiría borrar. Entre censuras, intervenciones callejeras, pancartas y acciones colectivas, el arte argentino ocupa un lugar incómodo: el de señalar aquello que desde el poder se intenta destruir.








