3 de julio de 2026
En un partido infartante, La Scaloneta venció a Cabo Verde y avanzó a octavos de final, donde la espera Egipto. Messi, goleador histórico con 20 tantos, Lisandro Martínez y Cuti Romero, los puntos altos de un equipo que sueña con sumar la cuarta estrella.

Con el corazón. Festejo de Licha Martínez tras convertir el segundo gol en el primer tiempo del suplementario.
Foto: Getty Images
Cuti Romero parece tener un cuchillo en la cabeza: salta y de refilón manda la pelota al fondo del arco de Vozinha, el veterano arquero de Cabo Verde que tuvo su noche soñada por todas las pelotas que le tapó a Messi. El Hard Rock de Miami, repleto de argentinos, explota de emoción. Es el desahogo por el 3 a 2 –al fin– en un partido de 16avos para el infarto. Argentina-Cabo Verde fue tal vez el mejor encuentro en lo que va del Mundial. Con tintes similares a los de aquella final ante Francia en Qatar, hace cuatro años. Tuvo, incluso, dos atajadas monumentales del Dibu cuando todo terminaba.
El martes próximo, a las 13, en Atlanta, habrá que jugar contra Egipto, un equipo tan o más peligroso que el caboverdiano. Tanto lo buscó Argentina y tanto se le negó que hacía falta un guapo entre los guapos para cambiar la historia. Y fue el Cuti Romero, hombre de la escuadra Scaloni, quien cambió las cosas cuando la mano venía fiera.
Cabo Verde no era un rival sencillo. Supo controlar a España y a Uruguay, dos campeones del mundo. Pero fue ante Argentina que logró acariciar ese algo más. Porque sus empates provisorios hicieron sentir que era un equipo en serio, que no estaba de paseo por los Estados Unidos. Se sabía difícil, pero no se imaginaba tanto. Porque Messi rompió el cero cuando iba media hora de partido y después la historia se puso oscura: 1 a 1, 2 a 1 para Argentina, 2 a 2 después, y 3 a 2 al final. Los jugadores de uno y otro equipo terminaron extenuados de tanto correr y poner garra y lo que hiciera falta. Fue un partido físico por demás, pero también mental.
¿Qué es el miedo si no un empate a nuestro equipo en un mata-mata mundialista? ¿Cómo se llama esa sensación que va de la euforia a la desilusión cuando las cosas no salen? ¿Qué decir, sentir o pensar cuando nuestro equipo no puede hacer el gol que se merece de tanto ir a buscarlo?

Bien arriba. El imponente cabezazo del Cuti Romero que decretó la victoria 3 a 2 sobre el sorprendente Cabo Verde.
Foto: Getty Images
Algunos de los grandes jugadores que le faltaron Países Bajos en este Mundial los tuvo Cabo Verde. Deroy Duarte se llama el hombre que silenció a un estadio. Y a un país. Al momento de hacer el gol del 1 a 1 de Cabo Verde ante la Argentina tiene 26 años, pero este sábado 4 de julio cumple los 27. Nació en Rotterdam, Países Bajos, pero juega en la selección caboverdiana desde el 2022. El actual es su primer Mundial; y el de este encuentro, su primer gol. Flor de autoregalo que se hizo.
Sidny Lópes Cabral también nació en Rotterdam, pero hace 23 años. Juega en el Benfica: sabe de qué se trata este asunto por más que juegue para Cabo Verde desde hace tres años. Tanto entiende del asunto que recibió una pelota en la esquina del área grande y se la clavó en el ángulo a Dibu Martínez. Golazo. 2 a 2.
Pero antes había sido el gran Lisandro Martínez quien puso el 2 a 1 y provocó la explosión de esa multitud que se atragantaba en su angustia.
La ilusión viva
Con la izquierda la baja y con la derecha define. Van 28 minutos del primer tiempo cuando Lionel Messi –¿quién, si no, a esta altura?– rompe el partido y hace su séptimo gol en lo que lleva de este Mundial, en el que es máxima figura. Son 20 en total: es el goleador de la historia de los mundiales. Argentina le gana 1 a 0 a Cabo Verde y empieza a darle forma a su pase a los octavos de final.

Soy leyenda. Otro gol del genio rosarino, el séptimo en la Copa, para que Argentina abriera el marcador en la calurosa tarde de Miami.
Foto: NA
Casi media hora le llevó al equipo de Scaloni tomar la ventaja que anunciaban los pronósticos, pero que por prudencia se postergaba: varios resultados inesperados o batacazos invitaban a no festejar antes. Si la poderosa Alemania cayó ante el aguerrido Paraguay y Países Bajos con Marruecos, cómo no ser prudentes con Cabo Verde, que le hizo partido a España y a Uruguay. Que mostró un equipo sólido, sin brillos ni ataques, pero difícil. Con un arquero, Vozinnha, 40 años, que atajó hasta lo imposible y se convirtió en una de las revelaciones del Mundial. Algún día le contará a sus nietos que en el segundo tiempo del Argentina-Cabo Verde le tapó pelotas increíbles nada menos que a Messi. Una fue un mano a mano; otra, un tiro libre al ángulo. Y hubo más.
La versión 2026 del seleccionado ilusiona porque gana aunque no corra como la de Qatar. Es un equipo más lento, pero avanza con una paciencia similar a la de aquellos animales que estudian a la presa y le dan alcance cuando menos se espera. Es, quizás, Messidependiente, pero no por eso es un equipo débil. Todos los campeones de la historia se basaron en una figura excepcional. Brasil con Pelé, Argentina en su momento con Maradona, Francia con Zidane, y así.
La cuarta estrella es posible y los hinchas lo saben. Mientras Messi camina la cancha por todos lados, la gente alienta, loca de ilusión. La tercera provocó una liberación que permite jugar sin la pesada mochila de la historia. Ante Cabo Verde, Miami fue escenario de una fiesta tribunera igual a las que se ven en nuestras canchas. Se espera lo mismo para el martes próximo, cuando La Scaloneta defina otro paso hacia el futuro contra Egipto.
En el fútbol, sabemos, se vive a destiempo. Siempre se mira al más allá. El fervor de tantos y tantos argentinos en Miami lleva a pensar en un eventual choque contra Inglaterra. «El que no salta es un inglés» se está volviendo canto emblemático. El clásico es otra de las asignaturas pendientes de Messi, quien a sus 39 años no para de lograr imposibles. Pero primero hay que sortear a los egipcios, que no son fáciles. Mohamed Salah como la estrella, pero también con jugadores de calidad como Emam Ashour y Mostafá Zico. Los tres, arriba, son tremendos.
Scaloni es como nuestro maestro Yoda: el hombre que ve el futuro, que sabe a quiénes poner de arranque y a quiénes sacar. Nunca la erra. Thiago Almada es tal vez el gran ejemplo: se ganó un lugar indiscutido entre los titulares. Si tiene que mandar al banco a una figura como Julián Álvarez, lo hace. Los hinchas confían: no hay nadie en este país que ponga en duda lo que decide Scaloni. Su palabra es palabra santa. Apostó por Lautaro Martínez y reforzó con el gran Facundo Medina. Rodrigo De Paul y Alexis Mac Allister cumplen a la perfección sus funciones de contención y distribución en el medio.
Alguna vez Carlos Bilardo predijo que el futuro del fútbol era africano. Ese futuro llegó, hace rato. Esta vez con los colores de Cabo Verde. En la próxima, con los de Egipto. Pero el fútbol argentino sigue vivo.
