3 de julio de 2026
Cuatro trimestres consecutivos de caída de las inversiones, pese al crecimiento del Producto Bruto Interno, desmienten el supuesto ortodoxo de que las condiciones que benefician al capital alcanzan para atraer inversión.

Minería. Las inversiones en los sectores extractivos no compensan la retracción inversora mercado internista.
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La inversión es uno de los componentes de la demanda agregada en términos económicos. Los restantes son el Consumo Privado, el Gasto Público y las Exportaciones Netas (Exportaciones menos Importaciones). Las inversiones son muy importantes porque, entre otras cuestiones, amplían la capacidad productiva de un país. No existen discusiones en ese terreno. Es un axioma compartido por economistas de izquierda, de derecha o del centro ideológico. Las diferencias afloran cuando se abordan otros tópicos. Por ejemplo, cuáles son los determinantes del proceso inversor privado.
En otras palabras, ¿qué es lo que motiva a un empresario a encarar un determinado proyecto? Para la ortodoxia económica, la respuesta pasa por la conformación de un «ambiente promercado» (apertura, desregulación, achicamiento del Estado, menores cargas impositivas y laborales) que seduzca al capital privado. En esa línea, el Gobierno de Javier Milei avanzó con rebajas impositivas y laborales (como menores alícuotas del Impuesto a los Bienes Personales, blanqueos tributarios, baja de impuestos internos a bienes de lujo, reducción de retenciones, sanción del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), Ley de Reforma Laboral), desregulación de normas varias, rebaja de aranceles de importación; cronograma de privatizaciones, entre otros.
Ahora bien, los datos del Indec desmienten (o por lo menos, relativizan) la supuesta correlación automática entre políticas mercado-friendly e inversiones. En el primer trimestre de este año (último registro disponible), la inversión retrocedió un 11,6 % interanual, acumulando cuatro meses de retroceso consecutivos. El economista de Equilibra, Lorenzo Sigaut Gravina, sostuvo que «desde 1993 nunca se observaron cuatro trimestres consecutivos de caída de la inversión con expansión del PBI».
Ese dato es un fiel reflejo del modelo en curso caracterizado por un crecimiento económico estadístico centrado en sectores extractivos que, entre otras cosas, no generan empleos, ni mejoran los salarios, ni estimulan inversiones destinadas al mercado interno.
Los datos anticipados de abril y mayo tampoco permiten vislumbrar una mejora. Por caso, la consultora Orlando Ferreres y Asociados reportó una caída adicional del 11,4% y 6,6% interanual respectivamente. «La inversión sigue mostrando un nivel inferior al que tenía durante 2025, y no se aprecian aún indicios que puedan anticipar una recuperación», dice el informe de Ferreres.

Retracción
En síntesis, las inversiones en los sectores extractivos (Vaca Muerta, minería) no compensan la retracción inversora mercadointernista afectada por una demanda muy débil y la paralización de la obra pública. Con respecto a este último punto, la consultora Misión Productiva sostiene que «la decisión del Gobierno nacional de paralizar prácticamente la totalidad de la obra pública generó un impacto directo sobre la inversión agregada. No se trata solamente de rutas, viviendas o infraestructura energética que dejaron de construirse. También se frenaron compras de maquinaria, servicios profesionales, transporte, insumos industriales y múltiples cadenas proveedoras».
Los datos en materia de inversiones extranjeras tampoco son buenos. Según los datos de la OCDE, Argentina tuvo el peor desempeño regional durante 2025. Ese organismo contabilizó 77.000 millones de dólares de inversión extranjera directa en Brasil, más de 40.000 millones en México y más de 13.000 millones en Chile. «Argentina, en cambio, captó apenas alrededor de 3.100 millones de dólares, quedando última entre las principales economías latinoamericanas relevadas», destaca un informe de Misión Productiva. Desde el comienzo del Gobierno de Milei, el saldo de la Inversión Extranjera Directa (IED) es negativo por 1.188 millones de dólares, de acuerdo con los datos del Banco Central. La Gerencia de Estudios Económicos del Banco de la Provincia de Buenos Aires comenta que «esta es la primera gestión con saldo negativo desde 2003» en materia de IED. La «lluvia de inversiones» todavía sigue siendo solo una promesa meteorológica.
