3 de agosto de 2026
Un trabajo de investigadores argentinos revela cómo se distribuye territorialmente el sobrepeso y el retraso del crecimiento entre niñas y niños de todo el país. Desigualdad, pobreza y nutrición.

Buenos Aires. Medición de talla y peso a niños en edad escolar en el barrio del Bajo Flores.
Foto: Alejandra Malcorra
Un grupo de investigadores de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet logró construir, por primera vez, un mapa que señala los lugares de la Argentina donde conviven dos de los principales problemas nutricionales en la infancia: el sobrepeso y el retraso del crecimiento. El trabajo identifica las zonas del país con mayor presencia de estas problemáticas y aquellas en las que se concentra la llamada «doble carga de malnutrición», es decir, la coexistencia de ambas condiciones en una misma población.
Realizado por especialistas de las facultades de Ciencias Exactas y Naturales, el trabajo muestra cómo se distribuyen el retraso del crecimiento y el sobrepeso entre menores de cinco años atendidos en el sistema público de salud. El análisis se basó en datos antropométricos ‒peso y talla‒ de casi un millón de niñas y niños, relevados durante 2019 por el Programa Sumar en más de siete mil centros de salud públicos pertenecientes a más de 500 jurisdicciones del país.
Doble carga
«El trabajo nos permitió hacer un análisis a nivel departamental, donde se observa con claridad que existen regiones en las que el sobrepeso y el retraso del crecimiento presentan distribuciones diferenciales. Identificamos que el sobrepeso alcanza mayores prevalencias en la región patagónica, mientras que presenta valores considerablemente más bajos en las regiones NOA y NEA. En cambio, el retraso del crecimiento muestra un patrón de distribución inverso», señala Pablo Núñez, investigador del Conicet y miembro del grupo de Bioestadística Aplicada de Exactas UBA que publicó el trabajo. En este sentido, agrega, «la mayor prevalencia de doble carga se concentra en la región Patagonia».
Difundido en la revista académica Spatial and Spatiotemporal Epidemiology, el estudio detectó que «las capitales provinciales evidenciaron mejores indicadores que las zonas rurales y periféricas» y que «en las zonas más vulnerables del país muchos niños menores de cinco años sufren al mismo tiempo problemas de sobrepeso y retraso del crecimiento».
El trabajo describe la distribución espacial del retraso del crecimiento, que es, para Núñez, «uno de los mejores indicadores de desigualdad en salud infantil». Por otro lado, muestra la distribución de la obesidad infantil, «una problemática en aumento y con muchas aristas». Finalmente, analiza, a través de modelos sofisticados, las regiones del país donde coexisten con alta prevalencia ambas condiciones. «A esto se denomina doble carga de malnutrición, que suele estar asociado a las áreas con mayor vulnerabilidad social», especifica.
Fenómeno global
El concepto de «doble carga de la malnutrición» es un fenómeno global creciente que afecta especialmente a países de ingresos bajos y medios. La importancia de este abordaje radica en que, por primera vez en el país, se cartografía de manera integrada, permitiendo ver cómo conviven y se presentan territorialmente dos problemáticas que suelen analizarse por separado. Tal como señala Núñez, «la doble carga importa porque es un indicador que tiene que ver con una alimentación insuficiente o de mala calidad. Sus efectos son doblemente graves porque concentra dos estados de malnutrición y afecta tanto el crecimiento físico como el desarrollo neurológico y cognitivo».
El investigador explica que «el sobrepeso y la obesidad son condiciones por exceso, sobre todo resultantes de una alimentación inadecuada, por un exceso de calorías, de alimentos ultraprocesados, por una baja dinámica de actividad física, entre otras causas; la desnutrición crónica, por su parte, resulta básicamente de una alimentación insuficiente». En este último caso, precisa, el impacto es acumulativo: «Los pibes no tienen una alimentación que les permita ir creciendo y desarrollándose al ritmo normal de su edad. Entonces, siempre van acumulando un déficit de crecimiento que se manifiesta en términos físicos en la altura, pero que también tiene su correlato en el desarrollo cognitivo o integral de la persona. La manifestación un poco física es la estatura baja, pero eso tiene que ver con un déficit acumulativo en el crecimiento».
Un aporte a la salud pública
«El estudio tiene mucha relevancia por la calidad de la información que analiza: datos reales de Argentina, provenientes de bases de datos con una amplia cobertura y una gran representatividad», destaca Núñez.

Distrito por distrito. Ilustración del trabajo realizado por investigadores de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet.
Uno de los aportes principales del relevamiento es que logra transformar información que hasta ahora no estaba siendo analizada en evidencia útil para la toma de decisiones. En ese sentido, remarca Núñez, el análisis a distintas escalas geográficas brinda la posibilidad de identificar diferencias entre territorios y diseñar estrategias más específicas.
¿Cómo se vería el mapa si Argentina contara con políticas públicas de alimentación y nutrición sostenidas, integrales y eficaces? «Las desigualdades que se observan en los indicadores nutricionales tienen mucho que ver con la pobreza y la desigualdad; es decir, con las condiciones sociales y socioeconómicas», explica Núñez. Y añade: «Son el reflejo de políticas de alimentación o nutrición, pero también de la distribución diferencial de esas desigualdades en el país; y permiten observar las diferencias entre regiones y departamentos en múltiples indicadores vinculados con las condiciones sociales, las políticas públicas y las desigualdades territoriales, así como la manera en que todo ello se refleja en la nutrición y la alimentación».
El mapa elaborado constituye una herramienta que permite desarrollar estrategias integrales que contemplen las particularidades de cada territorio y orientar el diseño de políticas públicas. La investigación muestra que los problemas nutricionales en la infancia argentina no responden a una única dimensión, sino que configuran un escenario complejo en el que conviven el exceso y el déficit.
Ley de Etiquetado Frontal
En mayo, el Gobierno nacional envió al Senado un proyecto para eliminar la Ley 27.642, de Promoción de la Alimentación Saludable (PAS), conocida popularmente como Ley de Etiquetado Frontal, una política pública que protege el derecho a una alimentación saludable y al acceso a información clara sobre lo que consumimos. ¿Qué impacto podría tener su derogación sobre la evolución del sobrepeso y el retraso del crecimiento en Argentina? Núñez es claro: «La ley hay que sostenerla porque garantiza múltiples aspectos de protección para la población y los consumidores, en un contexto en el que, tanto a nivel global como en Argentina, se observa un aumento exponencial del sobrepeso y la obesidad. Además, protege a las infancias, regula los entornos escolares, brinda información real frente a los mensajes engañosos de la publicidad y funciona como un estímulo para que las empresas reformulen sus productos y los alimentos que ofrecen».
Al respecto, el investigador sostiene que la discusión en torno a la ley enfrenta dos modelos de salud pública en disputa. «Por un lado, una política orientada a que la sociedad cuente con más información y pueda tomar decisiones más conscientes sobre los alimentos que consume; por otro, una propuesta del Gobierno que limita ese acceso, pese a las posibles consecuencias para la salud de la población y el incremento de los indicadores de exceso de peso».
Para Núñez, esos indicadores «son bastante alarmantes en muchas regiones y departamentos del país» y, por eso, considera que deberían impulsarse políticas orientadas a reducirlos «como están haciendo muchos países del mundo», en lugar de «liberar factores que tienden a aumentarlos».
