Opinión

Carlos Heller

Dirigente cooperativista

La inflación sigue, el ajuste también

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Transporte. El costo del rubro de precios regulados, que integra junto con los servicios públicos, se incrementó un 43% en un año.

Foto: Jorge Aloy

El presidente de la Nación, Javier Milei, se sinceró días atrás, al ser entrevistado en un programa que se emite por Internet. «Entiendo que la gente se sienta mal porque se frenó la actividad, porque cayó el salario real», dijo, tras reconocer que hubo «un salto de la tasa de inflación».

Es destacable que, por primera vez, el mandatario haya reconocido que hay un «freno» en la economía, esto es, una caída de la actividad, y que los ingresos de las y los trabajadores pierden terreno frente a la suba de los precios, que luego de 28 meses de gestión, sigue sin detenerse.

Por supuesto, a falta de mayores argumentos y en defensa de políticas que no están dando resultado, Milei completó su razonamiento con la afirmación (indemostrable) de que «el escenario alternativo era inmundo».

El jefe de Estado, por otra parte, resumió su visión en un post publicado en la red social X, que tituló «Retornando a la normalidad». Sostuvo allí que «a pesar de los intentos golpistas de la política (y sus socios del círculo rojo) y el shock externo, la inflación retoma el sendero decreciente».

Decir que el Parlamento tuvo actitudes golpistas por sancionar leyes como el Financiamiento Universitario o la Emergencia en Discapacidad es desconocer el rol del Congreso, que solo funcionaría «bien» si es afín a las políticas libertarias. Es asumir que en democracia los sectores afectados no pueden manifestarse y reclamar por medio de sus representantes para proponer alternativas al ajuste en curso.


Motores
Volviendo al tema de la inflación, el ministro de Economía, Luis Caputo, celebró que el dato de abril fue el más bajo en cinco meses. Como si los efectos acumulativos del fenómeno no tuvieran ninguna incidencia en los ingresos de los sectores populares.

En rigor, no parece que haya mucho que festejar cuando la evolución del índice de precios de abril se situó en 2,6%, con una variación interanual del 32,4%. Hay que recordar que el 12,3% de inflación del primer cuatrimestre ya supera la proyección del 10,1% incluida en la Ley de Presupuesto 2026. Lo cual confirma, como señalé en su momento en el debate parlamentario, que las estimaciones no tenían bases sólidas.

En cuanto a los múltiples motores del fenómeno inflacionario, las mismas estadísticas del Indec muestran la elevada incidencia de los precios regulados (por ejemplo, los servicios de luz, gas y agua, así como el transporte, en los que interviene el Gobierno), que se incrementaron en el mes 4,7%, sumaron 17,5% en el cuatrimestre y 43% en doce meses.

La inflación obedece a múltiples causas, entre ellas, la puja distributiva, y requiere que se actúe sobre ella con distintas herramientas. Está a la vista que ni el ajuste fiscal ni el apretón monetario dan en la tecla, mientras la economía se ameseta, con importantes costos sociales y productivos.

Ese panorama seguramente se agravará como consecuencia de la nueva ronda de recortes del gasto público, esta vez de 2,4 billones de pesos, elevando incluso el superávit financiero proyectado para la Administración Pública Nacional, al gusto de los organismos crediticios internacionales.

Milei. En una entrevista reconoció que la gente se siente mal porque se frenó la actividad y cayó el salario real.


Recortes
En esta materia, los mayores tijeretazos disminuirán las transferencias a provincias, los subsidios en las tarifas y las partidas de salud, educación y obras de infraestructura.

Los consiguientes reclamos de gobernadores e intendentes coincidieron con la masiva Marcha Federal Universitaria y con encuestas que van mostrando el paulatino rechazo social del rumbo actual.

Por nuestra parte, siempre hemos afirmado que el ajuste no tiene fin, a no ser que la resistencia de los/as ajustados/as imponga sus límites. Y si se trata de evitar desequilibrios presupuestarios creemos que existen vías socialmente sostenibles de lograrlo, en una economía en crecimiento (que genere mayor recaudación) y con tributos progresivos.

Pero la discusión no se puede reducir a la existencia o no de déficit fiscal. Hay que definir si se insiste con un país basado solo en cuatro sectores (minería, combustibles, agro y finanzas) o se vuelve a un proyecto de desarrollo industrial y de servicios orientados a beneficiar a la mayoría de la población. Cuando la ciudadanía logre vincular de forma masiva el hecho de que el problema está en el modelo, seguramente habrán madurado las condiciones para que pueda darse un proceso verdaderamente diferente.

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