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Gilda de los milagros

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Jaqueado por inundaciones crónicas, el sitio que homenajea a la cantante de música tropical atrae a fieles de todo el país que le ofrecen regalos y exvotos. Hoy el santuario está en riesgo y los dueños del predio intentan mitigar los daños del agua.


Altar. Miriam Alejandra Bianchi murió en un accidente en el kilómetro 129 de la ruta 12. (Gisela Vola)

 

El santuario se levanta a la altura exacta del kilómetro 129 de la ruta nacional 12, camino a Chajarí, Entre Ríos, y ocupa un predio al que concurren fieles de todas partes del país en cualquier momento del año para dejar exvotos y ofrendas a quien consideran su santa mayor, Gilda, que murió en ese lugar el 7 de setiembre de 1996 junto con su madre (Tita), su hija (Mariel), el chofer del micro y tres de los músicos de la banda (Gustavo Babini, Quique Tolozza, Raúl Larrosa) y marcó un antes y un después en la movida tropical. Pero decir que «se levanta» es un contrasentido. Porque la realidad es que el terreno donde el matrimonio de Rita y Carlos Maza instaló el altar se encuentra desde hace tiempo y casi continuamente bajo el agua, afectado por las inundaciones crónicas que convirtieron a la vecina localidad de Villa Paranacito en «zona de desastre».
«Acá vino gente a ofrecerme varias veces comprarme el terreno. Muchísima plata. Pero yo no lo voy a vender. No queremos que esto sea un negocio sino un lugar de recordación», dice Maza, y su mujer avala a regañadientes, preocupada por los problemas de salud de su marido, que vive de su trabajo como dueño de una herrería industrial.
 
 

Aniversario y desidia
Para los Maza, la situación es desesperante e insólita. No pueden entender que en el año del vigésimo aniversario de la muerte de la cantante, cuando hasta desde el gobierno nacional se la canta y baila en cada celebración, «nadie con el poder de ayudar hace nada para revertir la situación». Así lo explica Maza a Acción un domingo en el cementerio de la Chacarita, junto al nicho donde se encuentran los restos de quien fuera en vida Miriam Alejandra Bianchi.
Y agrega: «Los únicos que nos dieron una mano fueron los fans, que hacen lo que pueden, y algunos particulares, como los chicos del elenco de una obra de teatro en cooperativa de la actriz Florencia Berthold, que generaron una función a beneficio. Lo que pensamos fue hacer un dique de contención o bien levantar el terreno para que el agua no siga siendo el problema. Pero con lo que se juntó esa noche apenas alcanzó para comprar dos camiones de tierra…». Tampoco han recibido apoyo de los productores de la película No me arrepiento de este amor, protagonizada y coproducida por la actriz Natalia Oreiro y por Telefe, entre otros inversionistas, cuyo estreno se anuncia para setiembre en oportuna coincidencia con el aniversario.
Desde hace años los Maza guardan mucho de lo que la gente ha ido dejando en el santuario; se trata de piezas con más valor simbólico que material, que sin embargo consideraron prudente no dejar en el lugar porque los robos se volvieron cosa frecuente. «Por más que tenemos un cuidador, la verdad es que a veces no podemos pagarlo y ahí algunos se aprovechan para entrar y llevarse cosas: vestidos de quince, cadenitas, anillos, lo que sea…», recalcan.
Desde la página de Facebook de la Fundación Santuario de los Milagros – Gilda, llevada adelante por Marcela del Prado en Buenos Aires y Hugo Alejandro Pastorini en la localidad de Colón (Entre Ríos), convocan a juntar alimentos no perecederos y artículos de limpieza para los damnificados por la inundación. Uno de sus posteos puso el acento en la desidia real: «En setiembre se estrenará la película, pero delante de nuestros ojos el santuario vive otra realidad. Todos podemos poner nuestro granito de arena buscando soluciones y devolverle a Gilda, a Carlos Maza y a Rita todo el esfuerzo de 20 años». Pero la verdad es que, hoy por hoy, los aportes relevantes no llegan.

 

 

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