12 de junio de 2026

Caputo. El ministro de Economía anunció que «la fiesta recién comienza».
Foto: NA
Estamos en tiempos de venta de ilusiones. Tanto funcionarios del Gobierno como representantes del FMI y otros organismos intentan hacerle creer a la ciudadanía que las actuales políticas están empezando a rendir sus frutos, reflotando aquel concepto de «brotes verdes» que proclamaba el macrismo hace pocos años, con participación de actores que hoy se repiten, como los ministros Luis Caputo y Federico Sturzenegger.
El objetivo que buscan es que se sostenga el ajuste porque –dicen– los beneficios llegarían alguna vez a todos y todas. El problema es que cuando se analizan los números en profundidad, los brotes no son tan verdes.
La mejora en la calificación de la deuda soberana que anunciaron Standard & Poor’s (S&P) y antes Fitch, inyectó entusiasmo en el Gobierno, pero en el mejor de los casos, incrementaría las chances de que lleguen capitales golondrina, ávidos de asumir riesgos, pero –como su nombre lo indica– sumamente volátiles.
El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó recientemente en un evento empresario que «la fiesta recién comienza», en referencia al impulso de las actividades energéticas, aunque la frase bien podría adaptarse a las asociadas con la especulación.
Celebraron también el índice inflacionario de mayo (2,1%) que muestra una desaceleración respecto del 3,4% de marzo y del 2,6% de abril. Sin embargo, los niveles siguen siendo elevados y en los cinco primeros meses se acumula una suba de precios al consumidor del 14,7%, que ya supera el 10,1% planteado para todo el año en el Presupuesto 2026. Datos que se establecen, además, sin actualizar las formas de medición, tal como había dispuesto el Indec y el Gobierno postergó para obtener números más convenientes. De ahí que el FMI señaló en su último informe que «la prolongada demora en la modificación del IPC ha dejado la metodología desactualizada y menos representativa de la actual canasta de consumo».
Acerca del también celebrado superávit fiscal, el propio Fondo ha señalado que si los intereses de los bonos capitalizables se contabilizaran según las prácticas usuales, el excedente financiero se transformaría en déficit, y reclamó que se modifique la registración. Las observaciones del organismo, así como el incumplimiento del objetivo de acumulación de reservas, no fueron motivo para evitar la aprobación de la segunda revisión del acuerdo. El FMI los considera temas menores siempre y cuando se siga avanzando con el ajuste y las reformas estructurales pendientes.
Más deuda
En otro orden, según los datos del Balance Cambiario del BCRA, desde enero de 2024 a abril de 2026 Argentina registró una balanza comercial superavitaria en US$27.860 millones (compuesta por un saldo positivo de US$46.595 en Bienes y un déficit de US$18.735 en Servicios).
En el mismo lapso las personas humanas compraron dólares por US$39.032 millones. La cuenta es sencilla: el superávit del comercio exterior no alcanzó para abastecer los requerimientos de la fuga de capitales. Al mismo tiempo las empresas se endeudaron en US$28.568 millones de dólares, mientras que el Estado hizo lo propio por US$20.168 millones en operaciones con el FMI y otros organismos internacionales.
Mientras el Gobierno apuesta al RIGI para revertir la ecuación negativa entre salida y entrada de dólares de inversión extranjera directa, esa laxitud y permisividad regulatoria podría ir en contra del objetivo de incrementar las reservas, además de afectar la recaudación y el empleo. En ese contexto, Vladimir Werning, vicepresidente del BCRA, señaló que «la recuperación de la actividad se consolidará, abarcando progresivamente más sectores (…). Aunque hay sectores que serán líderes naturales del actual ciclo, para operar requieren de insumos, infraestructura, servicios urbanos, y logística. De esta manera su eslabonamiento con otros sectores contribuirá a la creación de oportunidades de empleo». Vale preguntarse: ¿cómo podría producirse eso si no se establecen, por ejemplo, requisitos de contenido local, como sucede en muchos países del mundo? Un ejemplo de nulo derrame es la reciente adjudicación del megaproyecto de cobre en San Juan a un consorcio que anunció que traerá del exterior las denominadas casas modulares para sus trabajadores. Una decisión que tampoco generará actividad y ocupación en el sector de la construcción local.

Sin trabajo local. Viviendas modulares importadas en un proyecto minero en San Juan.
Foto: Vicuña
Los héroes y la moral
Por su parte, el caso Adorni, de gran impacto en la sociedad, pone en cuestión uno de los ejes discursivos del Gobierno. En una columna del diario La Nación se afirma que «la moral como política de Estado volvió a sufrir otro duro golpe».
Se sumó el propio FMI a la cuestión: en la segunda revisión del acuerdo con Argentina, sostiene que «los marcos anticorrupción preventivos requieren un fortalecimiento, dado que los regímenes de declaración de patrimonio se caracterizan por una verificación limitada, una baja transparencia, la publicación tardía y una aplicación irregular» (apartado 9 del informe).
El modo en que el jefe de Gabinete explicó su crecimiento patrimonial sintoniza con uno de los ejes ideológicos de Javier Milei, resumido en frases del estilo: «Los que evaden son héroes” o «Los impuestos son un “robo”». Cierra de ese modo el círculo con la idea del «topo infiltrado en el Estado para destruirlo desde adentro».
Como ya hemos dicho, para que los impuestos sean mínimos, tienen que reducirse a su mínima expresión los gastos (salud, educación, políticas sociales, infraestructura, jubilaciones, entre otros), en el contexto de un Estado reducido a su mínima expresión. En definitiva, el fondo de toda esta discusión es el de los dos modelos en disputa. La extensión del actual enfoque nos llevará a una sociedad en la cual una minoría, por caso, el 20%, vivirá bien y gozará de derechos, mientras que el 80% restante, es decir la amplia mayoría, padecerá privaciones cotidianas de diversa índole y magnitud.
