14 de junio de 2026
El domingo 14 de junio, a las 19:20 murió Taty Almeyda. Estaba internada en el Hospital Italiano, acompañada por su familia. Según relata Luciana Bertoia en una nota publicada en Página 12, “Lydia Estela Mercedes Miy Uranga nació el 28 de junio de 1930. La llamaban “Taty”. Su padre, que se retiró con el grado de teniente coronel, integraba el arma de caballería; su madre era ama de casa. La familia, por el destino militar del padre, vivió en varias ciudades del interior hasta que se asentaron en Lacroze y Cabildo, pleno barrio de Belgrano. En su hogar, no simpatizaban con el peronismo. Las hermanas se casaron con integrantes de la Fuerza Aérea. Su hermano Carlos llegó a ser coronel del Ejército. En Buenos Aires, Taty se recibió de maestra y, a los 21 años, se casó con Jorge Almeida, que también venía de familia castrense. Un accidente lo dejó fuera de las fuerzas, y se dedicó a trabajar como despachante de aduanas. Con Jorge tuvieron tres hijos: Jorge Martín en 1953; Alejandro Martín en 1955 y María Fabiana en 1956”. Alejandro desapareció el 17 de junio de 1975. Era estudiante de Medicina y militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Desde entonces, Taty no cejó en su búsqueda. En 2024 asumió la presidencia de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. “Fue la cara y el empuje de la mesa de organismos de derechos humanos, que organizó la masiva movilización del 24 de marzo pasado, al cumplirse medio siglo del inicio de la dictadura”, relata Bertoia. Repetía como un mantra: “no nos han vencido”.
Minutos después de su fallecimiento, Madres de Plaza de Mayo emitió un comunicado en el que señalan que “con un dolor muy profundo, nos toca compartir la noticia más triste: hoy partió nuestra querida Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea fundadora”. “Gracias por enseñarnos que amar es resistir, que la única lucha que se pierde es la que se abandona y que no existe fuerza más grande que la del amor”, afirman las Madres y concluyen: “Prometemos cuidar tu memoria y la de Alejandro, llevando tu legado a cada rincón. Y cada vez que alcemos la voz por los 30.000, también te haremos presente. Nos queda la responsabilidad de seguir contando la historia para que nunca vuelva a repetirse; de seguir gritando bien fuerte que “Nunca Más”; de defender la memoria, la verdad y la justicia como vos nos enseñaste”.
