Política | ADORNI Y SUS CIRCUNSTANCIAS

De tuitero a héroe del blanqueo

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Alberto López Girondo

El jefe de Gabinete, que se lucía como el vocero irónico que pedía separar a los corruptos de la «gente de bien», encarna las contradicciones del Gobierno. Mucho más que una inexplicable expansión patrimonial, la doble moral en escena.

Por TV. El jefe de Gabinete brindó una entrevista en la señal LN+ para intentar aclarar el origen de su crecimiento económico.

Manuel Adorni no es solo un grave problema para el Gobierno anarcocapitalista de Javier Milei, sino un síntoma de una descomposición de las instituciones argentinas de la que muchos se sorprenden, otros se hacen los distraídos, algunos más no encuentran el modo de plantarse, mientras millones «están solos y esperan», parafraseando al escritor Raúl Scalabrini Ortiz.

Las explicaciones del jefe de Gabinete sobre su sorprendente y acelerado ascenso social rayan la ingenuidad no del personaje, sino de los asesores que le sugirieron que la sociedad está compuesta de ingenuos espectadores. Pero ocurre que sostener a esta altura de los acontecimientos que un mágico pendrive milagroso ocultaba una fortuna que, «por descuido», no había sido declarada a la agencia recaudadora de impuestos es la frutilla del postre de una sumatoria de «evidencias» que, curiosamente, se presentan mágicamente en Gobiernos conservadores para proteger a «los del palo» o para intentar sepultar a «los otros».

Se recuerdan «pruebas incontrastables de corrupción» en Gobiernos populares que misteriosos personajes habían dejado anotadas en un sobre debajo de la puerta de una exdiputada, o audios comprometedores que un comunicador encontró mientras corría por Palermo. O, extendiendo la cadena de casualidades, el acierto de que una hermana del actual ministro de Economía, Luis Caputo, pasara frente a una carpintería y contratara ciertos trabajos para una obra de la empresa familiar a Jonathan Morel, un joven que dijo haber aprendido a trabajar la madera con tutoriales de internet, lideró un grupo ultraderechista y terminó implicado en el atentado que pudo costarle la vida a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

En este Gobierno, desde la criptoestafa $Libra, las presuntas coimas en la ANDIS, las escandalosas facilidades para conseguir créditos hipotecarios del Banco de la Nación de varios centenares de miles de dólares por funcionarios públicos, lo de Adorni parece superar todo lo conocido, fundamentalmente por la forma grosera con que el ganador del Martín Fierro como el Mejor Tuitero del año 2022 intenta zafar de las acusaciones que lo tienen en el candelero desde marzo, cuando se descubrió que había llevado a su esposa a un viaje presidencial a Estados Unidos con la comitiva oficial. Esa fue la vez que se defendió diciendo que iba a «deslomarse» a Nueva York. Luego habría «cataratas» de iniquidades que fueron fluyendo desde medios incluso afines a las políticas del oficialismo, como es el caso de La Nación, en gran medida por investigaciones del periodista Hugo Alconada Mon. Cuando en diciembre de 2023 APTRA le entregó el premio, Adorni puntualizó: «Yo sí quiero grieta». Es que en discursos previos, otros premiados en diferentes rubros se extendieron sobre esa cuestión central en la política nacional desde por lo menos el 2014. Agregó esa vez el entonces flamante vocero del no menos flamante presidente Milei: «Yo quiero a los delincuentes, a los corruptos, a los chorros, a todo lo que no le hace bien a la Argentina de un lado y a la gente de bien del otro».

En estos días se vieron en las redes sociales múltiples apariciones de Adorni con testimonios que en vista de los recientes sucesos se parecen a una burla abominable. Si no se hubiera vendido como aguerrido defensor de causas puras y nobles, colgando epítetos deleznables sobre sus antagonistas, quizás no hubiera levantado tanta inquina. Sin embargo, Adorni se comportó con el mismo talante del exdiputado José Luis Espert y todo indica que correrá la misma suerte.

Pero hay otras cuestiones no menores que trascienden a la fantástica aparición de dinero de su padre «encanutado» en un libro o el famoso pendrive con bitcoins inesperados. Un hallazgo que –chapeau para el «community manager» (sabrá disculpar los extranjerismos)– el humilde club Sacachispas aprovechó para esta joya de la chanza popular.

El tema en cuestión es la protección legal que intenta el jefe de Gabinete, acogiéndose a una llamada ley de Inocencia Fiscal que deviene en Impunidad Fiscal. Cierto es que desde la recuperación de las instituciones democráticas, en 1983, hubo nada menos que siete leyes de Blanqueo de capitales: 1987 (Raúl Alfonsín), 1992 (Carlos Menem), 2008 y 2013 (Cristina Fernández), 2016 (Mauricio Macri), 2021 (Alberto Fernández), y 2024 (Milei). Lo que revela un grave problema que atraviesa a todas las administraciones: cómo hacer para que los más de 250.000 millones de dólares que se estima que los argentinos tienen fuera de los circuitos financieros registrados sirvan para el desarrollo del país. Perdonando evasiones.

Milei desde su campaña electoral adelantaba que para él los héroes eran los evasores. Con ese aliciente, resulta difícil que se cumplan las necesidades de la cartera de Economía para que los ciudadanos saquen los dólares del colchón. Máxime cuando los propios funcionarios tienen cuentas en el exterior. Hubo quien, socarrón, dijo que debajo del colchón solo tenía pelusa y quizás lo iba a tener que vender para pagar la deuda con la tarjeta de crédito. Otro, no menos chusco, señaló que los dólares que tena los guardaba en la cómoda, dentro de una media, que no se le había ocurrido lo del pendrive.

En una entrevista con el canal LN+ luego de la demorada presentación de su declaración jurada de bienes, en la que ahora reconoce fondos por casi 1.000 millones de pesos, Adorni se reconoce como un evasor que operaba en negro desde hace años y se juramentó a pagar las multas que corresponda. Pero por las dudas, y con la esperanza de que «pase», adhirió a la ley de Inocencia Fiscal, junto con su esposa, Bettina Angeletti. También, ya que estaban, se sumaron a la normativa el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, y otros funcionarios. A todo esto, el mismísimo titular de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), Andrés Edgardo Vázquez, también tiene cuentas pendientes con el fisco que ahora controla. ¿Otra casualidad?

Desde sectores amigables con los libertarios como el PRO, o socios como la senadora Patricia Bullrich, piden la cabeza de Adorni, lo que les sirve para esmerilar las aspiraciones releccionistas de Milei y, por contraste, mostrarse como pulcros y republicanos.

Cuando se cumple un año de la detención de la dos veces presidenta y exvice, Cristina Fernández de Kirchner, y mientras en el juicio por los Cuadernos se van poniendo en claro las maniobras para armar una causa en su contra, el excandidato por el PRO, exsenador peronista y ahora diputado por el Bloque Encuentro Federal, Miguel Ángel Pichetto, reclamó que el Congreso tome cartas en una condena que califica de amañanada.

Las calles de la Cudad de Buenos Aires y de Avellaneda fueron escenario de la despedida a un artista popular como el Indio Solari, revulsivo para el régimen conservador desde el nacimiento del grupo Los Redonditos de Ricota, allá por los 80 y algo. Los sufrientes admiradores de una obra descomunal por el impacto en varias generaciones de argentinos padecieron provocaciones de la Policía de la Ciudad el viernes 5 y el sábado 6 y lloraron y bailaron con alegría desde bien temprano el domingo 7 hasta el lunes en Villa Domínico. Allí dejaron testimonio de una cultura y un sentimiento que manifiesta cuál es el principal legado de Carlos Alberto Solari. El escritor Daniel Molina posteó una definición muy certera de quienes son los que se consideran «gente de bien» y quienes son «los otros».

Esa multitud, quizás un millón de personas que despidieron a un creador que los representó cuando nadie lo hacía, reclaman que alguien se convierta en «el héroe en este lío». Son millones que esperan, y por ahora, se sienten solos.

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