Cultura

Folclore en miniatura

Tiempo de lectura: ...

Famoso por su «Cumbia del monstruo», el grupo santafesino logró consolidarse como una referencia de la nueva música infantil a través de ritmos latinoamericanos y con la singularidad de abordar en sus canciones problemáticas sociales complejas.

Fiesta. En vacaciones de invierno Canticuénticos se presenta en el ND Ateneo y gira por el país. (gentileza Canticuénticos)

Quién dijo que los juguetes son de nene o nena? Si vamos a vivir juntes, juntes hay que jugar», dice una de las canciones del último disco de Canticuénticos, haciéndose eco de un tema de gran actualidad: la necesidad de romper con los estereotipos de género desde la infancia. Apenas una muestra de la mirada que el grupo musical santafesino tiene sobre el arte para chicos: una forma de jugar y divertirse, pero también de abordar problemáticas complejas. Todo eso al son de ritmos tradicionales latinoamericanos como la cumbia, la chacarera, el huayno y el chamamé, una elección estética vinculada con sus orígenes y su presente, porque sus integrantes se formaron, y hasta hoy viven y trabajan en la ciudad de Santa Fe, aunque rápidamente, gracias al empujón de las redes sociales, Canticuénticos traspasó las fronteras hasta convertirse en un fenómeno difícil de mensurar. Por caso, la «Cumbia del monstruo», el hit que los catapultó a la fama, tiene al momento más de 25 millones de reproducciones en YouTube, clics que seguramente provengan en gran medida de países de habla hispana, pero también de muchas otras partes del mundo.
«Es difícil encontrar el porqué de este éxito, también nos lo preguntamos, creo que algo de la explicación está en que, desde el comienzo, además de proponer canciones propias, nos planteamos considerar el público infantil como merecedor del respeto más grande. Cuidamos cada cosa que hacemos desde la composición, los arreglos, la puesta, los videos, estamos pensando en cada detalle», dice Ruth Hillar, que pone la voz, toca el acordeón y la flauta en el conjunto que también integran Daniela Ranallo, Laura Ibáñez, Daniel Bianchi, Gonzalo Carmelé, Nahuel Ramayo y el productor Sebastián Cúneo.

Una ayuda para hablar
El Instituto Superior de Música de la Universidad Nacional del Litoral fue el espacio que los unió en 2007 y, desde entonces, llevan editados cuatro discos: Canticuénticos embrujados (2009), Nada en su lugar (2013), Algo que decirte (2015) y el recientemente lanzado ¿Por qué, por qué? «En este nuevo disco hay canciones que nos costó bastante llevar adelante, porque nos hemos metido con temas que no son fáciles, como el abuso infantil, algo para lo que tuvimos que buscar asesoramiento profesional. Era una asignatura pendiente, porque mientras uno está cantándole a un montón de nenes y nenas que tienen familias amorosas, piensa que hay otros que pasan por situaciones muy difíciles y plantear una canción que sea una ayuda para hablar, para contar, era una responsabilidad para nosotros, porque es hacernos cargo de lo que están transitando nuestras infancias hoy, ahora y acá», dice Hillar, autora de la letra y la música del tema «Hay secretos», que, con palabras sencillas, transmite un mensaje contundente: «No se tienen que guardar los secretos que hacen mal/ Acá estoy, quiero ayudarte/ Sé que decís la verdad/ Ya no habrá que andar con miedo porque te voy a cuidar».
«Intentamos desde nuestro lugar hacer un aporte para pensar un mundo más justo, un mundo que incluya, y dar una esperanza», remarca Hillar. «Uno ve que la cosa está muy difícil, pero me parece que hay muchas cuestiones humanas que, si se encaminan desde la infancia, tal vez puedan generar cambios en el futuro».
Otro proyecto del grupo es una colección de libros que lleva al papel las canciones «El mamboretá», «El monstruo de la laguna» y «Noni-noni», con ilustraciones de Estrellita Caracol. Estos pueden adquirirse en los recitales, que son un acontecimiento digno de ver: como toda buena propuesta infantil, Canticuénticos conquista también a los adultos, lo que convierte las presentaciones en vivo en una fiesta en la que nadie se queda afuera.

Estás leyendo:

Cultura

Folclore en miniatura