27 de junio de 2026
La producción metalúrgica, cadena en sí misma y primer eslabón en el encadenamiento de otros sectores, acumula caídas desde noviembre de 2023. 6 de cada 10 máquinas están paradas.

Estancamiento. En marzo, la caída fue de 4,1%. El primer trimestre cerró con una retracción de 6,9%.
Foto: NA
La situación de la industria argentina encuentra en la metalurgia y en el sector textil dos de sus expresiones más visibles del desmantelamiento libertario sobre el entramado productivo. Se trata de actividades con fuerte capacidad de generación de empleo –a diferencia de los sectores extractivistas que el Gobierno muestra como logros de su gestión–, presencia federal y encadenamientos productivos que alcanzan a buena parte de la economía. Los últimos informes sectoriales ponen en evidencia que ambas ramas atraviesan una etapa marcada por la caída de la producción y las ventas, la reducción de personal y una creciente presión sobre la estructura financiera de las empresas.
Desde que asumió, la administración mileista sostiene una estrategia basada en el ajuste fiscal, la desaceleración de la inflación y una mayor apertura comercial. Cámaras empresarias de distintos sectores industriales advierten sobre las consecuencias que esas políticas tienen sobre la producción local, con foco en la menor demanda y uso de la capacidad instalada. La caída del consumo interno, el aumento de costos, el atraso cambiario denunciado por distintos actores fabriles y la flexibilización de las importaciones aparecen de manera recurrente en los diagnósticos sectoriales.
La actividad metalúrgica volvió a registrar números negativos durante el primer tramo del año. De acuerdo con el informe elaborado por la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), el sector sufrió una caída interanual de 4,1% en marzo.
Aunque en la comparación mensual se verificó una mejora del 1,5% respecto de febrero, el acumulado del primer trimestre cerró con una retracción del 6,9%. La metalurgia ocupa un lugar central dentro del entramado industrial, por ser en muchos casos el primer eslabón de varias cadenas productivas, y en otros, una cadena en sí misma. Sus empresas abastecen a sectores tan diversos como la construcción, la energía, la industria automotriz, la maquinaria agrícola, el transporte y los bienes de capital. Por esa razón, sus indicadores suelen anticipar tendencias más amplias del conjunto de la economía productiva.
Uno de los datos más significativos del relevamiento de ADIMRA fue la utilización de la capacidad instalada. El indicador se ubicó en 41,8% (es decir, 6 de cada 10 máquinas están paralizadas por la recesión manufacturera), el nivel más bajo de los últimos cuatro años. La cifra representa una disminución de 5,3 puntos porcentuales respecto del mismo período del año anterior y refleja la magnitud de la capacidad ociosa existente en las plantas industriales.
Caso testigo
El presidente de la asociación de industriales, Elio Del Re, señaló que «la utilización de la capacidad instalada en niveles mínimos históricos expone con claridad el deterioro estructural que atraviesa el sector».
Según el dirigente empresario, las compañías enfrentan «una situación crítica, con márgenes cada vez más comprometidos y un horizonte inmediato muy poco alentador». La caída se extendió a la mayoría de los rubros relevados. Los descensos más pronunciados se registraron en Otros Productos de Metal, con una baja del 6,7%; Bienes de Capital, −6,6%; Equipamiento Médico, −6,5%; Equipo Eléctrico, −5,8%; y Fundición, −3,2%. Las únicas excepciones fueron Maquinaria Agrícola, que mostró una mejora del 1,8%, mientras que Autopartes creció 2,1% y Carrocerías y Remolques avanzó 2%. Sin embargo, esos resultados no alcanzaron para modificar la tendencia general del sector. El deterioro también se reflejó en las principales provincias industriales. Buenos Aires registró una caída del 5,6%; Córdoba, del 3,1%; Entre Ríos, del 1,7%; Mendoza, del 0,7%; y Santa Fe, del 0,3%.

Tendencia negativa. Solo tres rubros registraron un crecimiento de cerca del 2%: Maquinaria Agrícola, Autopartes y Carrocerías y Remolques.
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Como consecuencia, el empleo del sector también se vio afectado. Según ADIMRA, la ocupación en el sector disminuyó 2,6% en la comparación interanual y 0,4% respecto de febrero. La reducción del personal aparece como una de las consecuencias más visibles de la disminución de la actividad y de la menor utilización de la capacidad productiva.
La situación sectorial también comenzó a expresarse en cierres de establecimientos industriales. Uno de los casos que generó mayor repercusión fue el de José Cascasi y Cía., una empresa metalúrgica radicada en Rincón de Milberg, partido de Tigre, con décadas de trayectoria en el desarrollo de obras de infraestructura. La firma fue responsable de la construcción de las pasarelas del circuito turístico de las Cataratas del Iguazú, incluido el acceso a la Garganta del Diablo, una de las obras más reconocidas dentro de su historial.
También trabajó como proveedora de empresas industriales y energéticas de primera línea. La compañía mantenía vínculos comerciales con firmas como Techint y había desarrollado trabajos para Atucha, Ferrosur Roca, Ferrovías, Ford, Central Puerto, Molinos Río de la Plata y diversos astilleros, entre otras compañías. El cierre implicó el despido de los diez trabajadores que permanecían en la planta. Según trascendió, la empresa había comenzado a registrar dificultades para afrontar salarios desde mediados del año pasado. La propuesta de pago de indemnizaciones, consistente en abonar el 50% y en cuotas, fue rechazada por los trabajadores.
