Opinión

Juan Carlos Junio

Dirigente cooperativista

«No nos han vencido»

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En el CCC. Taty conmovió a la sala Solidaridad en la actividad realizada para conmemorar el 50 aniversario del golpe genocida. 

Foto: Guadalupe Lombardo

La semana política en gran medida está signada por las vicisitudes de la situación del exvocero y actual jefe de Gabinete, Manuel Adorni. El asunto es insoslayable.

Sin embargo, desde nuestra perspectiva cultural y política, resulta imprescindible colocar en primer lugar el acontecimiento, doloroso pero notable, de la partida de Taty Almeida, presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.

La titularidad de la emblemática organización es trascendente, pero más aún es lo que representó hasta último momento Taty como expresión de la larga lucha de las Madres a partir de una reacción valiente, emergente del secuestro y desaparición de sus hijos. Los años de lucha consecuente las transformaron en un sujeto político y cultural, protagonistas en la denuncia del genocidio perpetrado por la dictadura, su carácter ideológico y político y la necesidad imperiosa de la defensa de los derechos humanos como expresión de un nuevo momento político democrático del país.

En ese proceso se destaca la instauración de la idea de memoria, verdad y justicia, concepto fundamental para que una sociedad democrática comprenda que no puede funcionar si no se sostiene fuertemente la memoria, y desde allí se practica la verdad y la imprescindible justicia, para las generaciones presentes y futuras.

Taty fue un símbolo de la imperiosa necesidad de sostenerse, de no claudicar, incluso en el momento actual, cuando vivimos un tiempo de reflujo en términos políticos, ideológicos y culturales, en la Argentina y en el mundo. Reivindicó siempre la militancia política y social, juntó a la lucha la idea del amor, asociándola al recuerdo de su hijo desaparecido, militante y poeta, y reclamaba la necesidad de la unidad de las distintas identidades políticas democráticas hoy situadas en la oposición al Gobierno de Milei. En los últimos tiempos, la querida Taty coronaba todas sus actividades con una frase emblemática: «No nos han vencido». 

La gran mayoría de la sociedad democrática está dolorida y conmovida por su muerte. Nos queda el compromiso de seguir por la huella que ella marcó a lo largo de su fecunda vida.

Adorni. La conducta sinuosa del jefe de Gabinete complica al Gobierno y daña su batalla cultural.

Foto: Getty Images

Personaje menor
Como decíamos en el inicio, el tema del inusitado crecimiento patrimonial de Manuel Adorni, que en realidad es y será un personaje menor, y todas las patéticas vicisitudes que rodean a esta cuestión lo han colocado en un punto central de la coyuntura política. Es tan cruda y evidente la conducta sinuosa del exvocero y el rasgo de mentir en forma permanente, tanto a la Justicia como a la sociedad y hasta a su su propia gente, que ha despertado un generalizado repudio en el conjunto del pueblo, incluyendo a aquellos sectores que fueron interpelados por el mileísmo y lo votaron en las elecciones presidenciales de 2023.

Los dimes y diretes de Adorni abonan la crisis de consenso y credibilidad que vive el Gobierno de Milei como consecuencia de que el modelo y el plan económico neoliberal, cuya expresión referencial es el ministro de Economía, Luis Caputo, está generando una erosión muy grande en la vida cotidiana de gran parte de la sociedad: desde los millones de ciudadanos humildes hasta vastas franjas de la clase media.

De forma tal que este episodio, unido a la situación económica, va evidenciando un aislamiento creciente del oficialismo, incluso un rechazo mayoritario, ya que entra en crisis también otro factor determinante: lo que el propio Milei denomina la batalla cultural. Este Gobierno, incluido el propio Adorni como una de sus principales expresiones, se transformaron en cruzados de la moralidad pública, contrastando con la inmoralidad que atribuían a sectores de la oposición. Los hechos que se revelaron en los últimos meses, no solo los vinculados al jefe de Gabinete, sino también los casos $Libra, Andis, entre otros, han conducido a que la inmoralidad y la casta queden del lado del Gobierno nacional.

De tal forma que se constituye un punto de crisis que lleva a que aliados del mileísmo, como el PRO y el radicalismo, estén vacilando acerca de si acompañar o no a la oposición, integrada fundamentalmente por el peronismo junto con otras fuerzas, para interpelar al jefe de Gabinete en el Congreso, en un proceso que podría avanzar hacia una moción de censura, con la consecuente destitución del funcionario.

Por lo demás, el reto de la oposición continúa siendo el mismo: constituir una articulación política, programática y electoral que sea capaz de transformar y vincular esa crisis de paradigma del Gobierno nacional en una fuerza política electoral con perspectivas de triunfo para el año próximo.

Es lo que planteó Taty hasta sus últimos días y lo escuchamos en el Centro Cultural de la Cooperación en la actividad organizada para conmemorar el 50º aniversario del golpe cívico-militar genocida. Su expresión aglutinante, «no nos han vencido», la de una Madre gloriosa con sus 95 años, acompañada por el puño en alto y los dedos en V, nos convoca a sostener nuestro ideario y unirnos como una opción para intervenir en la actual realidad.

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