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El corazón de una selección inolvidable

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Pablo Provitilo

El equipo de Scaloni se repuso a la adversidad y construyó una victoria para el recuerdo. Ya está en cuartos de final y, de la mano de Messi, crece la ilusión para conquistar el ansiado bicampeonato mundial.

Mi genio amor. El arquero egipcio, resignado, tras el zurdazo de Messi que significó el 2 a 2.

Foto: Getty Images

Con el alma, con garra y corazón, con momentos de buen fútbol, con todas esas virtudes que definen a un equipo de época, la famosa Scaloneta ya está entre los ocho mejores del Mundial 2026. Una historia de emociones colectivas que tendrá nuevos capítulos, no sin sufrimientos, como marca su itinerario de los últimos 8 años, durante los cuales Argentina se coronó campeón mundial, de América (dos veces) y de la Finalissima.

Como si el susto en Miami ante el sorprendente Cabo Verde hubiese sido un severo llamado de atención, la selección recuperó la identidad del juego y le agregó su conocido carácter. Ese que le permite reponerse ante la adversidad y que enorgullece a un pueblo futbolero como pocos en el mundo. Este 3 a 2 sobre Egipto en Atlanta no solo tiene el valor encomiable de revertir un 0-2, sino que también ratifica que la Scaloneta es un equipo de autores, no de autor. De Lionel Scaloni, por supuesto, pero también de Messi –que termina llorando como un nene–, de Enzo Fernández, de Cuti Romero, de Lisandro Martínez, de Lautaro Martínez, de Leandro Paredes, de todos, en definitiva, los que construyeron este ciclo extraordinario.

La crónica dirá que Argentina se impuso con sufrimiento ante Egipto y avanzó a los cuartos de final del Mundial XXL, ese que ya no tiene al gran anfitrión, Estados Unidos, vapuleado por Bélgica en Seattle. Situarse entre los 8 mejores del planeta, en los papeles, puede leerse como «cumplir» con un objetivo de mínima. Pero este seleccionado, hoy, en Atlanta, volvió a demostrar que está entre los mejores equipos de la historia de los mundiales. Por juego, por temperamento, por sus números contundentes e inapelables. La Albiceleste, en su partido oficial número 1.000, llegó a los 101 partidos bajo la conducción de Scaloni con este desglose: 74 victorias, 18 empates y solo 9 derrotas. Pero quedarse en la estadística, a veces fría, a veces insulsa, impide observar toda la foto: esta selección siempre persevera por superarse y ganar todo lo que juega. Es parte de su ADN, de la voracidad por mantener el espíritu competitivo desde una concepción futbolística que cautiva a los hinchas. La selección juega el fútbol nacido en los potreros, ese que combina garra y juego asociado, gambeta y creatividad; una filosofía profundamente argentina. Si a eso se le suma el liderazgo y el talento infinito de Messi, el capitán récord de los mundiales con 21 tantos, sobran los fundamentos para ilusionarse con el bicampeonato.

Silencios que prefiero callar. Mostafa Zico marca el segundo gol de Egipto, tras gran jugada colectiva.

Foto: Getty Images


Los caballeros de la angustia
No resultó sencilla la parada ante Egipto –tercera selección africana que enfrenta la Scaloneta en cinco partidos de esta Copa–, tal como se preveía. Pero pocos, poquísimos, veían la eliminación tan cerca como en esta oportunidad. El sorpresivo gol de Yasser Ibrahim a los 15 de la primera etapa significó un duro golpe, especialmente por la libertad con la que apareció en el área para convertir.

Sin embargo, Argentina encontró respuestas futbolísticas y también anímicas. Generó cuatro opciones claras de gol para empatar, pero chocó con Mostafa Shobeir Oufa, de notable actuación en esa primera parte, quien además le atajó un penal a Messi (segundo que malogra en este Mundial). La igualdad, suponíamos aquí y allá, era cuestión de tiempo. Hasta que llegó el primer aviso: contra perfecta de los egipcios y gol de Mostafa Zico. El tanto –lícito para este cronista– fue anulado por el francés Francois Letexier, de polémico arbitraje. Diez minutos después, el propio Zico convirtió de derecha luego de una gran jugada de Haissem Hassan, quien aprovechó todas las ventajas de la defensa albiceleste. Dos a cero y la sensación de partido liquidado. Ya no hubo VAR que trajera consuelo.

Pero, como otras tantas veces, llegó la reacción argentina. Con fútbol y carácter, como se dijo. Cuti Romero, primero, con un cabezazo, y Messi, el genio infinito, con una volea de zurda, lograron la impensada igualdad cuando restaban apenas 7 minutos para que se cumpliera el tiempo reglamentario. Desahogo y más tensión teniendo en cuenta que restaba el tramo final de un partido con alternativas cambiantes.

Y llegó otra vez la reacción de la Scaloneta: Enzo Fernández, de cabeza, tras un gran centro de Lautaro Martínez –de muy buen ingreso–, desató el delirio en el Mercedes Benz Stadium de Atlanta, reconvertido en cualquier estadio argentino con los hinchas revoleando sus remeras al aire.

Todos unidos. Jugadores y cuerpo técnico con Messi, autor de otro gol, el 21 en mundiales, en Atlanta.

Foto: Getty Images

Sufrir no es algo nuevo para los dirigidos por el técnico nacido en Pujato. Alcanza con revisar el camino hacia la gloria en Qatar para confirmarlo. Los mismos jugadores lo vienen diciendo en reportajes y conferencias.«A veces toca sufrir, porque no hay partidos fáciles», dijo Paredes, figura en la tarde de este histórico 7 de julio, en la previa de Egipto. «Hay que estar preparados para sufrir», coincidió Alexis Mac Allister, también en la antesala ante los africanos. Claro que el sufrimiento, parte constitutiva de este deporte que apasiona a millones, no siempre da lugar a desenlaces felices. A veces se pierde. Y duele mucho.

Pudo ser hoy esa tarde de frustraciones que dejan huella. Porque en el fútbol inciden el azar y la psicología del juego. Pudo, pero no fue. En la inmensidad de un país que no dio la talla como organizador, resurgió la fibra de la Scaloneta. La famosa, la surgida en los clubes, la del semillero infinito que ya forma parte de la mejor tradición futbolística de un país futbolero como pocos. O como ningún otro del mundo.

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