17 de abril de 2026
En el cincuentenario del golpe de 1976, el libro Memorias para construir el futuro reúne 50 historias sobre el vínculo entre deporte y dictadura. Un relato por la verdad y la justicia en tiempos de negacionismo.

Sala solidaridad. Los autores de los textos del libro compilado por el periodista Gustavo Veiga.
Foto: Federico Imas
«Con la memoria también construimos futuro», bastó que diga Taty Almeida, 95 años y unas ganas de vivir increíbles, para que la colmada Sala Floreal Gorini del Centro Cultural de la Cooperación explotara en aplausos. El motivo de la asistencia de tanta gente fue la presentación del libro Memorias para construir el futuro, editado por el periodista Gustavo Veiga, quien reunió textos de autores de diferentes ámbitos culturales en los que se habla de deporte, desaparecidos y dictadura, a 50 años del inició la dictadura cívico-militar.
Emblema de las Madres de Plaza de Mayo, Lidia Stella Mercedes Miy Uranga de Almeida –tal su nombre– ratificó por qué es una de las más importantes referentes en la lucha por los derechos humanos a nivel mundial. Alguien que no baja los brazos a pesar de los tiempos que corren. Acompañada desde el escenario por Juan Carlos Junio, director del CCC Floreal Gorini, el exfutbolista Mauro Amato, la escritora e hija de desaparecidos Verónica Sánchez Viamonte, el director del Instituto Igualdad Alejandro Mosquera y el compilador del libro, Taty contagió entusiasmo cuando recordó la reciente presencia multitudinaria de jóvenes en la Plaza de Mayo, el 24 de marzo. E invitó a la sociedad a mantenerse despierta: «Quedamos poquitas de las Madres y Abuelas, pero estamos tranquilas porque la posta ya la hemos pasado a otras generaciones. A pesar de las sillas y los bastones, las locas seguimos de pie». Y se la volvió a aplaudir.
Taty hizo referencia a su hijo Alejandro, hincha de Racing desaparecido por la Triple A en 1975, cuando tenía 20 años: «No me quiero ir sin por lo menos tocar los huesos de Alejandro. No pierdo las esperanzas», emocionó. Y el deporte siempre. Porque el club de Avellaneda le dio su condición de socio en un acto de justicia. Y porque además el deporte fue, es y será excusa para contar historias.
«Para este libro trabajamos la memoria porque la historia es una herramienta formidable», dijo Gustavo Veiga. Su trabajo de recopilación de textos fue arduo. Reunió a referentes del periodismo deportivo como Ezequiel Fernández Moores, quien escribió sobre Rodolfo Walsh y su vínculo con el ajedrez, y Ariel Scher, quien recordó al desaparecido jugador de waterpolo Claudio Ferraris. Pero también hay otras historias vinculadas con los deportes como las que cuentan, entre tantos, Rafael Bielsa, Claudio Morresi, Claudio Tamburrini, Mauro Navas, José Luis Lanao, Fernando Signorini y los ya mencionados Amato y Junio, entre tantos más. Textos sentidos, detallados, inolvidables.
Veiga opinó además que los clubes deportivos «hicieron un gran trabajo», y por eso instó a «defenderlos porque se está instalando un tema dentro de lo que es una guerra cultural». «Lo que la extrema derecha denomina como la batalla cultural, arrasando con todo, incluso con vidas, en realidad es una guerra cultural. Por ejemplo, ahora amenazan a Cuba. Claro que hay miedo, yo también tengo miedo, pero no hay que pensar en el miedo. Porque esta guerra cultural no ha podido destruirnos gracias a personas como Norita (Cortiñas), como Estela (de Carlotto)», añadió.
Memorias para construir el futuro demuestra que se puede contar al mundo (y a nuestro país) a partir del deporte. Como escribe Ángel Cappa en el prólogo: «En la dictadura cívico-militar de 1976, se trató de ocultar con el deporte, con el fútbol especialmente y con el campeonato del mundo del 78 sobre todo, la barbarie criminal de las fuerzas militares». Y después: «La resistencia a la dictadura contó con muchos deportistas profesionales y amateurs que se unieron en la lucha del pueblo y ofrecieron sus vidas para defender sus derechos».
«Este libro que reivindica a los deportistas es un gran aporte para los momentos duros que vivimos por una derecha que quiere reinstaurar la dictadura. Pero por suerte el tema de derechos humanos, de justicia, de castigo a los culpables, se incrustó en la democracia de este pueblo», dijo Juan Carlos Junio, autor del texto Recuerdos en blanco y negro, en el que refiere a su amiga desaparecida Alicia Alfonsín de Cabandié, vinculada con el Deportivo y Social Colegiales. «A su hijo pudimos darle una camiseta de sus padres que le habíamos guardado», emocionó sobre el momento en que Juan se convirtió en nieto recuperado.

Presentes. La tapa de la obra, de fondo Taty Almeida, una referente de la lucha por los derechos humanos.
Foto: Federico Imas
Una batalla colectiva
Mauro Amato, quien desafió al sistema futbolístico cuando se animó a festejar sus goles mostrando camisetas en defensa de los derechos humanos, destacó el honor que le significó escribir sobre el desaparecido futbolista Gustavo «Papiro» Olmedo. «Los deportistas desaparecidos que aparecen en el libro tuvieron en común su lucha por un país mejor», dijo antes de lagrimear. Y además recordó que su lucha por los derechos humanos nació cuando empezó a leer el Nunca Más: «En esa época jugaba en Atlético Tucumán. Sentí tanta bronca que me prometí que si hacía un gol lo iba a festejar sacándome la camiseta y dejando ver debajo una que dijera “Aguante las Madres”. Era en 1999, con (Antonio) Bussi gobernador. Esperé tanto ese grito de gol que fue el más gritado en toda mi carrera… en plena Tucumán de Bussi… Obviamente el festejo no salió en los diarios. Después un dirigente me pidió que no lo hiciera más. Pero uno cuando inicia una lucha, cuando es una causa noble, sigue adelante. Al siguiente partido hice otro gol y mostré una camiseta que decía “No se olviden de (José Luis) Cabezas”». También aplaudido a rabiar, Amato recordó que su compromiso social actual pasa por su taller Fútbol y Valores, en el que trabaja con jóvenes privados de su libertad en la ciudad de La Plata.
«Creemos que la batalla por la memoria, la verdad y la justicia en Argentina es coral. Y damos esa batalla desde el terreno cultural. Que no nos quiten las palabras aquellos que nos quieren negar la memoria, la historia», reflexionó Alejandro Mosquera.
«La militancia es el acto de amor más grande porque es dejar de pensar en uno para pensar en los otros. Ese acto de amor, de entrega, no lo tenemos que perder de vista», pidió Verónica Sánchez Viamonte, autora del texto El chueco, en el que recuerda a su padre, Santiago, jugador de rugby. «Soy hija de desaparecidos. Hasta el día de hoy vivo la muerte de mis papás y los sigo buscando», agregó.
La presentación de Memorias para construir futuro marca la cancha a quienes quieren borrar el pasado. «En otros países se nos reconoce por la militancia y los compromisos que tenemos con los derechos humanos. Somos bandera y esa bandera no se puede bajar nunca», insistió Veiga. Y Taty Almeida cerró el encuentro con su bandera de optimismo: «A Milei y compañía les demostramos en la Plaza que el pueblo unido jamás será vencido: ¡tomá que nos van a vencer!».
