29 de abril de 2026
Narrador, ensayista y docente, en pocos meses publicó una novela, un estudio crítico de Borges y un análisis de la argentinidad. Literatura y realidad en la mirada de un intelectual comprometido.

Intervenciones. Además de su producción escrita, Kohan suele participar en la discusión pública.
Foto: Prensa/Matias Moyano
Martín Kohan podría definirse como un equilibrado cruce entre el intelectual tradicional y el contemporáneo. Es, quizás, uno de los más paradigmáticos representantes de ese tejido en este momento. Con una obra profusa, aborda una amplia variedad de géneros como la novela (Dos veces junio, Bahía Blanca y Ciencias morales, entre tantas otras), el cuento (Una pena extraordinaria y Desvelos de verano, por citar solo dos títulos), el ensayo (Ojos brujos, La vanguardia permanente, ¿Hola? Réquiem para el teléfono) y la autobiografía (Me acuerdo, Premio de la crítica 2020, recreación personal de aquel clásico de Georges Perec).
Dueño de una lectura filosa y audaz de la realidad inmediata, que lo ha llevado a ser partícipe notable en el debate público, cada 24 de marzo su confrontación con Darío Lopérfido en el programa 50 minutos de María O’Donnell sobre el número de desaparecidos en la última dictadura cívico-religiosa-militar, se vuelve viral, un término con el que el propio Kohan, seguramente, discreparía. Docente en la cátedra de Teoría y Análisis Literario de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA al mismo tiempo que outsider de hiperconectividad actual, no utiliza redes sociales, ni siquiera WhatsApp: su teléfono parece pertenecer a la era precámbrica de la tecnología digital.
En apenas unos pocos meses, entre fines de 2025 y el amanecer de este 2026, el autor publicó el ensayo ¡Argentinos, a las cosas!, por Seix Barral, donde aborda la argentinidad desde postas presuntamente disímiles que terminan anudándose; el tomo de abordaje crítico literario Lo que entiendo por Borges, en una cuidada y bellísima edición de Godot; y la novela La separación, a través de Anagrama. «La mayor parte del tiempo la dedico a leer, a preparar y dar clases, ¡y a las entrevistas!», cuenta y se ríe Kohan en diálogo con Acción al repasar esta profusión de títulos recientes, «pero evidentemente la escritura tiene también lo suyo».
«Lo cierto es que la novela la escribí en 2024, en un tiempo en el que tuve varios viajes de trabajo y, por lo tanto, bastante tiempo para estar solo, para escribir», recuerda. «El libro de Borges es en verdad una compilación de textos, reúne materiales que fui escribiendo a lo largo de varios años. Y ¡Argentinos, a las cosas! lo escribí en el primer tramo de 2025», precisa. Y luego profundiza sobre su método de trabajo: «El proceso de escritura de los libros suele ser muy fluido y no muy largo para mí, creo que por el tiempo que dedico previamente a pensarlos, que suele ser más extenso que el que después me lleva escribirlos. No me planteo exigencias al respecto, escribo cuando tengo ganas. Pero tengo ganas muy seguido, eso sí», cierra, con un dejo de humor que caracteriza tanto ciertos pasajes de su obra como de sus apariciones públicas, sea en entrevistas o charlas abiertas.
Las minucias del derrumbe
Lo que entiendo por Borges, como bien dice el autor, es una serie de ensayos y artículos que fueron publicados entre 2009 y 2025, en revistas literarias, publicaciones universitarias, diarios o blogs nacionales e internacionales. Solo tres de ellos son inéditos. Kohan aclara en el primer capítulo que el libro no solo se enfoca en la obra borgeana en sí misma, sino que además abarca las múltiples lecturas que se desprenden a partir de ella. En sus propios términos, se ocupa «no ya lo que Borges dio a leer, o no solo lo que dio a leer, sino también, y, sobre todo, lo que dio a escribir».
La separación, por su parte, es su duodécima novela. Destaca en ella, como en muchas de las anteriores, un lenguaje seco, el trabajo sobre el detalle, los pequeños acontecimientos que hacen a un todo, las descripciones, la complejidad de los personajes, la intimidad de las relaciones humanas. ¿Cuál será, entonces, la clave de ese registro? «Ese venirse el mundo abajo, ese derrumbe y esa catástrofe mayor que puede y suele ser el desamor, se dirime y se calibra más que nada en minucias. Y duele también ahí, en las minucias, por eso cuando toca es tan difícil sustraerse», observa.
En la historia se despliegan un viaje de ida y otro de vuelta en colectivo. En el medio, una semana que transcurre en un pueblo de Traslasierra, Córdoba. Dos hermanos, dos parejas: una que acaba de terminar, la otra que tambalea. El encuentro, la charla, los silencios, un juego de voces, la devastación emocional, la pregunta de qué es lo que ha sucedido para llegar hasta allí. Los matices, los espacios vacíos donde ciertas cosas se esconden, emergen en un estilo que dice con poco, depurado y preciso.
Cuando la mirada del escritor se posa ya no en la literatura, sino en el actual estado de cosas en el país, con el telón de fondo de la política teñido de violeta oscuro, confiesa que experimenta «desolación por lo bajo que hemos caído. Está claro, y ya se ha dicho, que el poder estatal apunta al hostigamiento sostenido de la educación, de la investigación, de las políticas culturales: funciona, hoy por hoy, como una máquina elemental de embrutecimiento colectivo. En cuanto a la literatura, no es que vaya a sustraerse de la ferocidad de lo contingente, pero siempre se las compone para hacerse fuerte en su arte de ir un tanto a destiempo».
Respecto de su presencia en la discusión pública, Kohan afirma que se siente agradecido con aquellos que se interesan por lo que escribe o lo que declara en las entrevistas. «En la medida de mis posibilidades, esto es, de mi disposición de tiempo, trato de aceptarlas. Si después despiertan a su vez interés, se comentan, se discuten o se retoman, me siento entonces doblemente agradecido. Eso sí, nunca las veo, no me gusta verme», explica. No hace falta: sus intervenciones están ahí. Sus huellas quedan impresas en la trama digital, aún con la fugacidad de los días que corren.



